Tocar fondo

De cómo seguir adelante a pesar de todo

estación de atocha
Reconozco que he pasado (estoy pasando) muy malos días. He tocado fondo. Se fue a la mierda mi vida en Brasil, perdí mi trabajo, me encontré de repente solo, sin casa, sin dinero y perdido en las calles de Madrid. Pero lo peor era que no sabía qué hacer, ahora que todo mi esfuerzo se había desvanecido. No tenía más objetivo que sobrevivir.

Es fácil, en estas circunstancias, caer en la autocompasión. Y a pesar de que intenté evitarla, inevitablemente caí en ella, sobre todo en los primeros días. Por ejemplo este tweet:

Yo estaba hundido, perdido, y hubiera agradecido a la gente a la que quiero que me hubiese arropado mejor. No me refiero a ayuda económica (que tampoco me hubiera venido mal), sino a cariño, a consuelo, a sentirme arropado. Lo cierto es que yo tampoco lo pedí, siempre he sido así de ridículo. Y más ridículo aún el día siguiente. Al ver que nadie se daba por aludido (y bien que hicieron 🙂 ), publico lo siguiente:

Lo cierto es que en estos días difíciles he tenido el apoyo enorme de amigos a los que les estaré eternamente agradecido. Muy especialmente José Luis Moraga, al que pese a hacer más de una década que apenas nos vemos, se prestó el primero, sin duda y sin reservas, a apoyarme en todo. Gracias a él sobreviví económicamente en los primeros días, lo más difíciles. Y, cómo no, Iñaki García.

Su apoyo es hiperbólicamente meritorio por cuanto también está pasando por una etapa difícil. Magnífico profesional como es, la crisis le pasó factura y no encuentra desde hace algún tiempo un trabajo decente en España. De hecho, está preparando todo para irse -paradojas de la vida- a Brasil. Pues bien, a pesar de ello me acogió en su casa, cerca de la estación de Atocha, y me apoyó económica y, sobre todo, anímicamente.

Planes

Los primeros días, los más difíciles, me dedicaba a deambular, como el sintecho que casi era, por la estación de Atocha. Pasaba las horas mirando a los transeúntes, a los pasajeros que llegaban y marchaban, a las empleadas domésticas ucranianas que se congregaban aquí en sus días libres… No puedo decir que dedicaba el tiempo a pensar en mi futuro, porque la sensación de irrealidad era tremenda, estaba como ido.

Poco a poco, con ayuda de mi familia y sobre todo del entusiasta Iñaki, fui saliendo de mi mórbida ensoñación. Los días pasaban y necesitaba hacer algo con mi vida, así que comencé a buscar trabajo en serio. Sabía que era muy difícil en la situación que atraviesa España, pero en mis circunstancias no había excusa posible. Iñaki lo tenía todo preparado para ir a Brasil a principios del año próximo, y me incluía en sus planes. Una vez solucionado mi “problema administrativo”, podíamos viajar juntos a São Paulo y rehacer nuestras vidas allá.

La verdad es que a mí la idea de volver a Brasil me da sarpullidos, pero no lo descarto. No puedo descartar nada. Mientras tanto, la vuelta a la actividad me permite poco a poco involucrarme en pequeños proyectos acá y allá. Poca cosa de momento, pero me permiten ir tirando adelante económicamente.

No sé aún dónde acabará todo esto. Si en España, si en Brasil o si en la Conchinchina. Me da igual. Pero ahora sé que saldré adelante.

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