Los medios de distorsión

José MontillaA mí que Cocacola patrocine unas Jornadas sobre medios de comunicación me parece bien, aunque tengo que confesar que, por absurdo que parezca, no me infunde seriedad el nombre IV Jornada de Periodismo Coca-Cola. Es que no sé qué será eso de Periodismo-Cocacola: ¿un periodismo gaseoso?¿oscuro y gaseoso? Bueno, rechiflas aparte, creo que hacen bien en fomentar este tipo de jornadas, aunque si tanto les preocupa la comunicación podrían comenzar por remodelar su página web, que utiliza una tecnología propietaria (flash) y no accesible. O sea, que no favorece precisamente la intercomunicación.

El caso es que me han llamado la atención las declaraciones que el Ministro español de Industria ha realizado en estas jornadas. Leo en El País (para qué enlazarlo si, total, es de pago) que José Montilla ha llamado a los periodistas a rechazar los «medios de distorsión» para evitar que «perviertan» la prensa digital y la conviertan en «residual».

Curiosa y coincidentemente, hace pocos días, a raiz de los sucesos de Villaverde, oí de pasada en un programa radiofónico vespertino (siento no haber retenido el nombre del tertuliano) cómo se hacía una defensa apasionada del control de los contenidos en Internet, porque, según se decía, el anonimato de la red permite la incitación al delito con impunidad. Se hablaba en concreto de la actividad (parece que creciente) de grupos neonazis y xenófobos.

Ahora el ministro Montilla, metido con más o menos éxito a taxónomo, ha diferenciado entre:

  1. El periodismo confidencial (medios que publican supuestas noticias secretas)
  2. El periodismo disperso (los blogs o diarios personales en Internet)
  3. El periodismo digital

Según Montilla, en el primer grupo hay algunos «interesados» que en lugar de informar «distorsionan» la realidad, por lo que hay que «expulsarlos del sistema». La verdad es que parecen palabras muy gruesas para un ministro. ¿A quién hay que expulsar, y de dónde? ¿De qué «sistema»?

Si lo que quiere decir el ministro, o lo que quería decir el tertuliano, es que en Internet hay energúmenos que mienten, difaman e injurian, pues habrá que contestarles que eso es una obviedad. Hay gente que injuria, difama y miente en papel impreso, en la radio, en la televisión o en el bar de la esquina. Internet no iba a ser distinto. Que la diferencia está en que la radio y la televisión están muy controlados, y que los efectos de lo que se dice en el bar de la esquina son irrelevantes, mientras que Internet no está tan férreamente controlado y lo que en su seno se dice tiene una trascendencia a veces global, pues habrá que decirles que sí, que es verdad.

Puertas al campo

Pero siempre recordándoles que, lejos de perseguir esta realidad, habrá que fomentarla. No es necesario establecer controles extraordinarios sobre los contenidos (¿o es que se quiere volver a la censura previa?) sino aplicar en Internet la legislación vigente en materia de libertad de expresión, por un lado, y de protección del honor y la intimidad, por otro. Y si hay problemas en su aplicación por el carácter mundia de la interred, la solución habrá que buscarla mediante convenios internacionales, y no poniendo puertas al campo.

Con la invención de la imprenta alrededor del año 1450 pasó algo parecido. La aparición de la letra impresa privó a la iglesia del monopolio de la copia manuscrita que detentaba hasta entonces, y que le convertía en referencia única para la cultura occidental. Esta disrupción favoreció la separación de iglesia y Estado, la aparición de una cultura laica y racionalista que finalmente desembocó en el pensamiento científico, la democracia, el Estado social.

En cambio, en aquel entonces, lejos de percibir el cambio que se avecinaba, los reyes del momento (unos más que otros, eso sí) dictaron leyes para monopolizar el uso de la imprenta, e intentaron establecer un férreo control sobre lo que se podía y lo que no se podía publicar. Pero todo fue inútil. Los pasquines impresos (cargados de injurias, de mentiras y difamaciones, sí, pero también de la llama de la libertad política, religiosa y científica) atravesaban las fronteras con pasmosa facilidad. Si un príncipe se excedía en su control, la producción impresa se trasladaba a otro reino o principado, llevando consigo el progreso técnico y científico.

Peligros de la libertad

Lo mismo que en su momento la imprenta fue considerada instrumento del diablo (en realidad se temía su poder de difundir contenidos y, por tanto, para remover la ignorancia y fomentar la libertad), hoy muchos intentan estigmatizar a Internet como jungla sin ley o mar de piratas, causa y origen de todos los males económicos y morales. Pero, frente a tanto agorero, yo me quedo con esta frase de Thomas Jefferson: «Los peligros de la libertad son siempre preferibles a las seguridades de la servidumbre».


Se me olvidaba decir que las IV Jornadas de Periodismo Cocacola estaban coorganizadas por la Asociación de Periodistas Europeos.

¿Pero de verdad hay que pagar por los contenidos? (II)

Contenido de pagoHace muy poquito hablábamos de los modelos de negocio basados en el pago por los contenidos en la interred. Decíamos que una «puerta trasera» imposible de controlar eran los propios usuarios, que no custodiaban sus claves de acceso como a las empresas les gustaría. Y eso por no hablar del desmadre existente con las cuentas corporativas.

Ahora, y a indicaciones de Marcus Fernández (al que ya no sé cómo agradecerle su colaboración, voy a tener que darle un sueldo a este paso…) leo un artículo de Vin Crosbie en ClikZExperts.

«Free or Fee in Spain, Revisited» se llama el artículo, y es una revisión del «estado del arte» en España un año después de que el diario El País se pasara con armas y bagajes al modelo de pago por contenidos.
Vin Crosbie analiza la evolución de los modelos de algunos de los principales diarios españoles: el propio El País, El Mundo, ABC y La Vanguardia. Da la cifra de circulación impresa de cada uno de ellos (434.000 ejemplares diarios para El País, 312.000 para El Mundo, 289.000 para ABC y 198.000 para La Vanguardia). Es curioso cómo compara el caso de La Vanguardia (que se edita en Barcelona, y no en Madrid como los otros tres) con la posición en el mercado USA de Los Angeles Times: un periódico regional que, por su difusión e influencia, se considera de ámbito nacional.
Cada uno de estos diarios tiene un modelo de negocio diferente. El País cobra por todos sus contenidos. Según Vin Crosbie, El Mundo y ABC ofrecen sus contenidos gratis, y esto no es exacto. El Mundo cobra por sus contenidos, de hecho fue el primer diario español en hacerlo, pero deja libre acceso en su página web a las últimas noticias. Por el acceso a su hemeroteca y a la edición impresa cobra 75 euros al año. Lo que sí es cierto es que su modelo de negocio, menos estridente que el de El País, permite a la mayor parte de los navegantes acceder a los contenidos que usualmente buscan, que suele ser la actualidad más inmediata. Así, además, se posicionan bien en el mercado online y pueden jugar mejor la baza de la publicidad.
ABC ofrece otro modelo de negocio diferente. Da libre acceso a sus contenidos, como bien reseña Vin Crosbie, pero ofrece a los usuarios que se registren una serie de servicios de valor añadido que pueden ser interesantes (newsletters, acceso a foros, etc). Y por último, La Vanguardia exige a los usuarios que se registren gratuitamente para acceder a sus contenidos. Si no recuerdo mal, sus usuarios reciben dos anuncios publicitarios mensuales a cambio del acceso a los contenidos de La Vanguardia.

El País

Vin Crosbie, muy profesionalmente, ha hablado con los responsables de la edición online de cada uno de estos diarios. Habló con Mario Tascón, de El País, que le dijo que ellos habían pensado perder el 90 por ciento del aproximadamente medio millón de visitas únicas que registraban mensualmente. Y que, sorprendentemente, sólo habían perdido el cuarenta por ciento. Pero claro, esto tiene trampa. Porque no se nos dice cuántas de esas visitas lo son únicamente a las áreas de libre acceso (muy pocas: la propia portada, el editorial, los foros…).
Los ingresos por suscripciones son de 2 millones de euros; así dicho puede parecer una cifra respetable, pero si se divide por los 80 euros que cuesta la suscripción anual, nos salen 25.000 usuarios. Francamente, puede que sean más, porque seguro que hay acuerdos corporativos y de otro tipo, pero incluso así, parece una cifra muy pequeña para un diario que se considera «de referencia» en todo el ámbito hispanohablante.

El Mundo

También habló con Gumersindo Lafuente, director de elmundo.es, quien obviamente le dijo que al pasar El País al modelo de pago por contenidos le había cedido el liderazgo online a su diario. Y esto es así, según la OJD, que confirma su liderazgo con más de 4,4 millones de visitas únicas mensuales. El ganador en presencia y prestigio ingresó el año pasado 304.000 euros por publicidad, lo que sigue pareciendo poco para la influencia que tiene. Esto supone el 70 por ciento de los ingresos de elmundo.es; otro 20 por ciento es por la venta de contenidos y el diez por ciento restante por servicios de valor añadido.

Sobre ABC Vin Crosbie no pudo añadir información, y en el caso de La Vanguardia conversó con Eduard Ramos, responsable de la edición digital del diario barcelonés.
Aquí el modelo de negocio es otro, se trata de tener información fiable sobre los usuarios para así poder utilizarla publicitariamente.

Al final, Vin Crosbie saca la siguiente conclusión: aún no está claro el ganador en el panorama de los diarios online en España. El País ha optado por sacrificar su amplísima base de usuarios por una mucho más pequeña pero que le reporta más ingresos a corto plazo. El Mundo se ha visto beneficiado por esta situación, robándole el liderazgo a El País, y basando sus ingresos en la publicidad, por lo que tiene un crecimiento más pequeño a corto plazo.

¿Quién ganará?

¿Quién será el ganador? Vin Crosbie, prudentemente, se queda aquí. Dice que las espadas están en alto, y él esperará a ver qué ocurre para contarlo. Yo no me atrevo a decir que sea El Mundo el que va a ganar (puede que entren en escena nuevos jugadores), pero sí que digo que El País ya ha perdido. Esto ha sido siempre así: cuando una empresa (o un imperio: léase el interesantísimo Auge y caída de las grandes potencias de Paul Kennedy) ha preferido la fortaleza presente frente a la seguridad o la expansión a medio y largo plazo, ha sucumbido.
Y eso es lo que ha hecho El País: ha adoptado una actitud defensiva frente a un entorno tecnológico que consideraba hostil porque ponía en cuestión los fundamentos mismos de su modelo de negocio. Esto puede que le asegure aún una posición preeminente a corto plazo (de hecho, según las cifras facilitadas, sigue siendo el medio que más ingresa) pero… ¿hasta cuándo podrá seguir manteniendo su imagen de medio líder en el mundo hispanohablante con unos ridículos 25.000, o 50.000 usuarios, frente a cifras de millones de usuarios de otros medios? Alea jacta est.

Fuente: http://www.clickz.com/experts/design/freefee/article.php/3380071

El balón de Beckham, la responsabilidad de los medios y el Rey que está desnudo

El propietario del balónTodo el que me conoce un poco (y si has leído con cierta regularidad martinalia.com se puede decir que me conoces un poco…) sabe que pese a mi formación periodística (o quizá debido a ella) suelo huir de la inmediatez. Las prisas no son buenas consejeras, y mucho menos si de formarse una opinión seria y rigurosa de un asunto se trata.
Esta vez, en cambio, voy a hablar de un asunto reciente (saltó a la prensa hace sólo dos días, el 14 de julio) porque en mi opinión se han rebasado todos los límites del sentido común, y los medios de comunicación «serios» han jugado un lamentable papel del que todavía no he oído disculparse a nadie. Se trata de la puja en eBay por el balón con el que Beckham falló un penalty en la Eurocopa que dejó fuera de la competición a Inglaterra.

El día 14 yo leía en varios medios de comunicación en la interred lo siguiente:

El balón con el que David Beckham falló el penalti en los cuartos de final de la Eurocopa que enfrentaba a Inglaterra y Portugal, y que supuso la eliminación de los ingleses, ha alcanzado ya los diez millones de euros en la subasta de Internet en eBay que comenzó este lunes.

Supongo que, como yo, muchas personas se quedaron perplejas. 10 millones de euros son muchos millones. Son más de 1.600 millones de las antiguas pesetas, es una cantidad que difícilmente se alcanza en una transacción que no sea a gran escala, y desde luego no es una cifra que parezca proporcional a lo que se ofrece, por muy «estrella global metrosexual» que Beckham sea.
Pero cualquier intento de contrastar la noticia sólo la reforzaba: El País (requiere suscripción de pago), El Mundo, La Vanguardia (requiere suscripción gratuita), todos los medios «serios» que consultaba repetían como un eco, sin asomo de duda, la noticia.
A mí me costaba creerlo, pero, como en el cuento del Rey que va desnudo, como nadie decía nada, yo también (tontamente) callaba. Así fue pasando el día. Las televisiones y las radios repetían la noticia sin cesar, reforzándola cada vez más y sin dejar entrar ni un pequeño resquicio de duda.
En éstas estaba cuando, tras insertar un anuncio en eConozco vi un feed (una noticia que se obtiene vía RSS de otro sitio, en este caso una bitácora) que me abrió definitivamente los ojos. Alvy, en microsiervos, decía bien claro lo que los medios consolidados y «serios» no supieron o no tuvieron valor de decir:

Reflexionemos un instante: Tantos millones de euros no se pagan ni en sueños por un objeto de colección de este tipo. Por decir algo: un Picasso se vendió en eBay España por 130.000 euros, y no se ha pagado tanto ni por recuerdos de John Lennon (de hecho, la mayor y mejor colección de recuerdos de Lennon se subastó completa hace poco por 400.000 dólares). De modo que es impensable e irracional creer que alguien va a pagar 20 veces más por un balón de fútbol.

Evohé. Alvy se atrevió a gritar bien alto ¡el Rey está desnudo! Los medios que nos quieren cobrar por citarlos (véase Gedeprensa, o de cómo no se pueden poner puertas al campo), esos mismos medios que suelen denostar la interred como una fuente no fiable de información, nos habían intoxicado masivamente. Como bien dice Alvy, ha sido una nueva reedición de ese clásico periodístico «no dejes que la realidad te estropee una buena noticia…».

Broma o histeria colectiva

microsiervos daba en el clavo:

En fin: como el asunto huele bastante a cuerno quemado, me atrevo a pronosticar que todo resultará ser una broma, una histeria colectiva o una ingeniosa manera de salir en los periódicos (lo digo por eBay). Aunque la subasta acaba la semana que viene, como el tema se está claramente descontrolando, alguien (eBay) tendrá que salir a decir que las pujas eran falsas. De modo que acabará publicándose algo sobre que las pujas eran inventadas y que el balón se ha vendido realmente por algo así como 10 ó 20.000 euros. Y habrá que felicitar a Pablo Carral y a eBay por su excelente campaña mediática engañabobos. Y darle un tiron de orejas (de nuevo) a los periódicos y medios supuestamente serios que publican informaciones sin contrastar ni un ápice. O a los que hacen como que la contrastan y dejan que se la metan doblada. Esta vez los medios se han superado: ni siquiera han usado el sentido común.

La puja fantasma

Sus dotes de adivino (basadas no más que en el sentido común) acertaron de pleno. Cuando esto escribo (son las 16:35 del 15 de julio, aunque no se publicará hasta el 16 de julio), la subasta está en 23.650 euros. Vaya fiasco. ¿Dónde queda la responsabilidad social de los medios? ¿Dónde la profesionalidad de eBay? ¿Han sido engañados como pardillos o han querido engañarnos a todos con una burda maniobra de marketing? Sea cual sea la respuesta, el papel jugado por todos es, cuando menos, penoso.
Insisto en que no he visto a nadie pedir perdón por la intoxicación, por la burda mentira. Tan sólo han ido reculando, movidos por la fuerza de los hechos. A lo largo de la mañana del día 15 los medios han ido informando de los teletipos de la Agencia EFE (ahora sí que se cita a una agencia, para descargar responsabilidades) que iban dando cuenta del progresivo desplome de la «puja fantasma». ¿Seguirán algunos medios queriendo que les paguemos por unos contenidos que ni siquiera se toman la molestia de contrastar? [1]

[1] Dentro de poco volveremos a hablar de la discusión sobre el modelo de negocio basado en los contenidos de pago, gracias a una acertada sugerencia de Marcus Fernández