La Sexta

La SextaHoy voy al casting del concurso “No sabe, no contesta” de La Sexta. La “culpa” la tiene mi hija, que se empeñó desde hace tiempo en que su padre fuera a algún concurso de televisión. Ella pensaba principalmente en “Alta Tensión”, de La Cuatro, más que nada por si conseguía el coche que se ofrece como máximo premio, porque opina –y con razón- que el que tengo ahora es un tanto vergonzoso.

Pero como para participar en el concurso de La Cuatro la única forma es haciendo de pagatini (llamando a un número de tarificación adicional), yo decidí como que no iba a ir. Mi hija se mostró comprensiva, pero no renunció a su propósito. Como me conoce, me dijo: “¿Por qué no le preguntas a Google por concursos en los que se pueda concursar sin pagar?”.
Claro, ella sabía que tocaba en punto sensible. ¿No iba a ser yo capaz de encontrar alguna forma de inscribirme en algún concurso sin tener que pagar por ello? Así que dicho y hecho, y Google mediante encontré rápidamente anuncios en foros en los que se solicitaban concursantes.
Luego, todo hilado: les escribí, me llamaron, quedamos para hoy y hasta aquí puedo contar. Eso sí, no voy solo, puesto que dos compañeros de trabajo a los que les comenté el asunto se han apuntado. Promete ser divertido. Ya iré contando…


Actualización
Ya fui al casting junto con mis compañeros de trabajo, a los que me referiré a partir de aquí como D y F. Tal y como todo transcurrió, más parecía que íbamos a participar en El rival más débil. Me explico. Yo, tan despistado como siempre, no tenía ni idea de cómo ir a Globomedia (que es donde se hacía el casting), así que confié en el buen hacer de D, persona ordenada y puntillosa que se había impreso un mapa con todo lujo de detalle con el itinerario a seguir.
Así que salimos todos juntos de la oficina. D iba delante en su coche, y F me acompañaba de copiloto. Todo fue bien por la M-40, pero justo cuando llegamos al edificio de Tele 5, D se desvió hacia el interior del Polígono industrial y comenzó a dar vueltas por las calles angostas a una velocidad cada vez más imprudente. Poco a poco me iba sacando metros, y me costaba mis sudores mantener su coche a la vista mientras la caja de cambios de mi coche iba echando humo.
Finalmente, tras meterse contramano, hacer un giro de 180º e interponer entre nosotros un autobús, consiguió perdernos de vista.
Todo indicaba que éramos los rivales más débiles. Al casting sólo iba a ir él. Un tanto abatidos, dimos aún un par de vueltas de reconocimiento por el Polígono hasta que, milagrosamente, un taxista que debió percibir nuestra contrariedad nos preguntó si buscábamos algo. “Sí”, le dijimos, y el buen hombre nos indicó a las mil maravillas el camino hacia Globomedia.
Cuando llegamos, D tenía una risita nerviosa pegada a la cara. “Pensé que me habíais dejado tirados, chicos, porque miré por el retrovisor y no os vi”. Tuve que contener a F para que no descargara su ira contra nuestro compañero poco amante del juego limpio.
Inmediatamente D se levantó de un salto (yo creí que iba a huir) y saludó a un tipo que salía. “Es un conocido que trabaja aquí, qué casualidad, la única persona que conozco y me la encuentro”. Pero no bien dijo esto, salían cuatro chicas y también las saludó. A F y a mi se nos empezaba a poner cara de imbéciles (¿sería una bromita pesada televisiva…?).
Al final, dos de las chicas (ambas muy guapas, pero una de ellas, Rita, tan espectacular que quitaba el hipo) eran las que hacían el casting, y nos hicieron pasar a los tres a la vez.
“Muy simpática tu chica”, le dicen a D. O sea, que una de ellas era la novia de nuestro compañero, que por supuesto ni nos había dicho nada ni nos la presentó. Valiente tipo.
Pero bueno. Comienza el casting. Las dos chicas preciosas comienzan a preguntarnos (“¿cuáles son tus virtudes?; ¿coleccionas algo?; ¿de dónde eres…?); también nos hacen una foto (pobre cámara) y nos advierten de que vayamos preparando un chiste o una canción.
¡Un chiste! ¡Una canción! ¡Pero si yo no recuerdo ni lo uno ni lo otro! ¡Jamás!
En fin. Se nota la tensión. Al final, D, que como habrán imaginado es el más preparado de los tres, cuenta una par de chistes de esos de “se sube el telón”, que dice haber inventado él. Seguro. Y yo me lo creo. En cualquier caso, se me vino a la memoria un chiste. Un solo chiste, el único que soy capaz de recordar, también de los de “se sube el telón”. Pero es demasiado bestia. Es ofensivo, machista y desagradable. Pero no me sé otro. Va llegando mi turno. Advierto de que el chiste es brutal. “Da igual…” dicen a coro. Pues vale, lo cuento:

“Se abre el telón y aparece [aquí un personaje público cuyo nombre omito] metiéndose un lebrillo en el coño… ¿cómo se llama la película?” (silencio sepulcral)…. “El DIU de la bestia…”,

concluyo, y tras unos segundos tensos, espesos, al final estallan las carcajadas, más fuertes que nunca. Uffff…. qué mal rato.
Al final, resulta que lo del chiste no era obligatorio, era sólo para ver si no íbamos a vernos atenazados por la timidez, que es algo que no pueden correr el riesgo ante las cámaras. De hecho, F no contó ninguno. Ni cantó. El muy ladino… Al final, cuando salimos, D no tuvo más remedio que presentarnos a su novia y a la amiga. Estas comentan: “Pues ¿sabéis a quién hemos visto?… a [aquí el personaje público del chiste]”. Tierra, trágame (menos mal que, poco después, me esperaba una grata sorpresa: Lila Downs).

8 Comments

  1. Efectivamente, se rieron por compromiso. Sigue quedando buena gente. Y, efectivamente, tengo que ir al logopeda a ver si mejora mi destreza al volante… ¿o no era eso…? Efectivamente.

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  2. ¡Hombre, Jovelaz, tú por aquí! Bienvenido. Pues… creo que sí los conoces, aunque tampoco es que tuvieras mucho trato con ellos. Uno de ellos es, obviamente, el hijo secreto de Cher. El otro es algo así como la versión majorera (pero criado en el delta del Ebro) de Peter Jackson. Un saludo.

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  3. hola soy jalidimar guerra soy venezolana vivo enmaracaibo y me gustaria participar en un comercial o en una serie yo tengo 15 años de edad…espero surespuesta

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