El descenso del Sella

Descenso del Sella

Hace unas semanas, me gustó tanto el descenso en piragua del río Sella que he estado a punto de repetir. Salimos de Arriondas a eso de las 11 y media de la mañana, con una bolsa con comida y agua, un recipiente de plástico hermético para la ropa y muchas ganas de pasarlo bien. Había gente, mucha gente (no me quiero ni imaginar lo que puede ser la competición de principios de agosto, el Descenso Internacional del Sella), pero lejos de molestarme, me pareció divertido.
Fueron cuatro horas y media de lo más gratificantes (el recorrido suele ocupar entre cuatro y cinco horas, pese al record de una hora, seis minutos y treinta y seis segundos establecido en 1988; pero esos eran profesionales, claro). Tuvimos que bajarnos de la piragua en cuatro ocasiones, mitad por nuestra torpeza, mitad porque dicen que este año el Sella bajaba con muy poca agua: le hubiera venido fenomenal al menos medio metro más.

La verdad es que el recorrido es bastante fácil, y los momentos más divertidos son los rápidos que, por otra parte, no son nada peligrosos. No llegamos a volcar en ninguna ocasión, aunque sí vimos gente hacerlo: más por diversión que por otra cosa. Y, aunque te obligan a llevar chaleco salvavidas, dudo mucho que haya ningún tramo del río en el que llegue a cubrir. Al final (si eres novato, como era mi caso) llegas algo cansado tras 15 kilómetros de recorrido, pero desde luego no es nada que no se pueda olvidar inmediatamente con un buen bollo preñau y abundante sidra.

No creo que en lo que queda de verano pueda volver; pero desde luego que el año que viene allí me tienen. Fijo.

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