Beers&Blogs, los tangas y el guardaespaldas

beers&blogsAndaba yo algo cabizbajo por haberme olvidado del Beers&Blues, pero me dije: no por eso voy a dejar de ir al Beers&Blogs, total, en los dos hay beers y, con un poco de esfuerzo, me puedo beber en un día lo que correspondía a los dos, ¿no?
En fin, que era miércoles 17 y me dirigí al Brasileirinho, por primera vez a un Beers&Blogs. Nada más llegar vi un montón de gente en la terraza, pero pasé, indiferente, por entre ellos. No sabía si eran o no eran (no reconocí a nadie), pero en cualquier caso, qué leches, que me reconozcan ellos a mí, ¿no? Pues ni caso. Ni me miraron.
Hice lo que pude por mantener la dignidad, y seguí con paso firme hasta el interior del bar. Con bastante aplomo, pedí una jarra de cerveza. Primer fallo.

– ¿Vienes con los de los blocks? -me preguntó la que parecía ser la dueña, o al menos la encargada-.

– Si, bueno, eso creo, aunque no les conozco, ¿por? -le contesté, jurándome mentalmente contar luego la anécdota de los “blocks”-.

– Pues que jarras no quedan. Han acabado con las que teníamos. Si quieres un litro…

No, no, por Dios. No es que no me pueda beber un litro -incluso mucho más-, pero no a la vez, que se calienta. En fin, salí del bar con un insignificante doble de cerveza en mis manos que, ya de entrada, me situaba en inferioridad de condiciones. Pero nada me iba a echar atrás. Volví decidido al grupo, dispuesto a integrarme, pero, sin mirarme ni nada, me abrieron un pasillo para pasar. Hay que joderse. Casi me voy a la calle Princesa con el doble en la mano.

Haciendo amigos

Pero no, estaba decidido a quedarme a cualquier precio. Así que, justo antes de quedar fuera de la órbita del grupo, giré 45 grados y dije:

– Vaya si bebéis… habéis acabado con la jarras.

Nada, ni una sonrisa. Casi se me parte el vaso en la mano de la tensión.

– Esto, bueeeno, yo… yo soy Martín. De m4rt1n.com, pero en vez de vocales lleva números -es que hablando, no se ve-.

Me miraron con cara de “a este ya no nos lo quitamos de encima”, y se presentaron uno a uno. Mentiría si digo que les recuerdo a todos, pero ya estaba allí. Ahora habría que conversar, ¿no?
Lo primero que me dicen:

– Ah, sí, m4rt1n, me suena. Es que estuvimos discutiendo en [no recuerdo que ranking de blogs] si lo cambiábamos o no por martin.com; la verdad, con todos los respetos, es que con ese nombre nos imaginábamos que eras un adolescente con la cara picada por el acné, y no…
– No qué… ¿un viejo?¿un carcamal? -esto no lo dije, pero lo pensé…-

Poco a poco mi tensión se fue difuminando. Al principio había mucha gente, pero es que paulatinamente la cosa se fue incrementando hasta llegar a los 500 ó 600 millones de bloggers. Una barbaridad. Obviamente, yo conocí sólo a una ínfima parte. A Lucas, Juan Luis, Roger, Carmen Sánchez, José Antonio, Óscar, y un montón de gente más de las que no recuerdo su blog (o no me dieron tarjeta: es que hay que ir preparado por la vida, que si no…).
Luego llegaron Antonio Fumero, Octavio Rojas y Fernando Polo, entre otros. Por cierto, casi me parto cuando alguien -omitiré piadosamente quién- le dijo a Fernando: tú eres el de “habladurías”, ¿no?.

El guardaespaldas

Pero lo mejor estaba aún por llegar. Yo, escarmentado por mis comienzos, tomé posiciones estratégicamente en el camino del camarero, y me aseguré un buen suministro cervecil durante toda la noche. Desde mi privilegiada posición tenía una vista panorámica del grupo que me permitía, a la vez que participar, percatarme de detalles que para los demás pasaban inadvertidos. Así fue como vi la expectación que se creó cuando se reconoció entre los asistentes a Ferrán, el hombre de moda, para bien y para mal, en la blogocosa. A mí me pareció un tío simpático, no sé, y está bien eso de desplazarse expresamente desde Valencia a Madrid para asistir al Beers&Blogs (según me contó, aprovechando que su mujer, que es enfermera, tenía un turno de 24 horas).
Pero, de entre todo lo que vi y oí, lo que más me llamó la atención fue el guardaespaldas. Aún no sé quién de entre todos nosotros llevaba guardaespaldas, pero el tío estaba allí, yo lo vi y se lo hice ver a los demás. Lo que me hizo sospechar es que no bebía nada. Ni cerveza ni nada. El tío allí de pie, plantado con sus 188 cm (a ojo de buen cubero), su cara de mala leche y su traje barato y mal ajustado (es como si se lo hubiera prestado su hermano mayor boxeador). Hablaba cada dos por tres por el telefonino, miraba para acá y para allá, siempre acechando al peligro. Una vez casi lo encuentra, cuando se encaró con una decena de chavales que cometieron el error de jugar a la pelota cerca suya.

Yo miraba y miraba, pero no se me ocurría con quién podía venir el tipo. Sospeché de Ferrán, por eso de la fama sobrevenida y porque viene de Valencia, que a lo mejor allí se estila más que aquí. O de Ildefonso, que es un tío serio. En esas estaba cuando conocí a Noelia, la altísima bloguera que no dice cuál es su blog (aunque yo ya lo sé: si lo queréis conocer, chicos, todo tiene un precio $$$), ella dice que porque no es bueno, yo pienso que por mantener un halo de misterio: hay que diferenciarse. Noelia dijo “es mi guardaespaldas; lo llevo porque viste mucho”. La verdad es que razón no le falta, pero nunca la creí. Es que uno ya tiene experiencia en estas cosas (no me preguntéis qué quiero decir con esta frase, porque ni yo lo sé).

Tocata y fuga

El tiempo volaba metido en conversación cuando de repente aparece un tipo (Javier Jimeno, muy simpático) repartiendo tangas. Es para promocionar lo suyo, está claro, y hace bien. Yo me pillé uno. O dos. La verdad es que la noche ya no daba mucho más de sí, a lo tonto a lo tonto me había trincado 20 ó 30 jarras, había hablado con un montón de gente que no consigo relacionar con ningún blog, y la cosa comenzaba a declinar. Antes tuve el honor de conversar con Tíscar, tan encantadora como siempre (no sé por qué digo esto, porque aunque ya había coincidido con ella, nunca habíamos hablado: pero si la conocéis, lo entenderéis). Y ya sí, comprobé que la cerveza se había acabado y, tras un intercambio de palabras con unos y con otros (había también gente de Barcelona, no recuerdo los nombres), decidí que había llegado el momento de partir. Fue un buen rato. Agradable. Divertido. Volveré.

12 Comments

  1. #1 Rubén: está claro, se va a lo que se va 🙂

    #2 Muchas gracias, Íñigo, pero no te preocupes: así es más divertido :))

    #3 FerN: no te creas, que en cuanto llegué a casa miré si estaba registrado habladurias.com: es un dominio muy bueno. Pena que lo tenga registrado (y pa ná) una barcelonesa…

    #4 Que no, Truman, que te equivocas, que te lo hubieras pasado de puta madre. A la próxima, te llevo aunque sea a rastras :))

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  2. Yo sé de quién era el guardaespaldas (y como lo de Noelia, también tiene precio $$$). Estaba despistado porque había perdido a su protegido/a. O eso decían quien la/le conocía… En fin, que aunque hablo de segundas, por pegar un poco la oreja, sigo cobrando 🙂

    P.S. My pleasure, qué fina soy. Fue una charla muy divertida. Lástima que coincidimos al final y se me iba la carroza… La próxima vez más capítulos sobre ese cambio generacional de los 35 a los 36 y de linotipias sevillanas…

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  3. Gracias a #6 Rafa y a 7#Luis.

    #8 Tíscar: espero que la carroza no se convirtiera en calabaza por mi culpa. En cuanto al precio $$$, ya negociaremos… 😉

    #9, es verdad, José Antonio, que los de Alianzo veníais de lejos. Saludos.

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  4. Soy Noelia, la altísima bloguera como bien dices. Que quede claro que el el guardaespaldas estaba conmigo. Bueno y aparte de alta soy algo más 😉

    Saludos desde Bilbo.

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  5. #11 Bueno, ya no puedo cobrar por chivarme de tu blog, Noelia… de paso, Tíscar tampoco podrá hacer negocios con su información privilegiada sobre el guardaespaladas 🙁

    Menos mal que aún mantienes algo de misterio con ese “algo más”…

    Un saludo desde MD.

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