Teoría y práctica del atasco

Atasco y sombrilla
Supongo que habrá alguna teoría que intente explicar el porqué de los atascos, imagino que la ciencia de los sistemas complejos tendrá algo que decir en el asunto, barrunto que física, informática y biología estarán confluyendo para determinar las causas de uno de los mayores fastidios del ser humano occidental contemporáneo. Pero bueno, a falta de mejor explicación, me quedo con lo que dice Piccara sobre la filosofía de los atascos (por cierto, curioso blog dedicado monotemáticamente al tráfico):

A pesar de la opinión general de que los atascos se forman porque hay muchos coches juntos en la carretera, eso no es cierto.

El motivo principal de que se formen atascos es porque hay carriles bloqueados.

Todo esto viene a cuento de que hoy, 2 de mayo, festivo en Madrid, he sido uno entre los miles de residentes en la ciudad que han aprovechado el puente festivo para viajar. Yo he ido a Sevilla para ver a la familia, a la que tenía un poco abandonada. Por supuesto, sabía que a la vuelta me esperaba un monumental atasco.
Esto es como la ley de Murphy, pero en automovilístico. Leyes de Andrew (pdf, 268Kb), creo que se llaman, y vienen a decir que, hagas lo que hagas, en un día de estos estás condenado a que todo salga mal, a verte envuelto en un monumental atasco y a cruzarte con al menos dos psicópatas peligrosos que ponen en peligro tu vida (me he quedado con tu cara, 9916-DJN, ¿eliges tú el arma o el sitio?).
Pero no puedo dejar de darle la razón a Piccara. En todo el trayecto desde Alcalá de Guadaira a Madrid he venido observando cómo, ineluctablemente, cada vez que aparecía un camión en lontananza, una enorme ristra de turismos se agolpaba en el carril de la izquierda, consiguiendo una velocidad media sólo levemente superior a la del camión y, por tanto, ralentizando el tráfico. En la práctica, se colapsaba la autovía.
Los más listillos comprobaban que era más rentable seguir por el carril de la derecha, adelantando a toda la caravana de turismos que querían adelantar a su vez al camión, para en el último instante dar un volantazo y superar a la cola de pacientes hormiguitas. Claro que estas maniobras generaban un cabreo generalizado, provocaba una conducción estresada y una reducción al límite de la distancia de seguridad entre vehículos.
Y es que, en el fondo, lo que más nos indigna a todos de los atascos es hacer el tonto. Pocas cosas más humillantes que escoger el carril que no avanza (sí, sí, siempre es el nuestro), o que un listillo nos adelante haciendo caso omiso de las normas. Así que: ¡todos al carril izquierdo!
Un poco es como el dilema del prisionero: todos, de forma independiente, tratamos de maximizar nuestra conducción sin importarnos el resultado de los otros; todos obtendríamos un mejor resultado si colaborásemos (respetando las normas de tráfico, por ejemplo), pero la mera posibilidad de que otro pueda optimizar su conducción saltándose las normas hace que todos nos las saltemos ¡creando con ello monumentales atascos que nos perjudican al conjunto!
En fin, seremos cabrones, pero no tontos, ¿verdad? Qué se le va a hacer.

PD: la foto que acompaña a esta anotación me parece genial. Pertenece a la colección de fotos públicas de Colosa en flickr.com

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