Luis Caro, el mago

Luis Caro
Luis Caro (ya habrá vuelto de París, supongo) es uno de los pocos artistas en estado puro que he tenido el honor de conocer. Desde que le recuerdo, desde finales de los 80, he admirado profundamente su forma de mirar el mundo, de interpretarlo para devolverlo al lienzo transformado y sublimado en una realidad sorprendente, irónica y sofisticada. Toda una legión de seres mitológicos a fuerza de carnales, el color que moldea y desborda paisajes, los gestos descompuestos en geometrías imposibles, el puzzle que compone -y subvierte- la realidad cotidiana, la increíble potencia creativa de este hombre sabio e inquieto, maestro de curiosidad insaciable, han sido para mi siempre fuente de inspiración

Xopi

XopiYo recuerdo a Xopi de cuando éramos adolescentes, casi unos niños, del Instituto Cristóbal de Monroy de Alcalá de Guadaira. Poco tiempo después, yo me vendría a estudiar a Madrid. En aquel entonces, Xopi (pronúnciese “Sopi”, nada de “Chopi”, como se diría en la nueva jerga chatero-esemesera) me parecía a años luz, mucho más duro, más adulto de lo que yo nunca hubiera conseguido parecer.
Su silueta angulosa y sus rasgos duros, sus modales parcos y elegantes, su irreverencia y su pose siempre me llamaron la atención. Él era punk, vivía sólo en una casa que -ahora me entero- utilizaba también como taller y, desde luego, daba la impresión de tener las cosas muy claras.
Muchos años después, un cuadro me llamó la atención en casa de mi amigo José Antonio Francés. Era un cuadro del que estaba absolutamente enamorado. Un cuadro de Xopi. Yo, que le había perdido la pista por completo, supe de nuevo de él. Supe que se había dedicado, con esa suficiencia que le caracteriza, a la pintura, arrancando trozos a la realidad con los que iba componiendo su universo estético, sus poemas de colores.
Ahora son Lauro Gandul y Olga Duarte los que, en su infatigable tarea divulgadora, me hacen llegar (nos hacen llegar) este perfil (esta “historia de vida”) de Xopi.

Se puede descargar desde aquí:

Luis Caro expone en París

Le dernier fumeur Mi amigo y maestro Luis Caro (él me ha enseñado lo poco que sé sobre cómo se puede y debe mirar un cuadro) expone estos días (desde el pasado 28 de marzo hasta el próximo 15 de abril) en la exclusiva Galerie Figure de París.
En esta ocasión, Luis Caro ha seleccionado una impresionante serie de collages que expresan con increible nitidez parte sustancial de su universo visual, tan único como sorprendente.
Luis Caro, pintor extremeño afincado durante años en Alcalá de Guadara y recientemente instalado en Carmona, ha desarrollado durante las últimas tres décadas una de las obras más originales e interesantes de la plástica española, trabajo que, como suele ser desgraciadamente habitual, ha encontrado mayor y mejor acogida en países como Francia, Bélgica o EE.UU. que en España.

Gestión de Símbolos y reescritura de la historia

Símbolo chino para "historia"Entre los dos grandes gigantes económicos de Oriente, China (en ascenso imparable) y Japón (en lento pero continuado declive), se está desarrollando una guerra que de momento (y esperemos que no vaya a más) es tan sólo simbólica.
En el momento en que esto escribo, China reconoce que vive “la mayor crisis” con Japón desde que ambos restablecieron relaciones en 1972. El motivo aparente de tanta tensión es la modificación de unos libros de texto japoneses en los que se minimizan las atrocidades cometidas por el ejército japonés en China durante la II Guerra Mundial. Claro está que esta aparente batalla sobre los textos de historia lo que intenta es realinear a nivel simbólico una realidad que ya se se ha realineado económica, social y políticamente, con fortísimos cambios a lo largo de la última década.

Prueba de ello es que de nada ha servido el ofrecimiento del ministro japonés de Asuntos Exteriores, Nobutaka Machimura, que el pasado domingo ofreció a su homólogo chino, Li Zhaoxing, crear una comisión bilateral de expertos que reescriba las crónicas históricas sobre las que hay divergencias (El Pais €).
Y es que en realidad este tipo de conflicto aflora siempre que está en juego la balanza de poder. China necesita una ideología que la cohesione (el nacionalismo) tanto como meter en cintura a su vecino y competidor (está en juego la supremacía en la zona: nada de un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU para Japón, por tanto).
En Japón, por su parte, la derecha achaca todos los males del país (estancamiento e incluso declive económico, delincuencia con crecimiento exponencial, pérdida de valores tradicionales en la juventud…) a la pérdida del orgullo nacional, al “sentimiento masoquista” que según ellos les insufló Estados Unidos tras la derrota en la II Guerra Mundial. Tanto es así, que un grupo de profesores universitarios y políticos de derecha se han agrupado en la llamada “Sociedad para la Reforma de los Libros de Historia”, que es la promotora del revisionismo histórico que ha dado origen al conflicto (no sólo con China, sino también con las dos Coreas) y que según ellos es lo único que puede sacar al Japón del abatimiento.

Animal simbólico

Este enfrentamiento simbólico bajo el que soterradamente se está desarrollando un verdadero pulso por el poder en Extremo Oriente no es en absoluto privativo de las refinadas culturas asiáticas. En realidad es un fenómeno universal. En antropología se define con frecuencia al ser humano como “animal simbólico”, no sólo por nuestra capacidad de utilizar símbolos, sino por nuestra absoluta NECESIDAD de utilizarlos al relacionarnos con la realidad. Somos capaces de dotar de significado a absolutamente cualquier cosa. Y eso incluye no sólo a los hechos que nos son contemporáneos, sino también a la historia. Estamos contínuamente dando significado (y cargando emotivamente) a los acontecimientos históricos.
Y esto, que siempre ocurre, resulta especialmente visible cuando hay algún desplazamiento importante en la balanza del poder. Así sucede entre Japón y China, pero también, a mucha menor escala, sucede en España, donde últimamente ha habido un movimiento incesante para intentar reescribir no sólo la triste historia reciente (el inefable atentado del 11-M), sino incluso la historia ya algo más lejana de la primera mitad del siglo XX (hay quien incluso intenta modificar, a modo de justificación, la cronología de la Guerra Civil española).
Posiblemente, tanto en Japón, como en China, como en España, las aguas vuelvan a su cauce. No es bueno para los dos países asiáticos llevar muy lejos sus diferencias, puesto que sus economías dependen demasiado estrechamente la una de la otra (China ya sucedió a EE.UU. como principal socio comercial de Japón) como para echarlo todo por la borda. Tampoco es bueno (sería dramático) que en España se abandone el consenso básico para la convivencia que nos ha permitido convertirnos en un país libre y próspero. Y ello a pesar de nuestra historia (se pinte como se pinte).