Objetivo cumplido: por fin en Brasil

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Vista aérea de Ji-Paraná

Escribo esto tumbado en una hamaca en el porche de mi casa -de la casa de mi pareja- en Ji-Paraná, Rondônia. La búsqueda ha llegado a su fin. Han sido meses intensos de envío de currículos, de entrevistas, de buscar hasta debajo de las piedras la más mínima oportunidad para conseguir moverme a Brasil. El viaje tampoco ha sido trivial: Madrid-Lisboa-Brasilia-Porto Velho, y después 6 horas en autobús desde Porto Velho hasta Ji-Paraná. Estoy en la selva, señores.

Al final la solución ha sido, como casi siempre, de lo más tradicional. Trabajo actualmente en una multinacional francesa, en la que me encargo fundamentalmente de gestionar proyectos de tecnología y, sobre todo, tareas de preventa. Me quemo las cejas estudiando RFPs y me paso los días reuniendo información técnica y de negocio para completarlas. Aunque en general es un coñazo, algunos de los proyectos son realmente hermosos, requieren una gran dosis de imaginación y creatividad (por la que luego me maldecirán eternamente los equipos de desarrollo, claro está 🙂 ).

En cualquier caso, dentro de mi empresa la relación con compañeros y jefes directos es buena, de amistad en algunos casos. Ellos saben de mi necesidad de moverme a Brasil desde el primer día, y de aquí vino la solución: me permiten trabajar en remoto.

Ji-Paraná

Por eso estoy ahora aquí, en Ji-Paraná, tumbado en una hamaca. A 8.257,82 km de distancia de Madrid. En una ciudad de 180.000 habitantes rodeada por todos lados de selva y más selva.

Este mes de octubre estoy de vacaciones, lo dedicaré a recuperar el tiempo perdido, y posteriormente seguiré dejándome las cejas estudiando documentación que luego tendré que convertir en propuestas.

Objetivo cumplido. Ya estoy en Brasil.