Sistema de Gestión de Estilos

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Estoy atareado estos días migrando martinalia.com de la versión 1.7.2 de SPIP a la 1.8.1, e inevitablemente he caído en la tentación de remodelar la organización y la apariencia del sitio. Todavía sólo se puede ver en mi localhost, pero espero que pronto esté subido al servidor. Aunque esta página ya nació (el pasado día 20 de abril cumplimos un año, y yo sin celebrarlo…) con un diseño de capas controlado desde hojas de estilo, lo cierto es que no cumplía totalmente con los estándares, entre otras cosas porque SPIP, que tenía otras muchas ventajas, no facilitaba esta labor.
Pero una de las agradables novedades es que ahora sí genera un código (o eso dicen… ya veremos) que cumple con las especificaciones de la W3C. Así que mi intención es conseguir una perfecta (o casi) separación entre el motor de contenidos, los contenidos propiamente dichos y, finalmente, los estilos.

De hecho, mi idea es generar una gama de estilos entre los cuales cada uno pueda elegir el que más le apetezca. E incluso, por supuesto, que utilice un estilo definido por él mismo, si le apetece. Sobre la potencialidad de las hojas de estilo se puede aprender mucho, y de un solo vistazo, en sitios como Zen Garden. Yo, que no soy muy dado a los ejercicios estilísticos, no aprovecharé más que una ínfima parte de ese potencial, pero tengo claro que, cada vez más, junto a una adecuada política de Gestión de Contenidos habrá que implementar, y al mismo nivel de prioridades, una política de Gestión de Estilos.
El diseño basado en CSS tiene una aún pequeña pero enfervorizada tribu de defensores, que todavía no han conseguido penetrar el espeso muro de la empresa (y mucho menos de la gran empresa) española, pero se está en ello. Tardarán más o tardarán menos, pero es sólo cuestión de tiempo que los negocios comprendan las ventajas que reporta diseñar con estilo. Quedarán atrás los días de “no importa que no cumpla los estándares, nosotros optimizamos para IE 5.5”, que era algo así como si un fabricante de automóviles dijese “no importa que no lleve faros, nosotros fabricamos automóviles sólo para conducción diurna”.
Y quedarán atrás también porque generar código descuidado, poco respetuoso con los estándares, repercute negativamente de forma global en el producto: aumenta su propensión a fallos y, por tanto, hace descender peligrosamente su calidad y crea una mala experiencia de usuario. Todo esto sin mencionar siquiera los insuperables problemas de accesibilidad y usabilidad que comporta.
En fin, que está cantado que el mundo empresarial acabará abrazando, más temprano que tarde, esta saludable moda. Esto quiere decir, entre otras cosas, que se abre por delante una interesante oportunidad de negocio, porque en el momento en el que se generalice la práctica de gestionar la presentación a través de CSS, sin tocar para nada el código fuente, habrá también una demanda importante de herramientas que automaticen de alguna manera su aplicación, on-line y sin conocimientos técnicos específicos, a los sitios webs empresariales. Herramientas que a la capa de presentación sean lo que los CMS al contenido (no se llamarán SMS, de Style Management Sistem, por razones obvias: se admiten sugerencias).

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