Xopi

XopiYo recuerdo a Xopi de cuando éramos adolescentes, casi unos niños, del Instituto Cristóbal de Monroy de Alcalá de Guadaira. Poco tiempo después, yo me vendría a estudiar a Madrid. En aquel entonces, Xopi (pronúnciese “Sopi”, nada de “Chopi”, como se diría en la nueva jerga chatero-esemesera) me parecía a años luz, mucho más duro, más adulto de lo que yo nunca hubiera conseguido parecer.
Su silueta angulosa y sus rasgos duros, sus modales parcos y elegantes, su irreverencia y su pose siempre me llamaron la atención. Él era punk, vivía sólo en una casa que -ahora me entero- utilizaba también como taller y, desde luego, daba la impresión de tener las cosas muy claras.
Muchos años después, un cuadro me llamó la atención en casa de mi amigo José Antonio Francés. Era un cuadro del que estaba absolutamente enamorado. Un cuadro de Xopi. Yo, que le había perdido la pista por completo, supe de nuevo de él. Supe que se había dedicado, con esa suficiencia que le caracteriza, a la pintura, arrancando trozos a la realidad con los que iba componiendo su universo estético, sus poemas de colores.
Ahora son Lauro Gandul y Olga Duarte los que, en su infatigable tarea divulgadora, me hacen llegar (nos hacen llegar) este perfil (esta “historia de vida”) de Xopi.

Se puede descargar desde aquí:

Deja un comentario