Adiós, Joselito

Me envía mi hermana el artículo que ha publicado Enrique Sánchez en La Voz de Alcalá, en memoria de mi padre:

“Cuando uno supera cierta edad, la memoria se va perdiendo pero a cambio se hace más selectiva, más concreta. Por eso tengo recuerdos concretos y seguidos de mi amigo José Antonio Moreno Martín, recientemente fallecido después de una difícil enfermedad.

Nos conocíamos desde la infancia, nacimos en el mismo barrio, en El Derribo. Estuvimos juntos en la clase segunda del colegio salesiano. Jugamos en el colegio y en la calle.

Cuando estuvo en la tienda de Juan Alarcón, en La Cruz del Inglés, todavía tenía pantalones cortos. Su afición al motor y a todo aquello que tenía ruedas le cautivaba. Después entró en la fábrica de cementos de Alcalá. Nuestra amistad se retomó. Hicimos viajes juntos con su mujer, Águila, y con la mía. Nos reíamos, José Antonio,  Pepe o Joselito como me gustaba llamarle tenía sentido del humor a pesar de su aparente seriedad. Será muy difícil olvidarlo en sus salidas acompañado por Águila por la calle La Mina. Con su amistad, la de su mujer, su hijo Martín y la de su hija Lorena, siempre lo tendré en mi recuerdo como amigo y como persona”.

Ahora que no estás

Papá

José Antonio Moreno Martín. Papá: te echo rabiosa y dolorosamente de menos. Y no es que no haya tenido tiempo para prepararme para tu ausencia, es simplemente que soy incapaz de rehacer los mapas con los que he guiado mi vida y en los que tú, siempre, has sido ese puerto en el que tarde o temprano acababa recalando, y el único lugar de mi universo al que podía llamar casa, hogar, patria.
Ahora ya no puedo regresar a ti, no de una forma material y concreta y palpable, porque ahora vives en mi memoria. Ahora, que ya no estás, igual ha llegado el momento de decirte algunas cosas.

Forma de ser

Tú ya sabes, cómo no vas a saber, de esa forma mía de ser. Sabes que me guardo los sentimientos bajo siete candados cuya llave perdí mucho antes de que algún día tuviera la necesidad de ir a buscarla. A pesar de eso, a pesar de que durante gran parte de nuestra vida el afecto se comunicaba disimulado bajo pequeños gestos, hace ya algún tiempo que conseguí decirte abiertamente que te amaba. “Te quiero, papá”, te he dicho muchas veces, y cada vez más claro en los últimos años. Pero quizá no te dije exactamente lo que quería decir. No todos los “te quiero” son iguales.
Hemos compartido juntos casi medio siglo de vida. Cuando llegué a la tuya tú eras un joven pletórico, exultante de vida. Habías nacido 26 años atrás en una Alcalá de Guadaira que aún aguantaba la respiración, con miedo, tras la Guerra Civil. Pero tú no sabías nada de eso. La tuya fue una infancia libre y rebelde, feliz. Tu madre, mi abuela, trabajaba en uno de tantos almacenes de aceitunas, y eso te daba vía libre para campar a tus anchas por las calles de nuestro pueblo. Casi te cuesta la vida cuando te arreguinchaste a uno de los pocos coches que había en Alcalá en aquella época (el del notario, creo) y, pasado el puente con dirección a Utrera, te caíste hacia atrás. Casi mueres aquella vez, pero tú lo único que contabas era que se te había quedado el cráneo blando como una breva. Y te reías.

Guadaira

También te colabas el el tren de los panaderos en dirección a Mairena, para visitar a tu abuelo el picapedrero, que trabajaba en una cantera por allá. O te escapabas al río para bañarte con tus amigos… aunque esto último no te salió tan bien. Avisada un día tu madre por unas vecinas, te sorprendió en las riberas del Guadaira y te dio tal cantidad de alpargatazos que no volviste a aparecer por allí. Ni aprendiste a nadar. Nunca aprendiste a nadar.
A mediados de la década de los 50 tú ya eras un hombrecito alto, desgarbado y encantador. A ti te hubiera gustado estudiar medicina, era tu gran sueño, pero la realidad material de nuestra familia te impuso otro destino. Abandonaste los Salesianos antes de comenzar el Bachiller, y comenzaste a trabajar con apenas 14 años.
Previamente habías seguido un curso de contabilidad por correspondencia en CEAC. Eso te permitió entrar como aprendiz en el taller de Juan Alarcón.
Trabajabas incansablemente porque tenías que sustentar a tu familia. La abuela ganaba poco en el almacén de aceitunas, y el abuelo, devastado por el alcohol, aún menos en los trabajos ocasionales que le iban saliendo. Así que, con dos hermanos pequeños (Consuelo, nueve años menor, y Javier, un recién nacido en la época, catorce años más joven que tú), te echaste a la espalda la responsabilidad de sacar esa casa adelante.
Para ti era un orgullo entregar el salario a tu madre. Para ti era la pura felicidad poder comprarles la primera televisión que tuvieron. Y para ti el trabajo era también, además de una responsabilidad, un espacio donde crecer, donde seguir aprendiendo y también donde divertirte.

Trastadas

Aún sigues sin explicarte cómo no te despidió Juan Alarcón de tantas trastadas como hiciste. Como aquella vez que, intentando aprender a conducir, empotraste un seiscientos contra una columna y, de los nervios, acelerabas aún más, al punto de casi derribar por completo la nave. O esa otra que, trasteando con unos cables y una navaja (ni te acuerdas para qué) casi te matas electrocutado, y provocaste un apagón en el taller.
Pero bueno, me dejo de historias porque, al final, la gran historia de tu vida ha sido, hasta el final, tu mujer, mi madre. “Mi Águila”, como decías con todo el amor del mundo rebosando de tus palabras. Con ella has estado hasta el final, en una historia de amor tan enorme que muchas veces en mi vida me ha resultado difícil de comprender. De tan hermosa.

Amor

Y vuelvo por donde empecé. A mi me gustaría quererte sólo la mitad de bien que nos amaste. Bien que sé de las noches sin dormir por mi culpa, pero nunca hubo una mala palabra por tu parte. Me quisiste libre y me apoyaste, sin niguna queja, aunque te hiciera daño. Tan buena persona, que siempre me he sentido indigno a tu lado (seguro que me hubieras regañado al oír esto). Por eso, ahora que no estás, te digo más fuerte que nunca: “te quiero, papá”. Siempre.

Miedo

Miedo
La vida pasa como pasa, no como uno quisiera. Yo había planeado con tanto cariño la llegada de mi hija a México… Sí, está aquí conmigo, por fin después de tanto tiempo.
Soy muy feliz por eso, y también estoy ilusionado por el comienzo de un nuevo trabajo. En breve nos cambiaremos de departamento, en la misma colonia de Ciudad de México, pero mucho más cerca tanto del trabajo como de la escuela de Sara.
Todo va bien, todo debería ir bien, yo debería estar tranquilo y relajado.
Pero siento miedo.

La enfermedad de mi padre absorbe todos mis pensamientos y no hay nada que haga o que diga que lo pueda evitar. Me gustaría soñar, pero solo tengo miedo.

No me canso de decir “te quiero”

Mi primer cumpleañosNo hay nada peor que estar lejos cuando te necesitan. No hay nada peor que estar lejos cuando me necesitas, papá. Hace más de un año que supimos que estabas muy enfermo. Más de un año en el que te he visto cada vez que he podido, que siempre ha sido demasiado poco.

Mamá y hermana han estado ahí, a tu lado, cuidándote, haciendo lo posible y lo imposible para que el devastador efecto de la quimioterapia te fuera lo más llevadero posible. Vigilando tu dieta, tu medicación, pero, sobre todo, estando a tu lado.

Yo, a 10.000 kilómetros, siento que te he fallado. El mes pasado todo empeoró. Quién sabe si por el tratamiento, por tu enfermedad o porque sí, se quebró una de tus caderas. Yo volé en cuanto lo supe hasta Sevilla, fui directo al hospital de Valme, donde mamá llevaba ni se sabe cuánto tiempo a tu lado, sin dormir.

Las noches

Pedí las noches para mi. Todas las noches en el hospital las pasé contigo, obligué a mamá a retirarse a casa, aunque sé que ella no tiene otro lugar que no sea a tu lado. Casi te nos vas. La operación de la cadera salió aparentemente “bien”, pero no se dieron cuenta de que te habían dejado perforada una arteria. Te estabas desangrado por dentro, y pese a nuestras reiteradas llamadas de ayuda al equipo médico, no te hicieron caso durante todo el fin de semana. Solo el lunes repararon en su “error”.

Pero bueno, la pasamos. Eres fuerte. Poco a poco recuperaste la consciencia. No sabes qué hermoso es oír tu voz. Pero también lo es velar tu sueño, en silencio. Fueron horas en que la memoria, mientras mi vista reposaba en tu cuerpo debilitado, se disparaba frenética hacia recuerdos que ni sospechaba que aún estaban ahí. Recordé esos domingos, todos los domingos durante años en nuestras vidas, que íbamos en familia a la Dehesa de Bulnes. Dejábamos el auto a la sombra de alguna buena encina, el abuelo preparaba el fuego y demás nos dispersábamos por los cerros de la Dehesa a la busca de espárragos. Al principio yo iba contigo, me enseñabas con tu mirada a saber dónde tenía que mirar.

Recuerdos

Recordé un viaje a Galicia que, en aquella época, yo tenía 9 años, fue toda una aventura para mi. Tres maravillosos días en el R6. Recordé la primera vez que fuimos a la que después fue tu segunda casa, Conil. Recordé cosas mucho más antiguas, como los paseos por el parque de Maria Luisa, y sí, recordé, aunque creo que era demasiado pequeño para recordar, mis primeros años en la calle Nueva. Sí, como en la foto. Tú tenías 27 años en mi primer cumpleaños, y aunque no puedo recordar tan lejos, sí que tengo en la memoria a ese joven de mirada bondadosa y sonrisa de felicidad. Mi papá.

Pero bueno, el mes pasó. Finalmente te dieron el alta. Tu vuelta a casa ya no fue como antes. Tuvimos que colocar una cama adaptada en la sala. Contratamos a una enfermera para que te ayudara a volver a ponerte en pie. Lo hiciste, conseguiste incorporarte sobre tu propio peso. Pero siempre por poco tiempo. Estás muy enfermo, muy débil, y yo siento de nuevo que te he vuelto a fallar. Me tuve que regresar. 10.000 kilómetros nos separan de nuevo.

Pero en todo este tiempo sí hubo una cosa que no me cansé de decir: “te quiero”. Te lo dije todos los días a todas horas, porque sé que a lo largo de mi vida no te lo había dicho lo suficiente. Pero ya no. Ya no juego a los sobreentendidos. Ya no me canso de decir “te quiero”.

 

 

Arqueología web

Breve historia de cómo rescaté los contenidos de mis blogs antiguos que creía perdidos para siempre

Cuando hace unos días tuve que recuperar el blog de Gustavo Montes, repasándolo para verificar que no se había perdido nada, me encontré con muchísimas referencias antiguas a mis propios blogs. Sobre todo a m4rt1n.com, un blog que mantuve desde 2006 hasta 2008. Hacía muchos años que yo había retirado el contenido de este blog de internet, pero, lo que es peor, hace un tiempo ya que perdí incluso la titularidad del dominio. Estaba perdido para siempre.

Pero también me entró nostalgia de martinalia.com, un dominio que sigue siendo de mi titularidad pero que, desde 2004, había pasado por varias fases. Desde 2004 hasta 2006 era un blog más o menos personal con bastante enfoque en el ámbito de la Gestión de Contenidos. Era un blog muy peculiar, que utilizaba un CMS francés que me encantaba, SPIP. Anteriormente a esta fase, desde 2001, había publicado varios contenidos, pero estos se perdieron para siempre.
martinalia.com antiguo

En 2006 adquirí m4rt1n.com, el dominio que antes comenté que ya he perdido (se me pasó la fecha de renovación en Godaddy…). Estuvo funcionando como mi blog personal durante tres años, y tenía este aspecto (la imagen es de muy mala calidad, pero es lo único que conservo):

com

Años después, en 2009, actualicé el blog martinalia.com a SPIP 2.0, una versión muy mejorada, utilicé una plantilla minimalista y me centré en la Gestión de Contenidos. Todos los artículos anteriores quedaron arrinconados en una escueta sección llamada “antiguos”:

martinalia.com

Posteriormente también abandoné este blog, hasta que en 2011 le di un cambio absoluto y construí uno nuevo (con el lema “Objetivo Brasil”) que era todo un ejercicio de “personal branding”. Por motivos personales tenia la necesidad de moverme hacia Brasil, y el blog fue una pieza más en ese esfuerzo (que finalmente conseguí al cabo de unos meses).

objetivo brasil

Lo cierto es que esto también dejó de tener sentido una vez alcanzado el objetivo, y finalmente lo abandoné también No fue hasta el año pasado que martinalia.com volvió a funcionar, esta vez un WordPress en el que voy subiendo críticas de películas que me interesan sin ningún orden cronológico ni de ningún otro tipo. Tan solo lo que se me antoja. También ofrezco “extras” bien interesantes para los usuarios registrados.

En cualquier caso, haciendo memoria me entró bastante nostalgia y decidí que todos esos contenidos desaparecidos merecían ser rescatados, que al fin y al cabo formaban parte de mi historia personal. Pero -y era un gran problema- tan sólo conservaba copia de seguridad del último, todos los anteriores habían desaparecido para siempre.

Archive.org al rescate

Sin copia de seguridad, la única alternativa que me quedaba era recurrir al servicio WayBack Machine que ofrece gratuitamente Internet Archive, una entidad sin ánimo de lucro que conserva en sus archivos millones de sitios webs, películas, libros, etc. En WayBack Machine quedaba constancia de todas estas antiguas versiones de mis blogs… el problema era, claro, cómo extraer esa información y poder migrarla a martin.ekiry.com.

La solución me vino con Wayback Machine Downloader, una herramienta sencilla y potente que me permitió hacer justo lo que necesitaba. Para utilizarla debes tener instalado previamente Ruby. Para instalar Wayback Machine Downloader sólo hay que teclear lo siguiente en una terminal:

gem install wayback_machine_downloader

Una vez instalado, su uso es de lo más sencillo. Con los siguientes comandos en el terminal descargué todos mis blogs “perdidos”:
wayback_machine_downloader http://www.m4rt1n.com --timestamp 20090425231334
wayback_machine_downloader http://www.martinalia.com --timestamp 20090625231334
wayback_machine_downloader http://www.martinalia.com --timestamp 20060325231334

Listo. Ya tenía todo el contenido guardado en mi disco duro. Ahora lo que tenía que hacer es pasar todos los artículos, que había guardado en formato HTML, a la base de datos de martin.ekiry.com. Para ello utilicé el plugin HTML Import2. Misión cumplida.

Eso sí, algunos (pocos) artículos se perdieron para siempre, porque Internet Archive no los había almacenado. Casi todas las imágenes se habían perdido también, con lo cual me tocó una tediosa tarea manual de búsqueda y reposición de imágenes (algunas de las originales se perdieron para siempre).

Pero básicamente está todo recuperado, disponible ahora aquí en martin.ekiry.com casi toda mis publicaciones en internet (salvo las anteriores a 2004, que esas también se perdieron para siempre).

Sergio Fernández Reche

sergio-fernandez-recheApenas hace quince días salimos juntos hacia el mercado central de Málaga (de caza, como le gustaba decir) y nos internamos en su amado crisol de gente y producto, de olores y colores. Iba tanteando los lados de forma discreta, apurado en sus fuerzas por la enfermedad, pero encarando con su voluntad el camino hacia adelante. Siempre hacia adelante. Llegado al puesto previsto, el ojo se le fue en busca de un gran mero, la mayor pieza de la plaza, semioculta. Como en otras ocasiones un flechazo evidente daría con la pieza en su horno. De camino a su casa fuimos barajando diversas formas de tratamiento. Amante en extremo de las formas y el detalle, dimos con la concreción en su cocina y a muy pequeños sorbos de vino fue acompañando un par de lomos definidos y paró… para luego seguir, disfrutando en lo que yo comía, con delectación, siendo capaz de encontrar en mi paladar el suyo. Sergio, sin duda siempre comió y disfrutó más que nadie, por que era capaz de disfrutar de lo propio (que no era poco) y de lo de su semejante. Aquel conocimiento de uno mismo en el otro, que tanto repetía.

Una semana después paseamos desde su casa. Sergio no se conformaba con la granizada cercana, tenia que ser la mejor, en Casa Mira de calle Larios. Ya por entonces era esqueleto y voluntad. A la vuelta, la evidencia me hizo enfrentar mi compromiso con él y preguntarle. Y fue cuando me narró lo poco que necesitaba. Tenia previsto lo fundamental, y como le dije entonces, su legado ya se desbordaba desde hacia muchos años inundándonos a todos para siempre. Resultó patente ayer en el velatorio; en su familia, en sus amigos, en su equipo de Rugby… y lo será aun más en el futuro cuando nos acompañe en paseos, comidas, recuerdos y consejos, en una carencia irremediable y en un recuerdo imborrable.
El ser humano solo no existe, cada persona complementa a la humanidad y se nutre de ella. No debemos acostumbrarnos al hedor que nos producen ciertos individuos, pero otros, mucho mas presentes (aunque menos frecuentes en las hemerotecas) soportan en su paciencia, en su moral, en su inteligencia y generosidad la propia existencia de todos. Algunas personas, y Sergio es el ejemplo mas claro que he vivido, ganan la supervivencia de todos, sin inmutarse, sin alardear por dicho mérito, sin oropeles… si acaso obsequiandose algún mero y un chulentoncillo con vino. Así, aquel mismo día, cuando desviaba aquella conversación – por que ya cargaba detrás de mis ojos –  Sergio escuchó y después me dio sus últimos consejos, para terminar de reventarme sobre el suelo de la calle granada con otra muestra más de su grandeza.

Ha muerto Sergio Fernandez Reche. Amigo del alma. Inseparable en mi vida, lúcido al extremo y hasta el final. Feliz cuando tocaba. Generoso… hasta el punto de no querer mostrarlo. Discreto y valiente. Un hombre en toda la extensión. De forma evidente, para aquellos que lo habéis conocido – y reconocida en lo que yo os he contado – su influencia es enorme. Me despidió horas antes desde su cama del hospital con una sonrisa tranquila y eterna, un abrazo y un beso. Todo eso era para todos. Todo eso era él.

A lo largo de los años que vivimos juntos, y en todas aquellas anécdotas no conocidas que me contaron su familia y amigos se dibuja una parte de su personalidad compleja. Sergio vivió como murió; como refleja una lámina de su casa: “Il tuffatore”… como tantas veces nos dijimos ambos en momentos de infortunio: sin miedo ni esperanza.

por Javier de la Torre

MartinServer

De cómo el enojo con mi proveedor de hosting me llevó a montar mi propio servidor doméstico: MartinServer

HP-Compaq-dc7800p

HP dc7800p Convertible Minitower

Desde que tengo actividad en internet he pasado por varios proveedores de hosting: al principio, en 1996, contraté con arrakis, la empresa sevillana que finalmente fue absorbida por BT; posteriormente pasé por EspaHost, Nominalia y no sé si alguna más, hasta que finalmente, en diciembre de 2005, contraté el servicio de una empresa californiana, DreamHost.

La oferta era realmente buena, me ofrecían un hosting linux con almacenamiento ilimitado (bueno, esto no era del todo cierto, había que leerse la letra pequeña) por 120 dólares al año. Esto me permitió alojar decenas de webs.

En la fase de desarrollo, yo montaba las webs en una instalación local de LAMP que posteriormente subía al servidor de Dreamhost por FTP, y así quedaban finalmente publicadas. Era un sistema que funcionaba bien, no me daba problemas y tenía un precio relativamente económico, 10 dólares mensuales.

Como ven, he sido un cliente fiel. Diez años he permanecido con ellos. Pero nada es perfecto, y hace unos meses comenzaron las desavenencias. Quiero aclarar que el culpable soy yo, por no leerme la letra pequeña de los contratos. Dicho esto, resumo lo que pasó: aprovechando que según mi contrato tenía “almacenamiento ilimitado” en Dreamhost, decidí crearme mi propia nube privada.

Letra pequeña

Instalé una instancia de Owncloud, que es una magnífica alternativa Open Source a servicios como Dropbox o Google Drive, y sincronicé todos mis equipos con el servidor. Era maravilloso. Ya no tenía que preocuparme de la pérdida, robo o malfuncionamiento de mis laptops. Podía tener sincronizado todo mis documentos entre los distintos equipos (personal, de trabajo…).

Sólo había una pequeña pega: en la letra pequeña del contrato de Dreamhost excluía explícitamente el uso del servidor como almacenamiento en la nube. Maldición. Yo me enteré porque deshabilitaron la instancia de Owncloud. Mala suerte, pero ya me buscaría una alternativa.

Lo peor, y lo que me enojó, es que comenzaron a llegarme requerimientos de pago por uso del servicio de almacenamiento. No, Dreamhost, no. Tendrás toda la razón legal que quieras, pero a un cliente con diez año de fidelidad no se le hace eso: está bien que cortes un servicio que dices no estar permitido, pero no intentes abultar la factura con esto. Ya me llamaste la atención. Déjalo estar…

Reclamé la factura, pataleé, pero fue para nada. Lo cierto es que contractualmente tenían razón, pero como cliente me sentí maltratado y los mandé a la chingada. Aprovechando que acababa de contratar un servicio de internet en casa que me ofrecía 200MB simétricos (tanto de subida como de bajada), decidí experimentar por primera vez con mi propio servidor doméstico.

Plaza de la Tecnología

 

Plaza de la Tecnologia

Plaza de la Tecnología

Como no tenía ninguna computadora que pudiera ejercer de servidor (utilizar laptops para ese fin es una mala idea), me dirigí a la Plaza de la Tecnología, muy cerquita del centro histórico de la Ciudad de México.
La Plaza de la Tecnología no es una plaza. Bueno, aquí en México se le llama “Plaza” a un centro comercial, pero es que ni siquiera eso. Es más bien un zoco desperdigado a lo largo de cuatro cuadras, lleno de puestos y tenderetes en el interior de vetustos edificios. Marea la sobreabundancia de oferta de cualquier producto tecnológico que puedas soñar. Lo que no encuentras en ningún otro lado, aquí está.
Yo tenía muy claro que lo que buscaba era un PC de escritorio de lo más barato. Así lo dije, y lo más barato que encontré fue un HP dc7800p Convertible Minitower, junto con un monitor y teclado, por el que me cobraron $2,000 pesos. Unos 100 euros. La verdad que el equipo, para 2015, ya era una porquería: un Intel Core 2 Duo, con 2.83GHz y 2GB de RAM. De disco duro, 250GB.

Ubuntu Server

Pero para mi propósito estaba bien. Le quité el Windows XP en chino con el que venía y le instalé la versión 12.04.5 LTS de Ubuntu Server. Esta distribución linux ya viene con casi todo lo necesario para mis necesidades. En concreto, el servidor Apache, PHP y MySql. Con esto podía poner en marcha, desde mi propia casa, todas mis webs. Bueno, todas todas no. Avisé a varios amigos a los que les alojaba las webs para que migrasen a otros servidores. No quería hacerme responsable del posible malfuncionamiento, eso lo dejaba exclusivamente para mis webs.

Algunos migraron, a otros pareció no importarles y se quedaron alojados en MartinServer. Así que configuré los VirtualHost para cada uno de los websites, los habilité en Apache. Finalmente, al no tener contratada IP estática con mi proveedor de internet, configuré los dominios en FreeDNS para gestionar la resolución de nombres de dominio. O sea, para que mis webs fueran localizables en internet con independencia de los cambios de IP que se pudieran producir en mi Servidor.

Y listo. Ahora, por primera vez en mi vida, tengo mi propio servidor en casa. A partir de ahora, a aprovechar todas las ventajas que esto ofrece. Y no sólo como servidor de páginas web: como media center, servidor de FTP, archivos en la nube doméstica, etc.

He perdido el dominio m4rt1n.com

Desde 2006 tengo en mi poder el dominio m4rt1n.com, donde durante muchos años ha estado mi blog personal. Es cierto que hace como cinco años que lo tengo abandonado, no sólo no lo actualizaba sino que retiré mis post y dejé en su lugar un mero agregador de feeds.

Pero hoy me confirma Godaddy, la empresa a la que le contrato mis dominios, que he perdido definitivamente su titularidad. Se me pasó la fecha de renovación (lo registré por primera vez el 24 de marzo de 2006, y lo iba renovando anualmente), a pesar de que me habían avisado varias veces de la fecha de vencimiento… un absoluto desastre.

Me ofrecen la opción de recomprarlo a su actual propietario (un japonés), pero, honestamente, no le veo sentido. Hace años que no lo uso y, por mucho que me apene, he decidido dejarlo marchar.

Llegada a México

Una nueva etapa, un nuevo país

Ciudad de México
El último año ha sido profesionalmente muy intenso. El reto de internacionalizar y diversificar una pequeña empresa requirió cruzar constantemente al Atlántico, principalmente a los EE.UU. en un principio, pero con la mira puesta en México, que iría seguido de Colombia, Perú y quizá Chile. Había que prestar atención a las peculiaridades de cada mercado, así como a las diferencias culturales y legislativas.

La verdad que era bonito, un reto interesante. Pero, personalmente, pronto llegué a la conclusión de que no se daban las condiciones materiales para llevar la misión a buen puerto. Desde que estallara hace cuatro o cinco años la crisis en España, cientos de empresas voltearon sus ojos hacia Latinoamérica. Se veía como una oportunidad de compensar la inexistente expectativa de crecimiento en el mercado local, y casi todas siguieron el mismo patrón: fueron allá donde alguna multinacional española (Telefónica, Santander, BBVA…) ya había establecido operaciones, y se intentó replicar el modelo que se había estado siguiendo en España.

Valor añadido

Eso funcionó para algunas, principalmente para las mayores. Pero para la miríada de pequeñas y medianas empresas que en España viven de un modelo de pura subcontratación, en general esto no funcionó tan bien. No aportaban ningún valor añadido, desconocían el mercado local y, para colmo, competían con empresas locales que hacían lo mismo, pero más barato.

No tiene sentido cruzar el Atlántico para montar un modelo de puro “body shopping”. Pero el problema es que no saben hacer otra cosa. Intentan, en su mayor parte, diversificarse con clientes locales; contratan equipos comerciales, viajan con cierta frecuencia, se rodean de “conseguidores” que les prometen fabulosos negocios con los principales clientes locales… sólo para darse cuenta, a la vuelta de los meses, de cómo habían tirado el dinero.

El mercado tecnológico en Latinoamérica puede estar menos maduro, en algunos aspectos, que en España. Pero desde luego no son idiotas. Y están cansados de que vengan empresas europeas a “venderles espejitos”. Así que la típica empresa que desembarca en algunos de estos mercados con el único diferencial de ser española, normalmente se tiene que volver con el rabo entre las piernas en poco tiempo. No es más que una pérdida de tiempo y dinero.

Esto no quiere decir que no se pueda hacer negocio. Se puede, y mucho. Pero hay que quitarse la venda de los ojos, adaptarse al mercado local y ofrecer verdadero valor.

Jacarandas

A esto me refería cuando decía que no veía las condiciones materiales para llevar mi trabajo a buen puerto. Mi empresa no proporcionaba realmente ningún valor añadido, vendía humo, espejitos. Me daba rabia, porque apreciaba el negocio potencial que tenía ante mis ojos. Así que hace unos meses, cuando una empresa mexicana me ofreció ser su Director Comercial, lo tuve claro. Podía aprovechar toda mi experiencia, pero en local, con recursos y clientes locales. Nada de espejitos: pura oportunidad de negocio.

Y así es como ayer mismo desembarqué en el aeropuerto Benito Juárez de Ciudad de Mexico. En el trayecto entre el aeropuerto y mi nuevo departamento, tuve una sensación tremenda de bienvenida, algo así como “de aquí soy”. Esta megápolis es, paradójicamente, una ciudad acogedora, lo opuesto al sucio, caótico, maloliente y peligroso São Paulo.

Disfruté mucho de este trayecto inicial, mis primeras horas como chilango. Adoré el último tramo en la Avenida Insurgentes, entre jacarandas, liquidámbar, magnolias, nísperos y fresnos, justo antes de internarme en mi destino final, en la Colonia Nápoles, el departamento que será, de hoy en adelante, mi nuevo hogar.

La Jarota

Producción de espectáculos
La Jarota

David César,  también conocido como DaCésar o como El Cómico Heavy, siempre ha sido uno de mis héroes. Cuando le conocí, era un experto en Cognos. Él, más o menos junto con Sergio, otro compañero de trabajo, eran los gurús en Business Intelligence, área en la que yo no tenía la más mínima idea. Lo mio eran los Gestores de Contenido, la accesibilidad y la usabilidad.
Lo cierto es que era una tarea muy especializada y apreciada dentro de la empresa. Al fin y al cabo, los informes ejecutivos que acababan llegando a manos de la dirección dependían de su trabajo.

Ocurrencias

Pero a David todo eso le traía al pairo. Le aburría su trabajo, le parecía intrascendente, gris, pesado. A él lo que le gustaba era la escritura, el cine, el teatro… y el humor. Para esto último tenía un don natural. Era un disparadero incontrolado de ocurrencias, a cada cual más descacharrante.
Claro que sus agudezas hacían diana en todos y cada uno de los que le rodeábamos. Unos lo llevábamos bien, otros no tanto.

Recuerdo cómo, de puro aburrimiento, pasábamos horas y horas hablando de cualquier cosa menos de asuntos laborales. No sé cómo, acabamos hablando de blogs. Yo tenía martinalia.com y m4rt1n.com, además de mantener en mi servidor los blogs de varios amigos.
A David se le iluminaba la mirada, se interesaba más y más en el asunto. Me preguntaba y repreguntaba, quería consejo para montar su propio blog. Y lo montó: primero fue el Diario de un aspirante a jefe, donde asumía el papel, deformado como por los espejos del Callejón del Gato, de un compañero, y donde le daba un repaso inmisericorde e hilarante a todos cuantos trabajábamos en esa oficina. A punto estuvo de traerle algún problema, pero daba igual. Ya estaba desbocada la fiera creativa que llevaba dentro. Después de ese blog vino Truman y sus problemas, pero lo más importante es que había tomado en firme la decisión de que se dedicaría a vivir de su creatividad.

Tiempo después, el “experto en Cognos” ya era historia. David abandonó su gris trabajo y nació El Cómico Heavy, que desde entonces se ha recorrido España de arriba a abajo con su desternillante cosmovisión. Para él ha sido la libertad. Para todos nosotros, un sorprendente hallazgo.

La Jarota

Ahora, años después de todo esto, David César, junto con Ángela y Pablo Gime, ha dado un paso más. Ya no sólo es un cómico, sino todo un “gestor cultural”. Vamos, que para que se lo lleven otros calentito, pues mejor organizan ellos el cotarro. Y así ha nacido La Jarota, una asociación cultural de producción de eventos musicales y gestión cultural, bastante centrada en shows de monólogos y eventos musicales de rock, punk rock y heavy rock.

Por supuesto, la web de La Jarota (como la web de Pablo Gime) las alojo en mi servidor. Así, con la excusa de la clave del FTP y otras chorradas, nos da para vernos más a menudo. Suerte, y a triunfar.