Gestión de Contenidos sin pedantería

escribaDemasiadas veces ocurre que algunos conceptos que son fundamentales para el buen funcionamiento de la empresa, y que no revisten excesiva complejidad por sí mismos, se envuelven en un lenguaje oscuro y enrevesado que aparentemente sólo es apto para unos cuantos especialistas ’iniciados’.

Por desgracia, esto también ha pasado con la gestión de contenidos. Parece que algunos, desde el ámbito de la consultoría, pero también desde determinadas posiciones internas en las empresas, han decidido que es más rentable utilizar un lenguaje abstruso. Quizá porque utilizando un lenguaje claro y sencillo nadie estaría dispuesto a pagarles lo que quieren cobrar por ello.

Al fin y al cabo, la Gestión de Contenidos no es más que un nuevo nombre para una actividad con mucha solera, la actividad editorial. Un proceso editorial, ahora en la interred pero también antes en el mundo meramente impreso, tiene como objetivo proporcionar el contenido preciso a las personas adecuadas en el tiempo exacto y con el coste justo. El proceso tiene como actores principales, hoy como ayer, a autores y editores. Los autores crean el contenido. Los editores deciden qué contenido debe publicarse, cómo debe publicarse y cuándo.

A pesar de estas evidentes similitudes, a mucha gente le gusta hacer que la jerga profesional que utiliza sea compleja, e incluso a veces incomprensible, porque esto les permite darse más valor (pavonearse) dentro de la empresa. Y muchos de los términos que están de moda dentro de la “Gestión de contenidos Web” suenan lo suficientemente complejos como para satisfacer este afán de pedantería (movido, eso sí, por la intención de cobrar más por lo mismo).

Es verdad que en los comienzos de la interred todo el proceso editorial era muy dependiente de los programadores, y esto pudo determinar la creación de una jerga técnica muy específica y desde luego lejos del alcance de la mayoría.

Pero, como era de esperar, la tecnología ha entrado en una fase creciente de madurez y estandarización que permite que el foco se esté desplazando paulatinamente desde el ámbito las herramientas hacia el ámbito de los contenidos propiamente dichos.

Nueva perspectiva

Y, desde esta nueva perspectiva de los contenidos, algunos conceptos que se habían vuelto centrales desde el punto de vista de las herramientas de publicación carecen de todo sentido. Por ejemplo, la diferencia entre “Contenidos dinámicos” y “Contenidos estáticos” se vuelve ahora irrelevante. El término “Contenidos dinámicos” suele referirse al contenido que se publica desde una base de datos, pero eso sólo importa desde el punto de vista tecnológico. Desde el punto de vista de los contenidos, lo que importa es que este contenido sea exacto y adecuado, que esté bien escrito y que esté actualizado.

Igual pasa con los “Contenidos interactivos”: cabría decir que los contenidos no interactúan, sino las personas. Los contenidos lo que hacen (o deben hacer) es informar. Aunque quizá el término más obscuro y más persistente de todos en la jerga específica de la Gestión de Contenidos sea el de “Arquitectura de la información”: no hay que asustarse por esto. No es nada nuevo. Se trata simplemente de la organización y el diseño del contenido Web. En el mundo impreso, los editores han gestionado la ’arquitectura de la información’ de sus productos impresos durante siglos… nihil novum sub solem.

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