¿De verdad le puede interesar Internet a todo el mundo?

MegaboxDesde que se comenzara a popularizar Internet hace diez o doce años han sido muchas las interpretaciones que se han ido sucediendo sobre el impacto de la interred mundial tanto en la organización como en la vida cotidiana en nuestras sociedades. Pasó de ser una herramienta en manos de investigadores y universitarios a ser el emblema de un cambio tecnologico-empresarial sin precedentes; protagonizó uno de los más sonados blufs bursátiles de la historia, que le convirtió, de ser un signo de distinción, innovación y vanguardia, en poco menos que un sector apestado.
Internet ha sido también para muchos un nido de pedófilos, la sucia cloaca donde se organizan las redes terroristas, un océano sin ley que surcan a sus anchas piratas saqueadores de propiedad intelectual, estafadores burdos y refinados, malvados hackers alevosos, el sitio donde está el origen de todas y cada una de las facetas del mal.

Se incidió mucho, sobre todo en la época del boom, en que la velocidad de penetración de Internet en nuestras sociedades era muchísimo más rápida de lo que había sido la introducción de otras tecnologías hoy ubicuas, como la radio o la televisión. En cambio, ha tenido menos eco otro tipo de reflexiones que incidían más en la naturaleza de Internet que en sus supuestos vicios o virtudes.
Y es que Internet NO ES un medio de comunicación. No puede compararse sin más con la prensa, la radio o la televisión. Hay medios de comunicación que basan su actividad en Internet, y la historia de la comunicación está viviendo un antes y un después de la aparición de la interred. Pero Internet es lo que es: una enorme red de ordenadores interconectados entre sí. Internet no es un navegador (aunque sea Firefox), ni un cliente de correo (aunque sea Gmail),ni Emule o Bittorrent, ni las redes sociales, ni los blogs, ni el chat, ni el Messenger (o Jabber, para los iniciados), ni telnet, ni FTP, ni… no es nada de eso, sino el conjunto de todas y cada una de las posibles aplicaciones que permite esta enorme red de ordenadores interconectada mediante un mismo protocolo.
Y esta naturaleza de Internet hay que tenerla en cuenta para comprender, por ejemplo, el gap o brecha tecnológica que cada vez más se aprecia en la sociedad, la división profunda y creciente que pese a todos los esfuerzos se abre entre la gente conectada (On) y desconectada (Off). Y es que la radio y la televisión nacieron para ser masivas, son los terminales nerviosos de un sistema centralizado y jerárquico. Internet en cambio surgió como herramienta de trabajo de un sector minoritario y ultraespecializado de la sociedad: los investigadores universitarios.

Escritorio

Luego todo eso ha ido cambiando, claro. Cada vez más profesiones han ido viendo cómo los ordenadores ocupaban el lugar central de su actividad. Sobre todo las de cuello blanco, claro. La organización de la pantalla de trabajo de la inmensa mayoría de los ordenadores (el desktop) es una representación simbólica del escritorio de un oficinista. Y no toda la sociedad, ni mucho menos, gira en torno a un ordenador de sobremesa o un portátil.
Se me dirá que la red de ordenadores es sólo el comienzo, pero que cada vez más evolucionamos hacia una Internet que es como el torrente sanguíneo, que alimenta hasta la última célula social. Esta Internet ubicua está no sólo en las redes de ordenadores a través de cable y fibra óptica, sino en las redes de telefonía móvil, las comunicaciones por satélite, el WIFI e incluso la red eléctrica, con capacidad para llegar a todos y cada uno de los dispositivos y electrodomésticos que regulan la vida cotidiana de nuestra civilización tecnológica.
Y bueno, puede que sea así, o que acabe siendo. Pero la verdad es que hoy por hoy hay enormes masas de población ajenas por completo a Internet. En el mundo, el 85% de la población no tiene acceso a Internet (en África sube a un espeluznante 98,5% de población excluida). Es verdad que en Norteamérica, donde todo comenzó, sólo se queda fuera de la interred el 32,6% de la gente, pero es que en Europa la cifra es del 64,5%. Y en España… el 66,4% de los españoles no tiene Internet. Así que hablar de una Internet ubicua… no sé, creo que las cifras dan para reflexionar.
En cambio, el hecho de que Internet no sea un medio de comunicación (o no solamente), el hecho de que no sirva para la difusión masiva y jerarquizada de contenidos no sólo no es malo, sino que probablemente sea su gran virtud. Esto pone patas arriba (creo que de forma muy saludable) conceptos que estaban muy arraigados en nuestra sociedad, como el concepto de propiedad (y muy especialmente el de propiedad intelectual), el concepto de autor-emisor-receptor, el concepto de público… Todos los roles comunicacionales, en suma, se relativizan, se hacen fluidos, líquidos, y uno puede ser receptor y autor a la vez, creador y plagiario, innovador y conservador de la cultura. Desde un ordenador (conectado).

Acceso

La gran pregunta es, entonces, cómo hacer que esas virtudes de esta nueva faceta de la realidad humana (porque eso Internet) no queden fuera del alcance de la mayor parte de la población que no usa ordenadores ni ningún otro tipo de dispositivos tecnológicos conectados. Cómo pueden acceder a este enorme repositorio de saber, de cultura, de entretenimiento, de ideas… esa es la cuestión que probablemente decidirá el rumbo más o menos próximo de nuestra sociedad.
Frente a la idea de la ubicuidad, del “always on”, y no de forma excluyente, circula también una idea que abanderó, si no me equivoco, el propio Bill Gates. La idea era conseguir que Internet desbancara a la televisión como el centro neurálgico de nuestros hogares. El “Home Media Center”. Gracias a las conexiones de banda ancha, todo en nuestros hogares giraría en torno a Internet, que nos suministraría, adaptado a nuestros gustos y necesidades, todo el entretenimiento, las comunicaciones y los contenidos que pudiésemos soñar.
Pero claro, eso de momento se ha quedado en mera visión acaramelado-futurista. Sin embargo, sin necesidad de ser tan pretenciosos, sí que hay iniciativas que intentan acercar las ventajas de un mundo conectado a esas amplísimas capas de población que ni tienen ni a lo mejor quieren tener Internet. Por ejemplo, en la última edición de SIMO se presentó un electrodoméstico (sí, así se anunciaba), el Megabox, que proporciona navegación por Internet, sintonizador de televisión, vídeo reproductor y vídeo grabadora, equipo de música, videojuegos e incluso conexión directa de cámaras fotográficas. Es un electrodoméstico que funciona, que se maneja con un mando a distancia, y que además fabrica una empresa española (Logo Electronics), una iniciativa de unos jóvenes alaveses que ha sido la que me indujo toda esta serie de reflexiones.

Megabox

He podido intercambiar impresiones hace poco con uno de sus promotores, Carlos González, y me ha sorprendido lo claro que tiene que el futuro pasa no sólo por conseguir llevar las ventajas de Internet incluso a las capas más refractarias a las tecnologías, sino también que esto pasa no sólo por ofrecer una alternativa tecnológica (como puede ser perfectamente su Megabox), sino por articular una alternativa a los medios tradicionales que gire en torno a la calidad y la cantidad de los contenidos. Quién sabe. a lo mejor lleva razón. A lo mejor la Internet del futuro se maneja no a golpe de ratón, sino de mando a distancia.

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