Lila Downs vuelve en noviembre a Madrid



Mirando la página web de Lila Downs me había asustado: no aparecía por ningún lado el concierto que yo hubiera jurado (y así lo conté) que había previsto para noviembre. Recordé que me lo había comentado una chica de El Caimán, la gente que se encarga de sus giras por España. Miré en su página web y, para mi alivio, está confirmado: Lila Downs viene de nuevo a Madrid. Será el sábado 18 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes. También actuará en Sevilla (martes 14 de noviembre, Teatro de la Maestranza), en Murcia y en Tenerife.

Yo me he conjurado con Jesús Miguel para acabar esa noche tomando unas buenas chelas con Lila y su banda. ¿Apuestan algo?

Lila Downs

Lila Downs
Por no desentonar con mi despiste habitual, ayer fui a un concierto sin saber a dónde iba. Apenas una hora antes le comentaba a un compañero de trabajo: “voy a ir al concierto de una cantautora australiana”, a lo que él, con sorna, me respondió: “claro, Kylie Minogue“. En fin. Pues ni Kylie Minogue, ni australiana. Vergüenza debería darme no conocer hasta ayer mismo a Lila Downs, pero así es. Ni la había oido nunca, ni había oido hablar de ella: ni tan siquiera a partir de su colaboración en Frida Kahlo.
A mi monumental incultura musical se sumó, primero, el asombro ante la cantidad de gente que un miércoles a las 21.30 horas se había congregado para ver a esta cantante mexicana (de padre cineasta norteamericano y madre cantante mixteca, rezan todos los panegíricos). El Palacio de Congresos de la Castellana estaba hasta arriba. Pero luego la sorpresa fue aún mayor.
Con un arranque suave, sin alharacas, esa mujer menuda y pequeña (al menos eso me parecía desde el anfiteatro) fue desplegando poco a poco su voz prodigiosa, valiéndose para ello de boleros, rancheras, corridos, canciones populares mexicanas pero como distintas, como si le hubieran hecho una relectura actual, muy siglo XXI, y aventado con aires de jazz, de gospel, incluso de hip-hop. Y no sólo no chirrió el invento sino que construyó un emocionante e inolvidable monumento sonoro.
Ni que decir tiene que me oiré todos sus discos (tiene cuatro hasta el momento), y que no me la pienso perder cuando vuelva por España, allá por noviembre según tengo entendido.

Extremoduro y la plancha

Extremoduro
Hoy es domingo, y eso en mi jerga particular quiere decir que toca plancha. Bueno, toca plancha teóricamente, porque al menos hace dos domingos que no plancho y lo mío es un sinvivir en mi cada mañana, en busca de alguna camisa planchada o en su defecto la que menos trabas presenta a la hora de planchar.

Hoy en cambio me he aplicado y al menos han caído 14 camisas. Todo gracias a una gran dosis de paciencia, un nuevo líquido que facilita el planchado y -sobre todo- a que en el equipo de música estuvo sonando Agila, ¿Dónde están mis amigos? y Canciones Prohibidas. Extremoduro, lo he comprobado, es el acompañante ideal para una mañana dominical de plancha. Sus versos (los de Robe Iniesta) se adaptan perfectamente a las pasadas necesarias para las mangas, sus acordes (y discordes) son el toque perfecto para la arruga rebelde. El ritmo es el apropiado para dejar una camisa impecable en menos de lo que dura una canción.
Tan convencido estoy de lo que digo, que probablemente me ponga en contacto con Nuria Barba Aragón, que dice ser de la Universidad de Murcia, para sugerirle una modificación en su Análisis sociolingüístico de las letras de las canciones del grupo musical Extremoduro. Mi modesta aportación es que, además de dar por sentado que el público de Extremoduro está compuesto por sujetos “incultos, delincuentes, mendigos, marginados e inadaptados socialmente”, podría incluir en esta clasificación (que se me antoja apresurada y quizá prejuiciosa) una categoría más: “papás solteros que planchan en la mañana del domingo”. De nada.

Tengo un trato: lo mio, pa mi saco

Zapatero y los cantantesEl pasado lunes 21 de junio, una representación de la industria musical española y algunos de los cantantes y grupos españoles más exitosos le arrancaron al presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, el compromiso de promover una ’Ley de la Música’.
El estribillo de esta reunión bien lo podía haber puesto la rapera sevillana La Mala Rodríguez, que también acudió al encuentro: ’Tengo un trato, lo mio pa mi saco’, a toda costa, sin contar con la opinión de los clientes y usuarios, sin detenerse ni tan siquiera ante las puertas del sentido común.

Rodríguez Zapatero se reunió en el Palacio de La Moncloa con artistas como Alejandro Sanz, Alex Ubago, La Oreja de Van Gogh, David Bisbal, Andy&Lucas, Antonio Orozco, Josep Pons (director de la Orquesta Nacional de España), Café Quijano y La Mala Rodríguez, entre otros. Los músicos llevaban en el pecho unas pegatinas con el lema «La música se muere. Ayúdanos».
A la reunión asistieron también el presidente de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), Eduardo Bautista; el presidente de la Sociedad de Artistas de España (AIE), Luis Cobos; el presidente de la Asociación de Representantes Técnicos del Espectáculo (ARTE), Emilio Santamaría; y el presidente de la Asociación Fonográfica y Videográfica de España (AFYVE), Antonio Guisasola.

Documento de quejas

Entregaron a Rodríguez Zapatero un documento en el que se dice que España es el país de Europa con mayor volumen de música pirateada. En el documento se defienden las ayudas públicas al sector para defender la ’excepcionalidad cultural’ y para promover el uso del idioma español en la música.

Este documento fue encargado por AFYVE (qué pésima página Web tiene esta asociación, por cierto; merece la pena visitarla sólo por ver lo mala que es, ¡si está hecha con Microsoft Word!) a una consultora de comunicación (Weber Shandwick) que ni siquiera tiene página Web en español. Curiosa forma de no predicar con el ejemplo.
Pero, anécdotas aparte, las Instituciones harían bien en oír también, antes de legislar en la materia, a clientes, usuarios, empresas tecnológicas… realmente, a todo el mundo salvo a la propia industria discográfica, que en este asunto anda con el pié cambiado frente a la realidad y, en vez de adaptarse a ella, pretende momificarla a base de legislaciones específicas. O dicho en plata: con medidas represivas.
Como dice José Cervera en su Retiario:

“El intercambio de ficheros entre iguales (P2P) no daña a la industria de la música, analiza la revista de la prestigiosa escuela de Económicas de Harvard. Puede arañar beneficios a algunos de los peces gordos de la industria fonográfica, pero los músicos independientes está descubriendo que la Red les ayuda y facilita la tarea de hacer más música (y vivir de ella). A la vez los gigantes de la industria fonográfica (incapaces de encajar Internet) se consolidan y fusionan reduciendo las alternativas disponibles e intentando regir el mercado con puño de hierro. La Tierra ha visto antes este patrón: dinosaurios que se hacían cada vez más grandes hasta extinguirse y ser sustituidos… por pequeños y ágiles mamíferos. La evolución se repite: que crezcan los gigantes”.