Suso de Toro y la blogosfera

Hombre sin nombre
Fiel a mi compromiso, ayer realicé una anotación en directo desde la presentación de la última novela de Suso de Toro, Hombre sin Nombre, ante la blogosfera. Pero estaba cansado, y el sofá era muy cómodo, y además veía cómo David de Ugarte posteaba sin parar, así que me relajé pensando que siempre se podría seguir la presentación desde su blog
Así que hoy, sin la presión del directo, haré una retransmisión en diferido (¿un “falso directo”?) del acto. He subido una foto en la que se aprecia a Suso de Toro (en el centro de la imagen) trasteando con un portátil. También se ve, entre otra gente, a María Rodríguez y David de Ugarte. Pero comencemos por el principio.
El día había sido complicado, mucho trabajo y bastante caos. Llegué a dudar de si llegaría a la presentación de “Hombre sin Nombre”. No estuve en casa hasta las 19:00 horas; sólo me tomé tiempo para una ducha rápida, y corriendo Sor Ángela de la Cruz hacia Cuzco, con mi Dell Inspiron 9200 a cuestas. Breve trayecto de metro, corriendo escaleras arriba, y llego apenas unos minutos pasadas las ocho de la tarde. Aún no había comenzado el acto, pero yo estaba todo sudoroso de la carrera y los mejores sillones estaban ocupados.
Me situé al fondo, en un sillón que estaba como encajonado entre la pared y la puerta de la cocina. Al menos era cómodo. A Suso de Toro sólo le veía de refilón, y siempre que se inclinase hacia delante. Rápidamente, en medio de mi desconcierto de recién llegado, distinguí entre los asistentes a David de Ugarte, Tíscar Lara y Rafael Estrella. Con el despiste, aún llevaba puestos los auriculares. Sonaba “La Cucaracha”, de Lila Downs:

Del partido comunista
ya no queda casi nada
ahora todos van buscando
cómo hacerse millonadas…

Todo es arrellanarme en el sillón y comenzar el acto (por cierto… ¿qué hace aquí una cámara de Cuatro? ¿no era una presentación exclusiva para la blogosfera?). Empieza María Rodríguez: “Hola, soy María Rodríguez y coordino la Biblioteca de las Indias Electrónicas…“. O sea, que es la anfitriona…
A mi lado, Rafael Estrella me pregunta por la clave para conectarnos al Wi-Fi (David de Ugarte nos la había dicho a viva voz momentos antes…), pero yo no lo tenía muy claro. Al final, entre unos y otros, conseguimos conectarnos. Hay unos seis o siete portátiles en el local. Comenzamos a escribir nuestras anotaciones (y a mirar el correo electrónico, a echar una miradita a Menéame, intercambiar alguna frase en el GoogleTalk…).
Entre una cosa y otra, ya estaba acabando su intervención Fernando Berlín, que habla de la temática central del libro (que por cierto, se ha leído en fotocopia ¿pirata?): el mal.

Comienza a hablar Suso. Consigue atrapar mi atención, que por entonces derivaba hacia ensoñaciones cerveciles. “Me fascina el mal -dice-“. Está claro que Hombre sin nombre es una reflexión sobre el mal, un libro contado desde el mal, en el que se corre el riesgo de indentificarse con el protagonista. “Pero el protagonista es un hijodeputa -remacha Suso-“.

Es terrible, pero comienzan a aparecer bandejas y todas quedan fuera de mi alcance, de mi rincón. Me muero por una cerveza.

“El título del libro -dice Suso- viene de una escena del Don Juan de Tirso de Molina”. Cuando Isabela descubre que ha estado follando con alguien que no era su prometido, pregunta: “¿Quién eres?”. “Un hombre sin nombre”, contesta don Juan.

Los canapés también desfilan ante mi vista, lejos de mi alcance.

“Quería entender al verdugo -dice Suso-. Tenemos una idea de nosotros mismos como víctimas. Una idea que permite justificación y consuelo pero no conocer. En el cuento de caperucita hay cosas -lo terrible- que sólo las conoce el lobo, como dice en un momento el personaje”.

Una mujer rubia, de más o menos mi edad, cruza la sala y se sienta cerca. Le dice a otra asistente al acto: “es que he tenido comisión de prostitución en el Congreso”. La reconozco: es Lourdes Muñoz, diputada barcelonesa del PSOE (bueno, del PSC). Me paso un buen rato observando su reacción a las palabras de Suso. A veces se entusiasma. Un par de veces toma notas.

“La izquierda -continúa Suso- no ha hecho autocrítica de su pasado. En un momento la radicalización de las ideas y las generaciones llevaba a buscar la guerra civil”

Llegados a este punto, mataría por una cerveza. Una bandeja de canapés cae, porque ya no queda otro sitio, en mi mesa. Comienzo a devorarlos como si fuera mi última cena.

“La gran literatura -dice Suso- nunca se leyó: fue cantada, representada. Tiene sentido sin embargo, el lector individual crea la cultura individual. El libro es la máquina que crea la Ilustración y el ciudadano. Pero el gran arte por venir volverá al origen, a su origen dionisiaco, volverá a ser cantada, representada o filmada”.

Al fin alguien se da cuenta de mi desesperación. Una mujer con gafas de montura verde me mira. Yo la miro con cara desvalida. Hace una mueca que yo interpreto como un “¿qué quieres?”. Yo abro la boca exageradamente y hago como si pronuncio “cerveza”. Pero no lo digo. Ella me entiende, va hacia la cocina y me trajo una maravillosa, fresca y -como luego supe- única cerveza.

Suso sigue hablando. Todo lo que dice es tremendamente interesante (véase David de Ugarte). Pero yo ya estoy en otra dimensión. Mis dedos se alejan del teclado del portátil. Saboreo la cerveza con avaricia. Miro a las mujeres, todas hermosas. Hay una especialmente bella. Lleva una blusa blanca, es quizá demasiado delgada, pero tiene unos ojos espectaculares, enormes, preciosos.
El acto deriva en una conversación a dos o tres voces (Suso, Ugarte, Berlín y algún otro). Ha pasado mucho tiempo. Son casi las 22:00 horas. Viene alguien del café y nos dice que han cerrado. Tenemos que irnos, Suso. El acto ha terminado.

La primera presentación ante bloggers ha acabado, y todo parece haber ido muy bien. No sé si lo entenderán los de la editorial. Pero con el tiempo otros le imitarán. El acto ha terminado, y yo no puedo despegarme del sillón. Se está cómodo. Quizá debía haber dicho algo. No sé. Si hablo perderé el regusto a cerveza. Pero tenía que haber dicho algo. Tenía que haber dicho: “David, Truman no ha podido venir. Pero que muchas gracias por la invitación”.

4 Comments

  1. Muy buena crónica, me he reido un montón. No faltes a las próximas por favor.

    Y sí, completamente de acuerdo, la tele no pintaba nada y estorbaba bastante. Pero chico, nos lo pidió por la mañana la chica de la editorial y no supimos decir que no…

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  2. Muy buena crónica, sí. Sigue en esa línea y triunfarás. Yo me tomé las cervezas en casita, que estaba muy cansado. Por cierto ¿nadie le preguntó por la nueva peli de su hermano Guillermo?

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  3. Si me seguís haciendo la pelota, subo mi caché para el próximo evento a un mínimo de dos cervezas. Así que cuidado. A ver, Truman, que yo me entere: ¿cómo se llaman los hermanos? ¿Suso y Guillermo de Toro? ¿o del Toro?¿son hermanos de sangre?¿hermanastros?¿almas gemelas?

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