El Garrofer

El Garrofer

El 20 de febrero de 2009, Juan Cavestany me preguntó si conocía http://periodicoelgarrofer.blogspot.com/ (no lo enlazo, hace tiempo que esta página murió). “Claro, Juan le -contesté-; de vez en cuando me envías enlaces, es muy divertido, me parto la caja…”. “Pues bien -me dijo-, quería preguntarte si se te ocurre alguna manera fácil, (y barata o gratis) de transformar este blog en una página con un aspecto un poco más currado”.

Así fue como nació “El Garrofer”. Desde ese día, a trompicones, fui montando una página con aspecto de periódico sobre una instalación de WordPress, que finalmente se acabó viendo como en la foto que acompaña este artículo. Importé la base de datos de blogspot, la migré a la nueva instalación, configuré la nueva plantilla y (lo que resultó más difícil 🙂 ) instruí a Juan y a Íñigo Javaloyes (el otro autor de El Garrofer, que vivía en los EEUU) en el uso de la web.

Todo esto nos llevó hasta el mes de mayo, cuando se estrenó por fin elgarrofer.com. El día 8 de ese mes, Juan me decía: “Está quedando que te cagas la página, estamos empalmados ante la posibilidad de poder anunciarla el lunes o así porque ya casi está a falta de los detallitos que falta. Tenemos incluso una gente que quiere poner publicidad!!!!”.

Ya estaba funcionando. Además, creé la cuenta de Twitter y la de Facebook. Las visitas iban aumentando sin cesar, hasta que poco menos de un mes después, de repente, todos los indicadores reventaron con miles de visitas repentinas… El Garrofer había dado su primera campanada, un portal “serio” como Terra se había tragado la Noticia “Herido grave tras ‘alunizar’ con una bicicleta en una joyería” y la había publicado como cierta.

Elmundotoday

El humor de El Garrofer era muy particular, muy propio, respondía a una concepción del mundo intransferible de Juan Cavestany y de Íñigo Javaloyes, una mirada que luego se puedo ver reflejada de alguna forma en la obra de Juan, como El Señor, Gente en Sitios o Dispongo de Barcos. Una vez se me ocurrió “sugerir” un artículo de mi cosecha, que fue rechazado con tanta amabilidad como contundencia. El Garrofer no era industrializable, estaba indisolublemente unido a sus dos creadores. Lo cierto es que a pesar, o gracias a ello, estaba teniendo un notable éxito. Pero (casualidades de la vida) paralelamente al surgimiento de El Garrofer había llegado también un portal muy similar en concepto (al fin y al cabo el referente de ambos era The Onion), ElMundoToday.

El sentido del humor era muy diferente entre ambas webs, pero poco a poco ElMundoToday se fue convirtiendo en todo un referente en internet mientras que El Garrofer, a pesar de su notable éxito, se fue quedando más como referencia para públicos mucho más específicos. El Garrofer era artesanal, ElMundoToday se convirtió en una industria de indudable proyección.

Lo cierto es que ambas webs se convirtieron en todo un fenómeno. Hasta “El País” habló de ellas, conjuntamente.

Fin de la historia

Al principio, mi intervención era constante. Cambios en la página, enseñarles a administrarla, lidiar con las caídas del servidor (cada vez más frecuentes por las avalanchas de visitas)… Pero poco a poco, Juan e Íñigo se fueron haciendo con el completo control. Yo pasé a segundo plano, solo intervenía cuando había una emergencia. En todo ese tiempo, cientos de post gloriosos, multitud de medios serios que se tragaron “noticias” de El Garrofer como ciertas, una multitud de seguidores incondicionales… pero pasó lo que tenía que pasar.

Al ser un proyecto tan personal, acabó desgastándose. Juan estaba en mil historias distintas, y cada vez le fue dedicando menos tiempo a El Garrofer. Fue un lento declive hasta que, de repente, hace un mes, me dijo “yo ya no puedo mas y voy a cerrar El Garrofer”. Me dio mucha mucha pena. Pero lo entiendo. Nada es para siempre.

Dispongo de Barcos

Una web improvisada para una película raruna

Dispongo de Barcos Hace unos días, Juan Cavestany me llamó emocionadísimo: “ya hemos acabado ‘Dispongo de Barcos’ ” me dijo. Un loco proyecto que comenzó hace unos meses codo a codo con Antonio de la Torre, coproductor del asunto, y la colaboración desinteresada de bastantes amigos, entre ellos los protagonistas (el propio de la Torre, Roberto Álamo, Diego París y Andrés Lima).

Habían sido bastantes meses rodando a salto de mata. Cuando Juan o cada uno de los actores buenamente podía, entre rodaje y rodaje, entre función y función. Presupuesto, cero. Sólo Juan y su cámara casera, un grupo de amigos dando vida a una historia ya mítica en el grupo (ya habían rodado mucho antes un corto, El Golpe, germen del argumento de Dispongo de Barcos; después de aquello, sobre todo Antonio de la Torre no había vez que coincidiéramos que no dijera: “Juan, tío, tenemos que hacer la película”).

Y, cómo no, yo también quise poner mi granito de arena. Hace unos meses Juan me llamó para rodar una escena en el Teatro Lara. Yo no conocía el guión ni el contexto, pero me dejé guiar. Estábamos solos Juan, Claudio de Casas y yo. El teatro, absolutamente vacío por lo demás, tenía un aspecto fantasmagórico que -como supe después- le venía de maravilla al rodaje. Fue mi primera y única “aparición estelar” en una película 🙂 .

Sitges

Pero esto no es más que anecdótico. Realmente, mi colaboración relativamente valiosa vino después. Juan, cuando me llamó para anunciarme que la película ya estaba terminada, me pidió ayuda para hacer la página web de la misma. “Vamos al festival de Sitges la semana que viene -me dijo- y la web ya está anunciada en todos lados… pero hay que montarla”.

Dicho y hecho. Me puse en contacto con otro de los desinteresados colaboradores del proyecto, el diseñador Álex Muñoz de Escalona, que me pasó todo el material gráfico, y en un plis-plás quedó lista la web de Dispongo de Barcos: http://www.dispongodebarcos.com.

Ahora, que haya suerte. A ver qué recorrido tiene esta película que Juan dice que no es “experimental”, sino simplemente “raruna”.