¡Fuera calzoncillos!

Calzoncillos
El pasado miércoles, mientras volaba hacia Praga, en el avión no se hablaba de otra cosa. ¿De la más o menos reciente apertura del Instituto Cervantes en la capital checa? ¿De Vladímir Holan y Clara Janés? ¿Del estado de emergencia por las posibles inundaciones?
Quiá. Menudencias. De lo que se hablaba en el avión era de la discoteca de 5 plantas situada junto al Karlovy most (el puente de Carlos IV).

Karlovy láznĕ se llama la macrodiscoteca, en la que se agolpan, sobre todo, alemanes, británicos y españoles, borrachísimos y puestísimos de todo hasta altas horas de la madrugada. Tiene fama esta discoteca de albergar las más descocadas celebraciones (despedidas de solteros, pero también juergas y correrías en general) de toda centroeuropa.
Y es curioso, porque el edificio en el que está construida la discoteca son unos antiguos baños públicos (“Karlovy láznĕ” significa “los baños de Carlos”) de gran valor histórico (el edificio original fue construido a finales del siglo XIV) sobre el que se cuentan divertidas historias. Por su carácter de baños públicos, era frecuente desde siempre que lo visitasen los comerciantes y viajantes que recalaban en Praga en el ejercicio de su profesión.
Y, durante los felices y despreocupados años 30 del siglo XX, era tal la prosperidad de la ciudad, y tan barato el precio de la ropa interior, que cuando viajantes y comerciantes utilizaban los baños públicos, no lavaban su ropa interior, no. La tiraban por la ventana del Karlovy láznĕ, y sencillamente la sustituían por otra nueva.
El caso -tanto en los años 30 como ahora- es deshacerse de la ropa interior. Tampoco hemos cambiado tanto.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: