OpenCms, Twitter y «la conversación»

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Había leído ya hasta el hartazgo sobre el nuevo paradigma que la Web 2.0 suponía para la empresa, que se resumía en el concepto de «la conversación»: ya no era posible a la empresa sustraerse a este nuevo entorno en el que todo el mundo es a la vez emisor y receptor, y tenía ahora la obligación de participar activamente en la conversación con clientes y usuarios si quería ganar posiciones en el mercado…

Esta era la teoría, pero hasta ahora yo no había visto en la práctica nada de nada. Sí, algunas empresas abrían foros y wikis, pero realmente no había una interacción con «la conversación» general, la que se generaba fuera de sus cauces, fuera de su control.

Como mucho, los más «innovadores» incluso abrían su canal en Twitter, a través del que normalmente se pueden seguir sus notas de prensa y su calendario de eventos.

Pero lo que acabo de ver (como se observa en la capturas de pantalla que acompaña a este post) es diferente. Un usuario (anthonyqkiernan) comentó en Twitter algo así: «Jodido OpenCms; si tú trabajas en una agencia que está recomendando su uso en la mayor institución educativa de Glasgow… ¡mecagüen!»

A diario, miles de imprecaciones como ésta se publican en blogs o circulan por Twitter, referidas a cualquier empresa (desarrolladora de software o no). Lo sorprendente en este caso es que ¡OpenCms contestó!

«¿Qué problema hay con OpenCms?¿Cómo podríamos mejorarlo?», le preguntaba OpenCms, a través de Twitter, al usuario anthonyqkiernan, y ahí siguen, en una conversación en la que el usuario le transmite al fabricante la necesidad (percibida por él) de que la aplicación sea más amigable para el usuario final, y la empresa, a su vez, le va pidiendo detalles concretos con el fin de poderle ayudar.

No sé si la opinión de este usuario sobre la empresa habrá cambiado. La mía, sin duda, lo hubiera hecho.

Envían ejecutivos de WordPress y Twitter a Irak para enseñarles a usar los «nuevos medios»

CNN.com publica un reportaje un tanto surrealista sobre la «misión» encargada por el Departamento de Estado norteamericano a ejecutivos de empresas relacionadas con las Redes Sociales y la Web 2.0 (Twitter, WordPress, Google, Youtube…). Bueno, lo que realmente parece surrealista es la «misión», no el reportaje.

El objetivo de llevarse a Bagdad a gente como Raanan Bar-Cohen (WordPress) o Jack Dorsey (fundador de Twitter) es «contribuir a asentar la sociedad civil y el pensamiento crítico, así como combatir la corrupción». Casi nada. Pena que en Irak sólo el cinco por ciento de la población tenga acceso a Internet. Pero eso qué importa.

Lo que sí que hay en Irak es, según el reportaje, una auténtica pasión por los teléfonos móviles, y el envío de SMS es la forma de comunicarse más empleada. Los norteamericanos prevén que hasta dentro de dos años no habrá una penetración significativa de la banda ancha, y reconocen la dificultad de su despliegue debido a sabotajes y «otros problemas» que no se especifican.

No sabemos qué efecto tendrá la misión de los ejecutivos 2.0 en Bagdad. De momento, lo que sabemos (gracias a un twiteo de Jack Dorsey) es que la embajada norteamericana en Bagdad «tiene clases de yoga; y de danza del vientre».

El making-off de un presidente

Cómo la Gestión de Contenidos y la Web 2.0 ayudaron a Obama a llegar a la Casa Blanca

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Todo el mundo ha destacado el relevante papel que el uso de internet había tenido en la arrolladora campaña electoral que acabó llevando a Barak Obama en volandas hasta la Casa Blanca. Pero yo al menos no había leído hasta ahora sobre los entresijos de esta forma de entender la política (y, sobre todo, la relación de la política con la sociedad) y que tiene como médula espinal el uso intensivo de las nuevas tecnologías.
Por eso me ha parecido sumamente interesante el artículo publicado en Infonomics por el editor del Washingtonian Magazine, Garret M. Graft, en el que se desvela el making-off de esta campaña presidencial sin precedentes en la historia, y en la que internet, la Gestión de Contenidos y la Web 2.0 han tenido una participación crucial.

¿Contenidos? ¿O emoción?

InteraccionCon frecuencia se viene insistiendo en la importancia de los contenidos en la nueva economía digital. La inversión en aplicaciones de Gestión de Contenidos es creciente, pero muy a menudo se obvia un paso previo pero no por ello menos importante: ¿es realmente importante el contenido para nuestro negocio?
Aquí conviene no precipitarse. A primera vista, el contenido es el rey. «Nuestra empresa son sus contenidos» se ha llegado a decir. Pero esta no es una afirmación evidente por sí misma.

Está claro que en el caso de un medio de comunicación el contenido es la médula espinal de su modelo de negocio. También es muy importante en aquellos negocios que se basan esencialmente en la acumulación de conocimiento, que son una parte importante del mercado. Pero, por ejemplo, en los nuevos negocios que se articulan alrededor del acceso wireless, no está tan claro que el contenido vaya a ser la piedra angular.
Está aún por ver, pero experiencias como la coreana parecen indicar el camino: no es tan importante el contenido (que lo es) como el contacto. ¡Contacto! De nuevo nos encontramos con la vieja e injustamente olvidada función fática del lenguaje.
Estábamos demasiado centrados en nuestra visión referencial, donde el dato era el rey, y de nuevo habíamos olvidado al usuario. Realmente son pocos los internautas que sientan algún tipo de excitación (aunque intelectual sea) por la posibilidad de acceder con un solo clic a un conocimiento que para sí hubiera querido cualquier filósofo de la Atenas clásica.
Lo que realmente nos pone (aunque intelectualmente sea) es el CONTACTO, la posibilidad de interactuar en un marco nuevo, normalmente más libre y menos estructurado que la vida offline. Y esto, además, de una forma increíblemente variada; a través de charlas en tiempo real (chats), comunicaciones privadas (e-mails), discusiones públicas (foros, grupos de discusión), grupos de interés (comunidades virtuales), etcétera etcétera.

Interacción

El contenido acaba en muchos casos siendo una mera excusa para poder interactuar con otros. Desde un punto de vista del usuario lo interesante sería proporcionarle las herramientas necesarias para crear su propio contenido, un contenido cuya función principal sería mantener esa comunicación fática con otros usuarios.
La verdad es que todavía sabemos muy poco sobre las verdaderas consecuencias que nos traerá la democratización del proceso de creación, edición y distribución de contenidos. Pero no nos quepa duda de que muy pronto viviremos sus consecuencias.