Comida de homem branco é coisa boa

De cómo, gracias a mi, las tribus del Amazonas probaron la tortilla de patatas

tortilla de patatas

La tortilla de patatas es el manjar más sencillo de elaborar que se pueda imaginar. Sólo cinco ingredientes: patatas, cebolla, huevos, aceite de oliva y sal, consiguen un milagro para el paladar que, no obstante, y a pesar de su exquisita sencillez, no se conoce en lugar ninguno fuera de España.

Durante mi reciente estancia en Rondônia, en casa de mi pareja, me ofrecí a hacer una. A condición, eso sí, de que el aceite empleado fuera de oliva, que con cualquier otro sería pecado. Yo sé que les extrañó sobremanera, puesto que en esta región amazónica el aceite de oliva es un lujo que se reserva para contadas ocasiones. Indescriptible la cara de mi suegra cuando vio cómo llenaba la sartén con aceite de oliva para freír las patatas.

El aceite, como digo, fue de oliva y abundante. Lo llevé a estar suficientemente caliente como para evitar que las patatas se cocieran. Y la cebolla la eché a la sartén cuando las patatas estaban casi fritas. Poco después retiré la sartén del fuego, y revolví las patatas fritas con el huevo batido dentro de un bol.

Eché la mezcla en la sartén y la pasé unos dos minutos por cada lado. El resultado fue apoteósico, les gustó tanto que no me quedó más remedio que repetir varias veces a lo largo de esos días. Ya a nadie le importaba el “desperdicio” de aceite de oliva.

En la selva

Mi cuñada me pidió la receta. Yo se la repetí varias veces, con detalle. El caso es que mi cuñada trabaja en la FUNAI (Fundación Nacional del Indio) como auxiliar dental. Cada mes, pasa 15 días en la selva, cuidando de la salud dental de las tribus indígenas (unas 70 en Rondônia). Pero claro, no todo va a ser trabajar. También comparten momentos de ocio y, de vez en cuando, preparan comidas que comparten entre el equipo de la FUNAI y los integrantes de las tribus.

Ayer me llamó muerta de risa. Había vuelto de uno de sus periodos en la selva. Y les había dicho a los indios que les haría una comida muy especial: tortilla de patatas (“tortilha de batata”, como lo pronuncia ella). Según me contó, les había entusiasmado, pedían más y más.

Al terminar, se le acercó el jefe de la tribu y, muy serio, muy digno, le dijo: “Comida de homem branco é coisa boa”.