¿Deben convertirse los periódicos en organizaciones sin ánimo de lucro para sobrevivir?

Ben CardinLa industria periodística norteamericana se encuentra más allá incluso de la crisis, en un estadio casi terminal (en España aún no hemos llegado a eso, pero estamos muy cerca, con cierres de cabeceras, ajustes de plantillas y un futuro más que incierto incluso para los grupos editoriales más importantes del país).

La competencia de los medios digitales ha sido funesta para la industria tradicional, que ha visto cómo se sucedían las bajadas consecutivas en las cifras de ventas y en los ingresos por publicidad.

Son decenas de cabeceras las que han echado el cierre en casi todas las ciudades norteamericanas. Sólo en los últimos meses, el Seattle Post-Intelligencer, el Rocky Mountain News, el Baltimore Examiner y el San Francisco Chronicle, entre otros, han cerrado las puertas o anunciado que abandonarán la actividad en breve. Muchas otras publicaciones están directamente en la bancarrota.

Ante este desolador panorama, el senador del partido democrata norteamericano Benjamin L. Cardin (Maryland) acaba de presentar una ley que permitiría a los periódicos convertirse en organizaciones sin fines de lucro, en un esfuerzo para ayudar a la tambaleante industria periodística a sobrevivir.

El proyecto de ley, denominado Newspaper Revitalization Act, o Ley de Revitalización de Periódicos, permitiría a los periódicos operar como organizaciones sin ánimo de lucro con fines educativos:

De salir adelante esta iniciativa, los periódicos que se acojan a este nuevo estatus no podrán apoyar abiertamente a ninguna opción política, aunque se les permitiría informar sin restricciones sobre todas las cuestiones, incluidas las campañas políticas. La publicidad y los ingresos por suscripciones estarían exentos de impuestos.

¿Está el futuro en el flash?

Jean François FogelSiguiendo con mi manía o superstición de leer hoy siempre la noticia de ayer (o la de hace uno o varios meses…), he asistido hoy (en diferido, por supuesto) a la conferencia que dio el consejero internacional de Le Monde Jean François Fogel en el VI Congreso Nacional de Periodismo Digital que se celebró el pasado enero en Huesca.

En términos generales fue una conferencia interesante y bien fundada, que, basándose en la experiencia acumulada durante 10 años por la versión en internet del diario francés Le Monde, llegó sin embargo a una conclusión que a mi me dejó bastante desconcertado: «el futuro de la información en internet -dijo Fogel- está en el Flash».

Claro que yo no soy nadie para enmendarle la plana a Fogel, que entre sus muchos méritos cuenta con haber llevado a la versión en Internet de Le Monde al liderazgo dentro del panorama informativo francófono, y, lo que no es menos importante, a la rentabilidad. Le Monde Internet da dinero mientras que su homónimo en papel pierde difusión y está en números rojos (como le sucede, por otra parte, a toda la prensa francesa, sumida en una crisis sin precedentes).

Pero creo que, en esta ocasión, el consultor francés ha patinado. Él mismo reconoce que es un profesional del periodismo impreso, que por azares de la vida ha acabado pilotando un medio digital. Y creo que es esa condición la que determina su percepción.

Yo todavía recuerdo cómo cuando me tocó en 2000 liderar un proyecto que consistía en el diseño de un «portal ciudadano» (así de pretenciosamente se le llamaba a lo que no era más que un periódico digital, eso sí, con todos los «servicios interactivos» que por aquél entonces se consideraban imprescindibles), todavía recuerdo, digo, que el principal encontronazo fue con el «departamento gráfico». Básicamente, con su directora, una encantadora joven que había sido abducida por la secta del Photoshop, y a la que la velocidad de descarga y la facilidad de manejo (entonces todavía no habíamos aprendido a hablar de «usabilidad») le parecían chorradas de tecnólogos y gurús con los pies muy por encima del suelo: «mira -me dijo una vez- si la home page no es absolutamente impactante, el cliente se va a la competencia, que está a un solo click». Se vé que leía las revistas de moda.

Multimedia

Yo hice lo que pude, pero no fue suficiente para evitar una página web muy recargada, confusa y de dificil manejo. Aunque todavía quedan muchos ejemplos lamentables como el que describo, algunos pertencientes a empresas de considerable tamaño, lo cierto es que poco a poco se ha ido corrigiendo la tendencia, y aunque se abusa del uso de tablas como elemento de estructuración (una barbaridad como otra cualquiera), lo cierto es que se ha vigilado cada vez más que el peso total de las páginas no sea excesivo.

Pero precisamente por aquella época se comenzó a utilizar de forma notoria el formato Flash, propiedad de Macromedia. El motivo por el que se expandió es exactamente el mismo que esgrimía mi encantadora directora gráfica: la espectacularidad, atrapar la atención del visitante «con una animación multimedia que integra gráfico, audio y vídeo en una experiencia de usuario única». Durante aquellos años hubo quien vaticinó, como Fogel ahora, que el formato Flash iba a sustituir al HTML como componente básico de la interred. De hecho, se construyeron bastantes sitios webs realizados íntegramente en Flash, es decir, invisibles para aquellos navegadores que no tuviesen instalado el plugin de Macromedia.

Pero el mayor problema para los devotos del diseño gráfico vino por otro lado. Y es que, paralelamente y a despecho de la economía del impacto visual y del pelotazo económico, desde 1997-98 estaba naciendo en la Universidad de Stanford, sin que nadie entonces lo pudiera sospechar, el que será, hasta nuestros días, el actor dominante de la interred: Google. Todavía en 2000 tuve que «evangelizar» en reuniones de alta dirección sobre la absoluta centralidad de este buscador, radicalmente distinto a todo lo conocido hasta entonces.

Google

¿Y por qué Google jugó contra Flash y la espectacularidad gráfica? A estas alturas de la película ya todo el mundo lo sabe: a Google le gustan las páginas sencillas, con un HTML bien formado y, sobre todo, NO ENTIENDE (o entendía) LOS FORMATOS GRÁFICOS. Así que una empresa se podía encontrar con un website magnífico, espectacularmente realizado en Flash, pero que sencillamente no existía en Internet porque no aparecía en los listados de Google. Demoledor.

Así que venir hoy a decir que el futuro del periodismo en Internet pasa por el formato propietario de Flash… no sé. Creo que se equivoca. A lo que estamos asistiendo es al nacimiento de la web semántica, que incide aún más si cabe en la separación de forma y contenido. Sin duda, crecerá el uso de contenidos multimedia (por cierto, ¿por qué propietarios?: yo le auguro el protagonismo futuro al formato vectorial SVG, libre y gratuito, frente al propietario de Flash). También crecerá, ya está creciendo espectacularmente, el uso de imagen, audio y vídeo. Pero todo ello convenientemente marcado, dotado de semántica, porque si no, sencillamente, no existirá. Y es que, nos pongamos como nos pongamos, no hay nada que pueda hacerle sombra al lenguaje estructurado.

El fin de la prensa escrita

juan luis cebrianLa semana pasada leía en el diario El País una crónica firmada por M. A. Bastenier desde Estambul (es una pena que no sirva de nada enlazarla, puesto que los contenidos de El País son de pago) en la que recogía cómo el consejero delegado de este periódico, Juan Luis Cebrián, dijo que «los periódicos son, desde muchos puntos de vista, cosa del pasado».

Más que lo que dice, llama la atención quién lo dice. Porque lo cierto es que la industria tradicional de la comunicación, de la que Cebrián es destacado representante, se está resistiendo como gato panza arriba a asumir el cambio de paradigma que ha supuesto la llegada de nuevas tecnologías de creación, reproducción y difusión de contenidos.

Según Cebrián (y no seré yo quien le contradiga), los periódicos son una consecuencia de la revolución industrial, y en la actualidad se enfrentan «a la aparición de una sociedad digital, que es un cambio histórico de civilización».

La difusión de la prensa decrece sin parar desde principios del siglo pasado hasta nuestros días. Según Cebrián, como respuesta los periódicos aumentan el número de páginas cuando, paradójicamente, el usuario limita apenas a 30 o 40 minutos el tiempo que dedica a la lectura de diarios.

Esta estrategia de «inflar» los periódicos encarece el precio, y, sobre todo, reacciona sólo a la defensiva, tratando de limitar la venta de los gratuitos, así como su acceso a la publicidad. También se está dando la circunstancia de que los periódicos están convirtiéndose cada vez más en un canal de distribución para las promociones que le acompañan cada vez más. O quizá sea al revés, quizá los periódicos están quedando relegados a «esa cosa que regalan» junto a la promoción de turno.

Esta crisis no es coyuntural, sino estructural. En este contexto, Cebrián se preguntó si aún hoy son necesarios los periódicos. No convenientes o deseables, sino necesarios. Y la respuesta no está clara.

Gedeprensa, o de cómo no se pueden poner puertas al campo

La amenaza del press clippingEl Tribunal de Defensa de la Competencia español resolvió el 10 de mayo pasado no autorizar un acuerdo suscrito por cinco grandes grupos editoriales para monopolizar la comercialización de los resúmenes de prensa a través de Gedeprensa (Sociedad Gestora de Derechos de Prensa).
Al igual que comenté en su momento sobre las discográficas, estamos de nuevo ante la lucha entre un modelo de negocio tradicional y una tecnología nueva y disruptiva, que multiplica hasta el infinito la capacidad de producción, reproducción y distribución de contenidos. Lucha que, como hemos visto, no tiene el apoyo de los tribunales y -lo que es peor- del sentido común.

Gedeprensa representa a Recoletos (Marca), Prisa (El País), Vocento (ABC), Godó (La Vanguardia) y Unedisa (El Mundo). Es decir, a prácticamente todo el mundo editorial-informativo español. La intención de estos grupos fue impugnada en su momento por la Asociación de Empresas de Seguimiento de la Información, Aesip, y la decisión del Tribunal de Defensa de la Competencia supone un serio revés para la estrategia de contención de los grandes editores.
Aparentemente, la preocupación de Gedeprensa responde a los legítimos intereses de la propiedad intelectual. Es decir: ellos realizan una fuerte inversión en la creación de unos productos informativos que ponen a disposición de la sociedad en un soporte (cualquiera que este sea) a cambio de una contraprestación económica. Si se permite a cualquiera reproducir libremente estos contenidos -argumentan-, se estaría desincentivando la inversión necesaria para soportar la actividad editorial-informativa y, por tanto, atentaría incluso contra el derecho de los ciudadanos a ser informados.

Colisión de derechos

En principio, esto no tiene nada que ver con la interred. El dilema se plantearía igual si un diario editado en papel copiase los artículos publicados originalmente por otros medios informativos y distribuyese este producto con su propia publicidad. Si esto se permitiese ¿por qué iba yo a soportar la inversión necesaria en mantener la infraestructura de un diario si mi producto puede ser copiado sin más? ¿por qué iba, por ejemplo, a pagar la nómina de columnistas de prestigio si otros pueden publicarla sin tener que pagar un céntimo por sus columnas?
Pero lo cierto es que el asunto sí tiene que ver, y mucho, con las nuevas tecnologías. El ejemplo del diario en papel que hemos puesto arriba no es ni tan siquiera concebible por un hecho sencillo: nadie tendría interés en un periódico con noticias o artículos del día anterior. En cambio, en la interred eso cambia por completo: es posible ofrecer un producto compuesto de retales de otros medios de comunicación simultáneamente a la aparición del original.
De hecho, el negocio de los resúmenes de prensa existe desde hace decenios, florece en todo tipo de empresas y en la administración, es parte diaria del trabajo de una gran cantidad de profesionales de la comunicación y nunca, hasta ahora, había sido objeto de polémica. Lo que se dice un negocio «honorable».
Pero eso ha cambiado. Y ha cambiado por la aparición de una tecnología disruptiva, que revoluciona la forma de producir, reproducir y distribuir contenidos. Ahora las posibilidades de acceso a la información por parte de los usuarios se ha multiplicado exponencialmente. De hecho, muchas empresas se han especializado en recopilar noticias y reordenarlas con determinado criterio (que puede incluso ser específico para cada uno de sus usuarios), utilizando para ello el tremendo potencial que ofrece la interred.

Tecnología facilitadora

Pero, aunque el fenómeno se haya multiplicado por la aparición de una tecnología facilitadora, si realizar un resumen de prensa era antes legítimo, no se entiende cómo ahora iba a dejar de serlo. De hecho, como la tecnología para la reproducción instantánea de la información existe y se mejora día a día, podemos estar seguro de que se hará de manera creciente. Y lo que está pasando con la industria discográfica es un buen ejemplo.
Sin duda, esto atenta de forma directa contra el modelo de negocio de la industria editorial-informativa. Pero, como siempre que un modelo de negocio choca contra la realidad, el que pierde es el modelo de negocio. Así que más le valdría a la industria ir repensándose a sí misma que intentar rebobinar la cinta de la historia. Eso no funciona.