Tu vida en 65′

Tu vida en 65 minutosMi sistema para seleccionar las películas que voy a ver es un tanto peculiar. Habitualmente no suelo consultar la cartelera en la prensa ni en Internet; casi nunca voy a ver las películas que se anuncian en prensa, radio o televisión.
A veces (pocas) me dejo llevar por los buenos consejos de los amigos. Sencillamente, para decidir qué película voy a ver, habitualmente voy a uno de los dos o tres cines de Madrid en los que sé que se proyectan las películas que me suelen gustar, y miro los carteles. A veces me tiro un buen rato sopesando qué película ver.

Y no sabría decir muy bien qué es lo que me decide por entrar a una sala u otra. ¿El nombre, el nombre del director, algún actor, la composición misma del cartel…? No tengo ni idea (entre otras cosas, porque tengo una memoria pésima en lo que a actores y directores se refiere: eso está bien, porque siempre es como si los viera por primera vez).
En cambio, hace unos días fue incluso más raro. Llegué corriendo a la puerta del cine, porque se aproximaba la hora a la que suelen comenzar las películas de media tarde. Llegué con la lengua fuera, una amiga me esperaba con la ficha de dos películas en la mano. Me dijo “¿cuál es la que tú querías ver?” y yo, resoplando por el esfuerzo, le dije: “esta”. Lo mismo le podía haber dicho la otra. Pero es que odio entrar en la sala con la película ya comenzada.
Y de esta extraña manera es como acabé viendo “Tu vida en 65′”, una película de la que nada sabía pero que me dejó un muy pero que muy agradable sabor de boca. No deja de ser curioso que fuera el azar el que me dirigiera hasta esta cinta, dirigida por María Ripoll, en la que el azar, las coincidencias y los equívocos más o menos aparentes juegan un papel tan esencial.
Realmente, lo mejor de la película es la conjunción entre el magnífico guión de Albert Espinosa y la interpretación de sus principales protagonistas (Javier Pereira, Marc Rodriguez, Oriol Vila y Tamara Arias), que consiguen hilvanar una historia natural y aparentemente sencilla sobre las cosas realmente importantes de la vida: el amor, la amistad y la muerte.
Reconozco que me sorprendió la historia, y que me resultó muy acusado el contraste entre las chorradas que ocupaban (que ocupan habitualmente) mi mente y la trascendencia de lo que la pantalla estaba contando, pero aún más me sorprendió la maestría y la naturalidad con la que estos temas se abordan en la película. Tan natural todo como hablar del tiempo en un ascensor. Pero más importante. Mucho más.

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