Truman y sus problemas

Un compañero de trabajo, Truman D., no sólo ha contestado mi relato del casting para ser concursante en La Sexta, sino que además le han llamado ya, él sí que ha concursado. Será jodido. En fin. Contendré mi envidia, y no destaparé lo que pasó hasta que no sea él mismo el que lo cuente, tal y como ha prometido en su blog, Truman y sus problemas.
A pesar del tono humorístico, doy fe de que lo que se cuenta en este blog es radicalmente cierto (sí, incluso en lo que hace referencia a mi). Todo comenzó como un juego en el Diario de un aspirante a jefe, pero este divertidísimo blog murió de éxito: la gente se sentía demasiado identificada con sus “personajes”, y comenzaron a crearse susceptibilidades en el mundo real, de forma que Truman, muy sensatamente, le dio cerrojazo y se fue con su agudo humor a otra parte. A esta parte, quiero decir, a Truman y sus problemas.
Creo que sus “post” (sí, Truman, se dice “asín<", aunque es un anglicismo y tú si quieres puedes decir "anotación", mucho más correcto) son los más elaborados del mundo.
Truman se define a sí mismo como “trabajador de oficina, incansable observador; no deja títere con cabeza” y su lema es: “Cuando no tengo otra cosa que hacer, trabajo”. Absolutamente cierto. Y es que dedica el 120 por ciento de su energía a exprimir la realidad, a analizar cada gesto y cada palabra hasta darles la vuelta, hasta descontextualizarlos y ponerlos en otro plano, el de su mirada cáustica que hasta lo más trivial convierte en genialmente absurdo.

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