Mi nuevo servidor Plex

Sacando partido a MartinServer con un gestor de contenidos multimedia

plex
Para quien no lo conozca, Plex es un gestor de contenidos multimedia cliente-servidor. Instalándolo en nuestro propio equipo (un pc normal y corriente, un servidor, un NAS o incluso una Raspberry-Pi), podemos organizar y visualizar en una interfaz muy amigable nuestras películas, series, fotos, canciones y cualquier otro tipo de archivos multimedia. Añade, además, todo tipo de información (carátulas, director, actores, sinopsis,  trailers, etc) sobre cada película o serie de forma automática.

Consta, como hemos dicho, de una parte servidor y una parte cliente:

Plex Media Server

El servidor, el Plex Media Server, lo podemos instalar en Windows, Mac OS, Linux, FreeBSD o en un NAS. Es el que se encarga de gestionar los archivos multimedia, organizándolos en librerías (“música”, “películas”, “series”, etc) y se encarga de enviar los contenidos hacia los dispositivos reproductores (clientes). Una de las características más interesantes es la “transcodificación”, que, explicándolo pronto  y mal, significa que Plex analiza dónde quieres reproducir tu contenido y si, por ejemplo en un teléfono móvil, tiene restricciones de bitrate o no puede interpretar algún códec específico, Plex transforma (transcodifica) ese contenido de manera que pueda ser visualizado en tu reproductor, no importa las limitaciones que tenga. Otra función interesante es que tu servidor es accesible desde cualquier lugar a través de internet, por lo que te llevas tus películas y series contigo allá a donde vayas. Y, además, te permite compartir tu contenido con los amigos que quieras, se encuentren en la parte de mundo que se encuentren.

Reproductores

Hay reproductores disponibles para las principales plataformas: teléfonos móviles (android e iPhone), smart TVs, PlayStation, Roku, etc, así como una interfaz web llamada Plex Web App.

Plex no es software libre, a pesar de estar basada en Kodi (la antigua XBMC). Sin embargo, se puede utilizar gratuitamente, aunque hay una versión de pago (PlexPass) que ofrece funcionalidades avanzadas, y algunos clientes (el de iPhone, que yo sepa) son de pago también. En cualquier caso, tanto la funcionalidad como la usabilidad de Plex lo hacen, desde mi punto de vista, la mejor opción.

Instalación

En primer lugar, creamos una cuenta de usuario de Plex en https://www.plex.tv/sign-up/. Seguidamente, descargamos en nuestro equipo el fichero de instalación (MartinServer usa Ubuntu Server, por lo que me descargué el instalador para Linux) :

wget https://downloads.plex.tv/plex-media-server/xxxxxxx/plexmediaserver_xxxxxxx_amd64.deb   (substituir xxxxxxx por la última versión de Plex)

A continuación instalamos el paquete:
sudo dpkg -i plexmediaserver_xxxxxxx_amd64.deb   (substituir xxxxxxx por la última versión de Plex)

A partir de ese momento, seguimos las instrucciones de instalación. Borramos el fichero de instalación.
rm plexmediaserver_xxxxxxx_amd64.deb   (substituir xxxxxxx por la última versión de Plex)

Y ya está listo para utilizar.

Configuración

Para configurar Plex Media Server, si estamos en la misma máquina en la que lo hemos instalado, entramos en cualquier navegador a la URL http://127.0.0.1:32400/web. Si es desde otro equipo, obviamente tendremos que substituir la IP. Aquí tenemos que introducir nuestro nombre de usuario y contraseña de Plex.

Ahora ya lo único que tenemos que hacer es crear nuestras propias bibliotecas de contenido (películas, series, musica, etc), decirle a Plex en qué ubicación están almacenadas… y nada más. Ya podemos disfrutar de nuestro propio servidor de contenidos multimedia. Eso sí, es muy recomendable, para que Plex reconozca adecuadamente los contenidos y pueda bajar el contenido adicional (carátulas, autores, actores, trailers, sinopsis, etc) seguir las recomendaciones de nomenclatura de Plex.

 

MartinServer

De cómo el enojo con mi proveedor de hosting me llevó a montar mi propio servidor doméstico: MartinServer

HP-Compaq-dc7800p

HP dc7800p Convertible Minitower

Desde que tengo actividad en internet he pasado por varios proveedores de hosting: al principio, en 1996, contraté con arrakis, la empresa sevillana que finalmente fue absorbida por BT; posteriormente pasé por EspaHost, Nominalia y no sé si alguna más, hasta que finalmente, en diciembre de 2005, contraté el servicio de una empresa californiana, DreamHost.

La oferta era realmente buena, me ofrecían un hosting linux con almacenamiento ilimitado (bueno, esto no era del todo cierto, había que leerse la letra pequeña) por 120 dólares al año. Esto me permitió alojar decenas de webs.

En la fase de desarrollo, yo montaba las webs en una instalación local de LAMP que posteriormente subía al servidor de Dreamhost por FTP, y así quedaban finalmente publicadas. Era un sistema que funcionaba bien, no me daba problemas y tenía un precio relativamente económico, 10 dólares mensuales.

Como ven, he sido un cliente fiel. Diez años he permanecido con ellos. Pero nada es perfecto, y hace unos meses comenzaron las desavenencias. Quiero aclarar que el culpable soy yo, por no leerme la letra pequeña de los contratos. Dicho esto, resumo lo que pasó: aprovechando que según mi contrato tenía “almacenamiento ilimitado” en Dreamhost, decidí crearme mi propia nube privada.

Letra pequeña

Instalé una instancia de Owncloud, que es una magnífica alternativa Open Source a servicios como Dropbox o Google Drive, y sincronicé todos mis equipos con el servidor. Era maravilloso. Ya no tenía que preocuparme de la pérdida, robo o malfuncionamiento de mis laptops. Podía tener sincronizado todo mis documentos entre los distintos equipos (personal, de trabajo…).

Sólo había una pequeña pega: en la letra pequeña del contrato de Dreamhost excluía explícitamente el uso del servidor como almacenamiento en la nube. Maldición. Yo me enteré porque deshabilitaron la instancia de Owncloud. Mala suerte, pero ya me buscaría una alternativa.

Lo peor, y lo que me enojó, es que comenzaron a llegarme requerimientos de pago por uso del servicio de almacenamiento. No, Dreamhost, no. Tendrás toda la razón legal que quieras, pero a un cliente con diez año de fidelidad no se le hace eso: está bien que cortes un servicio que dices no estar permitido, pero no intentes abultar la factura con esto. Ya me llamaste la atención. Déjalo estar…

Reclamé la factura, pataleé, pero fue para nada. Lo cierto es que contractualmente tenían razón, pero como cliente me sentí maltratado y los mandé a la chingada. Aprovechando que acababa de contratar un servicio de internet en casa que me ofrecía 200MB simétricos (tanto de subida como de bajada), decidí experimentar por primera vez con mi propio servidor doméstico.

Plaza de la Tecnología

 

Plaza de la Tecnologia

Plaza de la Tecnología

Como no tenía ninguna computadora que pudiera ejercer de servidor (utilizar laptops para ese fin es una mala idea), me dirigí a la Plaza de la Tecnología, muy cerquita del centro histórico de la Ciudad de México.
La Plaza de la Tecnología no es una plaza. Bueno, aquí en México se le llama “Plaza” a un centro comercial, pero es que ni siquiera eso. Es más bien un zoco desperdigado a lo largo de cuatro cuadras, lleno de puestos y tenderetes en el interior de vetustos edificios. Marea la sobreabundancia de oferta de cualquier producto tecnológico que puedas soñar. Lo que no encuentras en ningún otro lado, aquí está.
Yo tenía muy claro que lo que buscaba era un PC de escritorio de lo más barato. Así lo dije, y lo más barato que encontré fue un HP dc7800p Convertible Minitower, junto con un monitor y teclado, por el que me cobraron $2,000 pesos. Unos 100 euros. La verdad que el equipo, para 2015, ya era una porquería: un Intel Core 2 Duo, con 2.83GHz y 2GB de RAM. De disco duro, 250GB.

Ubuntu Server

Pero para mi propósito estaba bien. Le quité el Windows XP en chino con el que venía y le instalé la versión 12.04.5 LTS de Ubuntu Server. Esta distribución linux ya viene con casi todo lo necesario para mis necesidades. En concreto, el servidor Apache, PHP y MySql. Con esto podía poner en marcha, desde mi propia casa, todas mis webs. Bueno, todas todas no. Avisé a varios amigos a los que les alojaba las webs para que migrasen a otros servidores. No quería hacerme responsable del posible malfuncionamiento, eso lo dejaba exclusivamente para mis webs.

Algunos migraron, a otros pareció no importarles y se quedaron alojados en MartinServer. Así que configuré los VirtualHost para cada uno de los websites, los habilité en Apache. Finalmente, al no tener contratada IP estática con mi proveedor de internet, configuré los dominios en FreeDNS para gestionar la resolución de nombres de dominio. O sea, para que mis webs fueran localizables en internet con independencia de los cambios de IP que se pudieran producir en mi Servidor.

Y listo. Ahora, por primera vez en mi vida, tengo mi propio servidor en casa. A partir de ahora, a aprovechar todas las ventajas que esto ofrece. Y no sólo como servidor de páginas web: como media center, servidor de FTP, archivos en la nube doméstica, etc.