Hamelin

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Estuve viendo la recién estrenada Hamelin, la obra de Juan Mayorga que representa la compañía Animalario en el teatro La Abadía de Madrid. Lo único que sabía de antemano es que la obra trataba sobre la pederastia, un tema tan terrible y delicado que me hacía temer que el texto pudiera despeñarse en cualquier momento hacia la moralina.
Pero pronto comprobé que era un temor infundado. Unos actores tremendos (todos) y un texto inteligentísimo y brillante hacen que se despliegue ante el espectador, con una absoluta economía de recursos (no hay vestuario, ni iluminación, ni decorado…), una historia terrible, pero que necesitaba ser contada.

Los actores Helena Castañeda, Blanca Portillo, Javier Gutiérrez, Alberto San Juan, Guillermo Toledo y Roberto Álamo están acompañados en la interpretación por el director de la obra, Andrés Lima, que representa el papel de “acotador” y que se constituye no sólo en el hilo conductor de la historia, sino que también es quien construye (con la colaboración imprescindible de nuestra imaginación) los tiempos, el marco de la historia, los decorados, vestuarios… Interesantísima figura (ellos han dicho en algún sitio que es una versión rediviva del clásico cuentacuentos) que lleva en ocasiones a ver a la figura del acotador-narrador en el centro del escenario, llenándolo con su presencia y dirigiendo inadvertidamente la acción que trascurre a su alrededor.
Los actores, repito, están inmensos: no sólo son capaces de dar verosimilitud a una historia con un ritmo y estructura muchas veces cinematográficos, no sólo hacen que nos olvidemos en todo momento de la desnudez del escenario, sino que además son capaces de soportar con veracidad un texto arriesgado, en el que pese a la gravedad del tema que se aborda, no hay condenas de antemano, sino preguntas. Muchas preguntas, obstinadas y certeras, que son (mucho más que lo hubiera sido cualquier soflama) lo que acaba acongojando y apretando un nudo en nuestras gargantas.

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