Tal como éramos…

Gustavo y Alberto en Corresponsal PressMe ha entrado un enorme ataque de nostalgia con unas fotos que Gustavo ha sacado del recuerdo, de la época en que unos cuantos estudiantes de Periodismo fundamos Corresponsal Press, allá por 1990 o 91. Fue nuestra primera (por supuesto, fracasada) experiencia empresarial, y en el caso de algunos de nosotros era también la primera experiencia laboral. Teníamos apenas 21 o 22 años: Nuria, Mariola, Mónica, Pilar, Gustavo, Alberto y yo abrimos oficina en la calle Fuencarral, una oficina desnuda y desangelada en un edificio desastrado, casi lindando en la ruina.
La idea de negocio no era del todo descabellada: íbamos a proporcionarles a los medios de comunicación de provincias información sobre temas de su interés que se generasen en Madrid. Les evitábamos el coste de tener una corresponsalía en la capital, pero les ofrecíamos un producto informativo más personalizado de lo que pudiese hacer una agencia. Ese era el nicho.
No, no estaba mal la idea. Pero no contábamos con lo difícil que es abrirse camino sin ningún contacto. Ni con lo poco en serio que iban a tomar a unos chavales de veintipocos años. Ni, sobre todo, con la falta de seriedad en el pago de muchos medios de comunicación (aún nos deben varias facturas, claro que… quién las va a reclamar).
Tampoco contábamos, claro, que con esa edad y con tantas ganas de vivir difícilmente íbamos a perseverar o a dar el callo lo suficientemente como para que la historia saliese adelante. En la foto de arriba, Alberto habla por teléfono (¿con algún cliente? ¿algún periódico de provincias?¿o estaría quedando -lo más probable- con alguna chica?) mientras Gustavo… bueno, mejor no pensar lo que está haciendo Gustavo… En la foto de abajo estoy yo con cara de pasmo, un peinado surrealista (¿cómo se me quedaría así el pelo?… mejor, también, no hacer preguntas) y una chaqueta ridícula con dos tallas de más.
Martín Moreno en Corresponsal Press
A pesar de todo, fue una experiencia maravillosa. Yo casi lo que más recuerdo es la primavera, lo hermoso que estaba el centro de Madrid, las cañas en el Santander, los vecinos de oficina (que eran unos exiliados ecuatoguineanos) y, sobre todo, la sensación de que la vida era ligera y amable. Qué tiempos…

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