Asilah y el Patio de la Luna

Mi primer viaje a Marruecos, que compartí hace como 15 años con Alberto, Lauro y Pilar, fue una carrera alocada hacia el desierto. De hecho, casi ni tocamos el suelo en el norte, en el antiguo protectorado español. Nuestra primera parada fue Fez, luego Marrakech, y más tarde Ouarzazate, Zagora… el desierto. Nos empapamos de los paisajes del país vecino, tan cercano en lo profundo (en las raíces) como distante en lo superficial.
Yo creo que para todos fue una experiencia impactante, que cada uno ha repetido como ha podido desde entonces. El viaje de regreso al norte tenía la tristeza de las despedidas, tanto, que no quisimos pasar a España sin más. Así que hicimos una última parada en una pequeña villa blanca a orillas del Atlántico:
Asilah.
Años después, Lauro volvió a recalar en esta maravillosa villa, donde conoció a Juan Antonio González, quien ha hecho de su amor por este trozo de costa atlántica su forma de vida. Nos lo cuenta en esta nueva entrega de “Historias de vida”:

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