“O indio do buraco”: el hombre más solitario de la Tierra

O indio do buraco

Única foto existente del “Indio do Buraco”

Vivo ahora en una de las regiones más apartadas del planeta. Rondônia sólo es uno de los estados federados de Brasil desde 1981, y su colonización real es muy reciente. Hasta el siglo XIX apenas algunos misioneros y avanzadas militares se asentaron en la región, y fue la fiebre del caucho la que alentó una mayor penetración que, no obstante, se reducía básicamente a las vías fluviales navegables del río Madeira y otros afluentes del Amazonas.

En cambio, a partir de la década de los 70 del siglo pasado, se comenzó a desmotar la selva y construir una carretera federal que abrió paso a una avalancha de nuevos pobladores. Rôndonia sigue siendo, aún hoy, una enorme cantidad de selva atravesada por la herida que le infligió la carretera  BR-364 (que no fue asfaltada hasta 1983). A sus alrededor se fueron estableciendo pequeñas ciudades que hoy albergan, en una superficie similar a la de Rumanía, aproximadamente 1,6 millones de habitantes. El resto, selva, y en la selva, cerca de 70 pueblos indígenas diferentes.

BR-364

El impacto de la BR-364 fue, no obstante, brutal. Miles y miles de hectáreas a su alrededor fueron deforestadas, tanto para la explotación maderera como para la instalación de fazendas dedicadas principalmente al ganado bovino. Hoy en día Rondônia es una potencia ganadera (hay 11 millones de cabezas de ganado, diez veces más que población humana).

Los fazenderos comenzaron a apropiarse cada vez más y más de tierras indígenas, con métodos directos y brutales. Si los indios no se avenían a irse, simplemente los “cazaban”. La política del gobierno brasileño, coordinada por la FUNAI (Fundación Nacional del Indio) era la de localizar, contactar y, en la medida de lo posible, delimitar territorios exclusivos para las poblaciones indígenas. Pero claro, esto para los fazenderos era un problema que resolvían, en demasiadas ocasiones, expulsando y/o matando a los indios antes de que la FUNAI pudiera intervenir.

O indio do buraco

En este contexto, la FUNAI tuvo noticias en 1996 de un indio que vivía absolutamente solo en las cercanías de la Terra Indigena Tanaru. Diversos intentos de contactar con él fueron infructuosos, e incluso en una ocasión un funcionario de la FUNAI llegó a recibir un flechazo. No eran bienvenidos. No fue hasta 1997 que establecieron contacto visual, pero finalmente decidieron establecer unos 30 kilómetros cuadrados de exclusión para que pudiera seguir su vida sin interferencias que, a la vista está, no deseaba.

Durante años se fueron teniendo noticias indirectas de él. Se hallaron algunas de las chozas que habitó, y en todas ellas una característica peculiar: un hoyo de unos 3 metros de profundidad. De ahí su apodo, “el indio del hoyo”, “o indio do buraco”. Por lo que pudieron ir reconstruyendo a partir de indicios, llegaron a la conclusión de que toda su tribu había sido masacrada en la década de los 90, por madereros o fazenderos.

Sólo sobrevivió él, y absolutamente nada más se sabe. Este hombre, de unos 50 años de edad, es el último representante de su etnia y el último hablante de su lengua. Es el hombre más solitario del mundo.

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