And the winner is… ¡¡¡¡¡Antonio de la Torre!!!!!

Azul oscuro casi negro
Oé, oé, oé, oé… cagonlamarsalá, Antonio, tío, el Goya es tuyo y tú eres la persona más querida del cine español, monstruo, no sabes (o sí) la cantidad de gente que se ha alegrado de corazón de este triunfo tuyo, tan merecido, tan trabajado… dicen por ahí (lo he visto escrito en El Mundo, aunque no lo encuentro en su edición digital, siento no poder enlazarlo) que en la Gala “la familia de Antonio de la Torre era la que más animaba el cotarro”. Y tanto. Eran tus hermanos, Quique y Javi, claro está, pero también Rosario, y Pilar, y Luli, y Jesús Miguel, y Alberto, y tantos otros que allí estábamos contigo, por el placer de abrazarte y saltar y gritar nuestra alegría, carajo.
Ya desde antes de llegar a la Gala, el teléfono de Alberto, y el de Jesús Miguel, hervían de llamadas y mensajes para felicitarte, por persona interpuesta, aquellos que sabían que no te podrían localizar. El mío se quedó sin batería, pero aún estoy intentando leer todos los mensajes que me llegaron. Me cuentan que en Sevilla y en Málaga, en Andalucía en general, la repercusión de tu Goya ha sido aún mayor que aquí en Madrid. Me alegro, amigo. Me alegra saber que la gente te quiere tanto como tú te mereces, y que tu éxito el domingo no es sino el primer paso de la cosecha fabulosa que te espera después de tantos años de paciente y exquisita siembra…

Antonio de la Torre, en elmundo.es

Como previo a la gala de los Goya (donde Antonio ganará, sin duda, el Goya al mejor actor de reparto), elmundo.es le ha dedicado uno de sus “Encuentros digitales”, en el que los lectores del diario digital han podido someterle a un muy cariñoso bombardeo de preguntas. Se puede leer aquí.
Entre otras cosas, Truman se las ha arreglado para comprometerme: habrá que hacerle un blog al muchacho. Próximamente en sus pantallas LCD.

Camarón que se duerme…

se lo lleva la corriente. Ya lo sé. Y es que uno, aunque no lo merezca, tiene también lectores implacables. Amigos, realmente, que se preocupan cuando uno deja de escribir con la periodicidad que solía en el blog. No os preocupéis, Gustavo, Truman: ya volveré a escribir con más frecuencia. O no. No lo sé. Realmente, tenéis toda la razón cuando decís que desde que volví de Tailandia no soy el mismo. Es verdad. Me dejó jodido, pero no el viaje, sino la vuelta. Me gustaría encontrar la forma de instalarme allá. Y quizá por eso, porque fantaseo más, escribo menos. Aunque no debiera ser así, ya lo sé. Igual funciona lo del chiringuito en la costa gaditana. Ya veremos.

Antonio Bernaza Aranda

Siempre miraba hacia delante, hacia el objetivo que se había marcado, sin reparar en los obstáculos ni las posibles complicaciones. La última conversación que tuve con Antonio, felicitándonos el año que empieza, estaba preñada de futuro. Todo eran planes para mejorar Alcalá, su pueblo, nuestro pueblo, uno de los ejes sobre los que hacía girar apasionadamente su vida, junto con su familia y sus amigos.

Pero esta vez no ha podido ser. Los obstáculos -el gran obstáculo: su delicada salud, esas arteria tan castigadas, tan frágiles en su cuerpo de titán- han podido con él. Antonio ha muerto. Y lo ha hecho como supongo que él quería: en su casa, rodeado de los suyos, brindando por esos nietos que han supuesto quizá su última y mayor alegría.
Es irónico que hayamos perdido a Antonio Bernaza justo en estos días en los que tanto se cuestiona la honradez y la dedicación de las personas que nos representan en las instituciones, particularmente en los ayuntamientos.
Antonio fue siempre el extremo diametralmente opuesto al concejal aprovechado, prevaricador y corrupto. Él nunca necesitó otra cosa que no fueran sus propias manos para garantizarse el sustento.
De hecho, a la vida pública llegó sólo para dar, para aportar desinteresadamente su tiempo y su esfuerzo incansable. Primero en el movimiento vecinal, luego en política, siempre quiso verse a si mismo como representante de las personas sencillas y de los trabajadores. Tanto como coordinador de la agrupación local de Izquierda Unida, en un último y fracasado esfuerzo para evitar que esta formación política entrase definitivamente en descomposición, como en su etapa de concejal, su tarea de oposición al gobierno municipal siempre se caracterizó por su honestidad y su tesón.
Y la única recompensa de tanto esfuerzo fue sólo la sensación del deber cumplido; en unos tiempos en que ser concejal de la oposición en Alcalá de Guadaíra no estaba retribuido y en los que la mayoría absoluta y abrumadora del gobierno municipal no dejaban ni una sola brecha por donde introducir otra forma de hacer las cosas, el trabajo de Antonio, y más teniendo en cuenta su delicada salud, pudiera parecer carente de sentido.
Pero nada más equivocado.

Esa tarea que, conscientemente, se echó sobre los hombros, es quizá la que mejor se avenía con su carácter y con su esencia. Porque Antonio era – y cuánto me cuesta hablar de él en pasado…- fundamentalmente un hombre bueno, una de esas personas recias y nobles cuya sola palabra tenía fuerza de ley. Creo no equivocarme cuando pienso que incluso sus rivales, los que le conocieron personalmente, también le querían.
En estos últimos años, desde que me vine a vivir a Madrid, apenas nos habíamos visto. En cambio, el cariño que por él sentía no se ha visto mitigado ni un ápice por la distancia. Los últimos meses estaba atareado con un nuevo proyecto político, un partido de corte localista, IPDA, alrededor del que había conseguido arremolinar a un puñado de gente ilusionada por conseguir lo que él soñaba: una Alcalá más justa y más habitable.
No sé si su sueño le sobrevivirá. De lo que no me cabe duda es de que todos los alcalareños de bien le deberíamos estar agradecidos y deberíamos honrar su memoria por haber existido, por haber sido un ciudadano ejemplar y por haber dedicado una parte importantísima de su vida a conseguir ni más ni menos que el bien común.
Descansa en paz, Antonio Bernaza Aranda. Te querré siempre, amigo.