Ficción e historia

Entre las muchas peculiaridades del pueblo checo, no es la menor que una de sus más destacadas glorias nacionales, Jára Cimrman, sea un personaje de ficción. Tan destacado, que incluso un asteroide lleva su nombre: 7796 Járacimrman.
Como si de un moderno Leonardo da Vinci se tratara, Jára Cimrman, nacido en algún momento entre 1853 y 1859, y visto por última vez en 1914, fue dramaturgo, compositor, poeta, pintor, científico versátil, inventor, explorador de los Polos, destacado deportista, el primer hombre en llegar a la Luna… y muchas cosas más que sería imposible resumir aquí.
Puede que no figure en ningún libro de historia, pero su vida y hechos son glosados con veneración en el Teatro Jára Cimrman (ojo, que está en checo, sólo para valientes…) de Praga, dirigido por los conspicuos cimrmanologistas Zdeněk Svěrák y Ladislav Smoljak.
Pero que Jára Cimrman es la mayor de las glorias checas lo revela la siguiente anécdota: una televisión checa, Česká Televize, organizó en 2005 un concurso para determinar, por votación popular, quién era el Checo más Importante de Todos los Tiempos.
Los organizadores imaginarían que el elegido sería algún rey de Bohemia como Carlos IV , o algún egregio escritor como el premio Nobel Jaroslav Seifert, pero no. El más votado (por SMS, en la Web o por e-mail) resultó ser Jára Cimrman.
De todas formas, Česká Televize descalificó a tan ilustre personaje, y dictaminó que sólo aquellos que hubieran tenido una existencia real podían optar al premio. No sólo fue injusta y ferozmente criticada esta decisión sino que, desde mi punto de vista, fue errónea. Al fin y al cabo, todos los grandes personajes, y mucho más las glorias nacionales, son en cierta forma invenciones colectivas, creaciones sobre las que se vuelcan las obsesiones, los miedos y las ambiciones de los pueblos.
Qué más da si esta invención tiene como soporte un ser de carne y hueso o no. ¿No creen?
Jitka Mlejnková y Alberto Ortiz me regalaron, entre otras muchas, esta maravillosa historia. Además, me ayudaron a comprenderla, a contextualizarla, al situar a Jára Cimrman en un país acostumbrado a vivir clandestinamente en su propia tierra, primero durante el imperio Austrohúngaro y luego durante el dominio soviético. Fue durante este último cuando surgió el mito colectivo de Jára Cimrman, como una forma entre inocente y surrealista de superar el asfixiante panorama cultural que se le había impuesto a este pueblo vitalista, inquieto e indomeñable. Y así hasta hoy. Digno de admiración.

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