Internet, un instrumento de destrucción de la cultura

Juan Mollá¿Puede la interred ser un instrumento de destrucción de la cultura? A juzgar por la opinión expuesta por el vicepresidente primero de CEDRO, Juan Mollá, en una mesa redonda celebrada en la Feria del Libro de Madrid, sí.
Claro que habría que preguntarse qué concepto tiene esta asociación de “cultura”. Todas estas asociaciones y entidades que surgen en torno a la protección a capa y espada de los llamados “derechos de autor” tienen en común la postura, a mi entender discutible, de que los autores obran, si no en exclusiva sí principalmente, movidos por un afán económico, y que por tanto la copia no autorizada (o, para ser más exactos, no “compensada”) de su obra es un perjuicio directo y un claro motivo desincentivador.

CEDRO es una asociación privada, que en 2.000 reconocía que no tenía competencias ni instrumentos para ejercer su actividad en la interred, pero que pretende ahora sumarse al carro de la industria discográfica para asustar y, eventualmente, exprimir económicamente a los usuarios de programas P2P.

De hecho, Magdalena Vinent, la directora general de CEDRO, ha pedido una legislación específica que proteja las obras en la interred, y ha anunciado que CEDRO se lanzará en otoño a la gestión digital de obras literarias en internet (o sea, a intentar sacar dinero de donde sea). Uno más en el club de los que quieren ponerle puertas al campo.
La directora general de CEDRO dijo que “todo no puede ser gratuito” en Internet y apuntó a una “falta de concienciación” ciudadana, puesto que “la compra de un ejemplar no da derecho a la reproducción indiscriminada en la Red”.
Cabría preguntarse hasta qué punto estos autores y editores asociados tienen razón en sus planteamientos. Sin duda, y con independencia de los derechos concretos que recoge la Ley de Propiedad Intelectual española, parece que es justo reconocer que un autor tiene derecho a una compensación económica por la utilización de su obra.
Pero ¿de dónde surge este derecho a la compensación? ¿Del hecho mismo de la utilización de su obra? Pues no exactamente. Este derecho surge por la posibilidad de que terceras partes puedan beneficiarse de la obra del autor, y de la consideración de que parte de ese beneficio corresponde en justa medida al autor de la obra.

Modelo tradicional

En el modelo tradicional era la industria editorial quien obtenía beneficio de la difusión de las obras y, por tanto, compensaba a los autores por ello. Todo el modelo se complicó, primero, con la aparición de la fotocopia, pero mucho más con la aparición de la interred. Ahora la reproducción de las obras se puede hacer de forma instantánea y sin intermediarios. Esto quiere decir, también, sin beneficios.
Y, si no hay beneficios… ¿por qué habría que penalizar su difusión? ¿Es que el autor se ve perjudicado por la difusión de su obra? No me convence en absoluto. ¿Hay que perseguir a un joven que se descarga de una red P2P las obras completas de Cervantes? En mi opinión, habría que concederle alguna medalla. ¿Habría que perseguir a un oficinista aburrido que se descarga El Código Da Vinci? También en mi opinión, en su mal gusto lleva la penitencia.
Bromas aparte, creo que mucho más perjudica a la cultura la concepción cerradamente monetarista de la misma (esto es, dar por supuesto que un escritor escribe sólo o principalmente para recibir dinero a cambio) que la disrupción tecnológica que ha supuesto la interred. Ya me gustaría a mí escribir una obra que la gente pujara por descargarse de una red P2P. No hay mayor honor que ser pirateado.

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