De vuelta otra vez…

…pero tranquilamente podía haberme quedado en Tailandia. Creo que aún conservo la sonrisa pegada en el rostro (sí, incluso la amabilidad se contagia), pero hoy no estoy para nada, para nadie. Aún suena en mis oídos el eco apagado de los motores de las Long Tail (las canoas motorizadas locales), aún conservo el paladar especiado de sus platos, aún sueño -despierto- que sigo allí.
Ni siquiera es día hoy para contar nada. Todo se andará.

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