Asalto a las estanterías

Piratería inversaMientras en España andamos indignados con el Plan Antipiratería del Gobierno o la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, y mientras en EEUU una reforma legal puede deparar más cárcel para quien piratee una película que para quien realice abusos sexuales, en Francia una nueva hornada de activistas han salido de Internet para asaltar con productos sin copyright los canales de distribución comerciales: es el “Don A l’Etalage”, o “regalo en la estantería”.
El mayor representante de este movimiento es el músico E.M. Fuzzkhan, impulsor del proyecto Bricomusik, que desde febrero de este año ha protagonizado, junto con simpatizantes del “asalto a las estanterías”, un par de “Don a l’Étalage”: uno en París, el 24 de febrero, y otro en Lille, el 12 de marzo. Pero ¿de qué se trata exactamente?

Como explica el propio Fuzzkhan, el “Don a l’Étalage” consiste en depositar objetos gratuitos (discos, libros, vídeos…) en las estanterías de los centros comerciales sin su autorización. El único requisito indispensable es que estos objetos lleven bien visible la etiqueta de “Gratuito”. Según Fuzzkhan, “así se aprovecha la gran concurrencia de los templos de la cultura como la FNAC para tener acceso a la gente fuera de las redes habituales; esto abre nuevas perspectivas de difusión y aporta una visión diferente sobre la cuestión de los derechos de autor, ya que entramos en el campo de las obras gratuitas y en el copyleft”.
Realmente, este tipo de experiencias comenzaron en 2003 en Francia (de la mano del propio Fuzzkhan) y tienen precedentes en EEUU, donde surgió en 2000 el proyecto Droplift, que hoy parece inactivo. Pero es en este primer semestre de 2005 cuando con más fuerza se está desarrollando, al amparo del cada vez más estruendoso debate sobre propiedad intelectual y redes P2P. Otro de los actores destacado del movimiento es la Fundación Babybrul, que ha llegado incluso a elaborar un Manifiesto contra la cultura (entendida la cultura como el entramado de subvenciones estatales y los intereses de la gran industria editorial y fonográfica).
Con independencia de la suerte que pueda correr este movimiento, yo le veo de antemano dos ventajas. La primera afecta exclusivamente a Fuzzkhan, y es que, al margen de los circuitos y de la industria, se ha hecho una fenomenal campaña de márketing: su obra se conoce precisamente por su activismo. La segunda es más genérica, y por tanto puede ser extrapolable: llevando las obras sin copyright o copyleft de Internet a las estanterías de los centros comerciales, están llevando un debate que hoy se da exclusivamente en Internet al mundo real.
Y esto es importante. Porque, pese a la sensación que se pueda tener en la blogosfera, este es un debate que fuera de un reducido círculo de usuarios intensivos de Internet, no existe. Y ello, pese a la iniciativa y la altura intelectual de gentes como David Bravo o Carlos Sánchez Almeida, que están haciendo lo indecible para que la gente de a pié no se deje confundir por la propaganda que intenta convertir en “pirata” a todo aquel que, simplemente, ejerza su derecho de acceso a la cultura.

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