“Cool hunters” y petimetres

petrimetreAunque a veces lo parezca, no sólo son las empresas de consultoría las que tienen que otear ávidamente el horizonte en busca de nuevas tendencias, no. El ser humano se distingue de otros animales por el lenguaje, sí, pero también por su voracidad de novedades. De ahí la fascinación que han ejercido siempre los pueblos transhumantes y los comerciantes, porque no sólo llevaban consigo objetos de valor, sino también información sobre los sucesos acaecidos en lugares lejanos.

Hoy la información está a sólo un clic (y ni eso, porque hay que ser realmente autista para substraerse de la capa de información que nos rodea y permea). Pero eso no disminuye el ansia de novedad. Las empresas se gastan verdaderas fortunas en captar “lo que se va a llevar”. Quien acierte a comprender la tendencia, la moda, los gustos de la temporada, se llevará el gato al agua. Y esto sucede en todos los ámbitos.

Desde el vendedor ambulante que sabe dar con el “complemento de moda” (un tipo de bufanda, un gorro, una pulsera… puede ser cualquier cosa) hasta el programador televisivo que encuentra la fórmula que le garantiza audiencias millonarias, pasando por el vendedor de ropa o calzado, prácticamente toda la economía gira sobre los cambiantes gustos del consumidor.

Si algo es seguro es justamente eso, que las modas son cambiantes, y por tanto, percibir el cambio antes de que se produzca resulta esencial para la buena marcha del negocio. En el mundo de la moda y del calzado deportivo, por ejemplo, las empresas centran buena parte de sus esfuerzos en estudiar los gustos de la población juvenil negra de los barrios neoyorquinos, pero ni en esto somos originales. A fin de cuentas, los actuales “cool hunters” no se diferencian gran cosa de esos criados que las damas enviaban a París para que las mantuvieran al tanto de los gustos refinados y las conversaciones amenas de la capital de la moda: los “petit-metres”. Quizá dentro de algún tiempo, y visto que todo pasa, cuando se hable de una persona vana y pretenciosa, que se deja llevar por las apariencias, se dirá que es un “culjanter”. O sea, un petimetre.

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