Sergio Fernández Reche

sergio-fernandez-recheApenas hace quince días salimos juntos hacia el mercado central de Málaga (de caza, como le gustaba decir) y nos internamos en su amado crisol de gente y producto, de olores y colores. Iba tanteando los lados de forma discreta, apurado en sus fuerzas por la enfermedad, pero encarando con su voluntad el camino hacia adelante. Siempre hacia adelante. Llegado al puesto previsto, el ojo se le fue en busca de un gran mero, la mayor pieza de la plaza, semioculta. Como en otras ocasiones un flechazo evidente daría con la pieza en su horno. De camino a su casa fuimos barajando diversas formas de tratamiento. Amante en extremo de las formas y el detalle, dimos con la concreción en su cocina y a muy pequeños sorbos de vino fue acompañando un par de lomos definidos y paró… para luego seguir, disfrutando en lo que yo comía, con delectación, siendo capaz de encontrar en mi paladar el suyo. Sergio, sin duda siempre comió y disfrutó más que nadie, por que era capaz de disfrutar de lo propio (que no era poco) y de lo de su semejante. Aquel conocimiento de uno mismo en el otro, que tanto repetía.

Una semana después paseamos desde su casa. Sergio no se conformaba con la granizada cercana, tenia que ser la mejor, en Casa Mira de calle Larios. Ya por entonces era esqueleto y voluntad. A la vuelta, la evidencia me hizo enfrentar mi compromiso con él y preguntarle. Y fue cuando me narró lo poco que necesitaba. Tenia previsto lo fundamental, y como le dije entonces, su legado ya se desbordaba desde hacia muchos años inundándonos a todos para siempre. Resultó patente ayer en el velatorio; en su familia, en sus amigos, en su equipo de Rugby… y lo será aun más en el futuro cuando nos acompañe en paseos, comidas, recuerdos y consejos, en una carencia irremediable y en un recuerdo imborrable.
El ser humano solo no existe, cada persona complementa a la humanidad y se nutre de ella. No debemos acostumbrarnos al hedor que nos producen ciertos individuos, pero otros, mucho mas presentes (aunque menos frecuentes en las hemerotecas) soportan en su paciencia, en su moral, en su inteligencia y generosidad la propia existencia de todos. Algunas personas, y Sergio es el ejemplo mas claro que he vivido, ganan la supervivencia de todos, sin inmutarse, sin alardear por dicho mérito, sin oropeles… si acaso obsequiandose algún mero y un chulentoncillo con vino. Así, aquel mismo día, cuando desviaba aquella conversación – por que ya cargaba detrás de mis ojos –  Sergio escuchó y después me dio sus últimos consejos, para terminar de reventarme sobre el suelo de la calle granada con otra muestra más de su grandeza.

Ha muerto Sergio Fernandez Reche. Amigo del alma. Inseparable en mi vida, lúcido al extremo y hasta el final. Feliz cuando tocaba. Generoso… hasta el punto de no querer mostrarlo. Discreto y valiente. Un hombre en toda la extensión. De forma evidente, para aquellos que lo habéis conocido – y reconocida en lo que yo os he contado – su influencia es enorme. Me despidió horas antes desde su cama del hospital con una sonrisa tranquila y eterna, un abrazo y un beso. Todo eso era para todos. Todo eso era él.

A lo largo de los años que vivimos juntos, y en todas aquellas anécdotas no conocidas que me contaron su familia y amigos se dibuja una parte de su personalidad compleja. Sergio vivió como murió; como refleja una lámina de su casa: “Il tuffatore”… como tantas veces nos dijimos ambos en momentos de infortunio: sin miedo ni esperanza.

por Javier de la Torre

Deja un comentario