Gestión de Símbolos y reescritura de la historia

Símbolo chino para "historia"Entre los dos grandes gigantes económicos de Oriente, China (en ascenso imparable) y Japón (en lento pero continuado declive), se está desarrollando una guerra que de momento (y esperemos que no vaya a más) es tan sólo simbólica.
En el momento en que esto escribo, China reconoce que vive “la mayor crisis” con Japón desde que ambos restablecieron relaciones en 1972. El motivo aparente de tanta tensión es la modificación de unos libros de texto japoneses en los que se minimizan las atrocidades cometidas por el ejército japonés en China durante la II Guerra Mundial. Claro está que esta aparente batalla sobre los textos de historia lo que intenta es realinear a nivel simbólico una realidad que ya se se ha realineado económica, social y políticamente, con fortísimos cambios a lo largo de la última década.

Prueba de ello es que de nada ha servido el ofrecimiento del ministro japonés de Asuntos Exteriores, Nobutaka Machimura, que el pasado domingo ofreció a su homólogo chino, Li Zhaoxing, crear una comisión bilateral de expertos que reescriba las crónicas históricas sobre las que hay divergencias (El Pais €).
Y es que en realidad este tipo de conflicto aflora siempre que está en juego la balanza de poder. China necesita una ideología que la cohesione (el nacionalismo) tanto como meter en cintura a su vecino y competidor (está en juego la supremacía en la zona: nada de un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU para Japón, por tanto).
En Japón, por su parte, la derecha achaca todos los males del país (estancamiento e incluso declive económico, delincuencia con crecimiento exponencial, pérdida de valores tradicionales en la juventud…) a la pérdida del orgullo nacional, al “sentimiento masoquista” que según ellos les insufló Estados Unidos tras la derrota en la II Guerra Mundial. Tanto es así, que un grupo de profesores universitarios y políticos de derecha se han agrupado en la llamada “Sociedad para la Reforma de los Libros de Historia”, que es la promotora del revisionismo histórico que ha dado origen al conflicto (no sólo con China, sino también con las dos Coreas) y que según ellos es lo único que puede sacar al Japón del abatimiento.

Animal simbólico

Este enfrentamiento simbólico bajo el que soterradamente se está desarrollando un verdadero pulso por el poder en Extremo Oriente no es en absoluto privativo de las refinadas culturas asiáticas. En realidad es un fenómeno universal. En antropología se define con frecuencia al ser humano como “animal simbólico”, no sólo por nuestra capacidad de utilizar símbolos, sino por nuestra absoluta NECESIDAD de utilizarlos al relacionarnos con la realidad. Somos capaces de dotar de significado a absolutamente cualquier cosa. Y eso incluye no sólo a los hechos que nos son contemporáneos, sino también a la historia. Estamos contínuamente dando significado (y cargando emotivamente) a los acontecimientos históricos.
Y esto, que siempre ocurre, resulta especialmente visible cuando hay algún desplazamiento importante en la balanza del poder. Así sucede entre Japón y China, pero también, a mucha menor escala, sucede en España, donde últimamente ha habido un movimiento incesante para intentar reescribir no sólo la triste historia reciente (el inefable atentado del 11-M), sino incluso la historia ya algo más lejana de la primera mitad del siglo XX (hay quien incluso intenta modificar, a modo de justificación, la cronología de la Guerra Civil española).
Posiblemente, tanto en Japón, como en China, como en España, las aguas vuelvan a su cauce. No es bueno para los dos países asiáticos llevar muy lejos sus diferencias, puesto que sus economías dependen demasiado estrechamente la una de la otra (China ya sucedió a EE.UU. como principal socio comercial de Japón) como para echarlo todo por la borda. Tampoco es bueno (sería dramático) que en España se abandone el consenso básico para la convivencia que nos ha permitido convertirnos en un país libre y próspero. Y ello a pesar de nuestra historia (se pinte como se pinte).

2 Comments

  1. Muy ocurrente, ilustrar el artículo con el ideograma chino que viene a significar “historia”. En cuanto al artículo, sólo un detalle: olvidas que en China hay una feroz dictadura comunista que no permite las manifestaciones políticas. Lo que está pasando lo teledirige el gobieno chino, está más claro que el agua.

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    1. Puede que tengas razón. En cualquier caso, los símbolos son importantes tanto para las democracias como para las dictaduras, con la diferencia quizá de que estas últimas dependen en grado extremo de la justificación simbólica: no basta con controlar policialmente a la población, necesitan también hacerlo emocionalmente.

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