Conil de la Frontera

Conil de la FronteraEste pasado fin de semana, de nuevo, como cada año, Conil de la Frontera. Quizá para seguir rodando el coche, quizá para salir de Madrid (ni contigo ni sin ti…).
Su inmensa playa de interminable arena suave y dorada, el viento de levante que la agita y lanza a ráfagas contra las carnes desprevenidas, el majestuoso océano Atlántico, el recuerdo de las barcos de pesca que se arrastraban arena arriba con su preciada carga (ya no, se fueron hace tiempo al puerto, al Oeste), los feraces huertos que pugnan por comerle terreno al mar…
Todo eso sigue allí desde siempre, desde que yo era un niño. Hay cosas que han cambiado. Toda la costa es ahora una urbanización ininterrumpida, por ejemplo. Qué lejos queda ya el tiempo en que recorrer, de noche, el camino entre el pueblo y la Fuente del Gallo, con una linterna como toda guía, era una auténtica aventura.
Toda la playa, en consonancia, y a pesar de su inmensidad, está llena de gente. No llena como puedan estarlo Benidorm o Torremolinos, pero sí que hay un continuo humano. Ya no hay espacios apartados donde perderse…
De nuevo Conil. Qué inmenso todo, pero qué cercano. Nada como cerrar los ojos al borde del mar y dejar que la mente vuele mecida por el viento.

Foto de Capa View