Me voy a Tailandia… para siempre

Creí que nunca llegaría el momento, pero mi sueño se ha hecho realidad. Quizá hayan observado que últimamente actualizo con menos asiduidad de la acostumbrada m4rt1n.com, pero, como todo en esta vida, tenía una explicación. Y es que, aproximadamente desde mi vuelta, toda una serie de casualidades se han ido sucediendo de forma serendípica y me han permitido acariciar y, finalmente, alcanzar mi objetivo: irme a vivir a Tailandia.
Durante la celebración del Evento Blog España tuve la primera noticia. Ramón Miret me llamó para decirme que existía la posibilidad de llegar a un acuerdo entre Mobiscanner y Thai Mobile para la implantación en el país asiático de su lector de códigos matriciales.
Yo me alegré mucho por la noticia, y le pregunté si podía ayudarle en algo. Y ¡eureka!, la ayuda era yo: lo que necesitaban era un delegado en Tailandia, y me preguntaba si yo conocía a alguien. Mi respuesta sonó rotunda: “yo mismo”.
Luego me acojoné un poco, y durante todos estos días he estado debatiéndome entre el deseo y el miedo a lo desconocido. Pero finalmente (y tras la firma del acuerdo el pasado viernes), ya está todo decidido: me voy a vivir a Tailandia. Adiós, amigos…

La ceguera

La ceguera

El pasado 1 de diciembre no pude acudir al acto literario en torno a la ceguera que organizó Carmina. Una pena. Me hubiera gustado ver declamando a Lauro Gandul y Cesáreo Estébanez, narrar el acto a Antonio de la Torre y el acompañamiento musical de El Niño Elías y pictórico de Xopi.
Espero tener pronto la grabación que realizó del acto Pilar Mestre. De momento, al menos, tengo la crónica que del acto realizó La Voz de Alcalá y que amablemente, como siempre, me remitió Olga Duarte.
Se puede descargar desde aquí:

Tailandia

Entre cantos a la cerveza Singha y relatos del paraíso, se me ha olvidado comenzar por el principio mi viaje a Tailandia (aunque a quién le importa el principio…). Creo recordar que todo tuvo su inicio con un proyecto de viaje a Perú, proyecto que quedó en eso por las noticias -o rumores- meteorológicos que me fueron llegando: “no vayas -me dijo un amigo-, que en esa fecha hace mal tiempo y quizá subas a Machu Pichu para nada”. Le hice caso, cómo no.
Otra alternativa, más cercana, era ir a Egipto, aunque en ese caso descartábamos viajar por nuestra cuenta y nos resignábamos a ser unas ovejas más en el triste rebaño de los viajes organizados. Cuestión de seguridad (¿paranoia?). En todo caso, Ehud Olmert no tuvo mejor idea que arrasar Líbano en los días en los que estábamos planeando el viaje, introduciendo así más tensión si cabe en una región ya de por sí “calentita”. Así que, de nuevo, tocaba descarte.
¿Dónde ir? A mí me hubiera encantado Islandia (pero no son fechas, no) o al Okavango (pero era demasiado caro…). ¿El sudeste asiático, quizá? Ummm… no estaba mal. Vietnam, me apetecía. ¿Tailandia? Bueno, a Tailandia le tenía un poco de manía por culpa de un ex-compañero (afortunadamente ex-) de trabajo que se vanagloriaba de sus hazañas sexuales en Phuket con jovencitas-extremadamente-jovencitas, y tampoco la lectura de Plataforma, de Houellebecq, me la hacía un destino apetecible… Pero bueno, qué culpa tiene Tailandia, ¿no? Quizá fuese demasiado turística, pero lo cierto es que todo el que la conocía hablaba maravillas del país y de sus gentes.
Así que la cosa quedó entre Vietnam y Tailandia. No sé muy bien cómo, ganó Tailandia. Y, por supuesto, por nuestra cuenta, nada de viajecitos organizados.

Evento Blog

evento blog
Estoy seguro de que soy el último que escribe sobre Evento Blog España, pero bueno, la vagancia me ha llevado a seguir con mi tradición de ofrecer “ultimicias”. Vayamos al lío: la verdad es que no me apetecía nada, pero que nada, viajar a Sevilla el fin de semana del 17 al 19 de noviembre, para acudir a Evento Blog España. Mi mente (que no yo, por desgracia) estaba aún saboreando una Singha en una playa de Rai Leh, en Tailandia, y mi cuerpo se afanaba con dificultad en sacar adelante las toneladas de trabajo que me habían caído encima tras las (siempre “cortitas”) vacaciones. Estaba agotado. Pero, para bien o para mal, he nacido cumplidor, y como dije que iba a asistir al Evento allá que me fui en mi Smart (y mi hija conmigo, qué remedio le quedaba).
El viernes ni me acerqué. Llegué a mi pueblo como a las nueve y media de la noche, y la cosa quedó en una (siempre maravillosa) cena en familia, con mis padres. Así que ni vi la charla inaugural de Enrique Dans ni le pude tomar el pulso a la cosa (que realmente es lo que me interesaba).El día siguiente, el sábado, me esperaba todo un maratón del que aún no sé cómo he salido indemne. Es uno de esos días en los que se junta todo: el Evento, por supuesto, pero también la presentación de un libro de mi amigo José Antonio Francés, y había además que reservar tiempo para los amigos y la familia… imposible ajustarlo todo en 24 horas.
Me fui para Sevilla muy tempranito, comprobé que la ciudad está, como dice Truman, gallardonizada de tanta obra, aparqué junto al Lope de Vega y me dio apenas tiempo a ver una conferencia sobre Guadalinex y otra de Ismael El-Qudsi sobre Windows Live. Luego tuve que salir precipitadamente para atender otros compromisos, con lo que me perdí la conferencia de Orihuela (me dijeron que estuvo bien), y no volví hasta la tarde, para comprobar decepcionado que no habría duelo entre Escolar (Nacho) y Arcadi Espada, y todo quedó en un soso Escolar-contra-Escolar, en el que padre e hijo aburrieron a base de obviedades y peloteo consanguíneo.
Y poco más. La verdad es que en el Evento solo estuve de refilón. A destacar la entrega y el magnífico trabajo de los organizadores; mi paisano José Luis Antúnez, Benito Castro y Luis Rull, que desplegaron una actividad apabullante, atentos al menor detalle, siempre pendientes de todo y de todos, con los gestos y las palabras justas para todos y cada uno (y eso que era difícil allí, con más de 300 egos -perdón, blogueros- deambulando). Muy bien currado, sí señor, con unas instalaciones magníficas (las de la Diputación de Sevilla), una atención sobresaliente, un beers&blogs de categoría (con canapeses y todo, no se lo pierdan), y hasta descuentos en el AVE para los que eligieron este medio de transporte. Un diez. Aunque algún pecado habrán cometido en otra vida para que algunos hablen tan mal de ellos. Digo yo.
En fin, pasé un buen rato, eché unas risas con Truman y su chica, y poco más. A esperar el del año que viene.

Juegos de Azahar

Venía yo de vuelta del puente (“la vuelta escalonada”, como repetían machaconamente todas las emisoras de radio), atento a la conducción y con la radio sólo como telón de fondo. De repente, oída en Canal Sur Radio, una frase me saca del ensimismamiento. Hablaban de unas jornadas que, presuntamente (cómo me gustan lo hechos presuntos…) se celebraban en Granada sobre “juegos de azahar”. Que digo yo que estos juegos serían como los juegos florales de antaño, pero monotemáticos: juegos, sí, pero de azahar… qué perfumados.
Aunque luego dijeron no se qué de que internet tenía la culpa, y ahí ya me perdí. No tengo ni la menor idea de la relación que pueda existir entre internet, Granada y los juegos de azahar…