El fin de la prensa escrita

juan luis cebrianLa semana pasada leía en el diario El País una crónica firmada por M. A. Bastenier desde Estambul (es una pena que no sirva de nada enlazarla, puesto que los contenidos de El País son de pago) en la que recogía cómo el consejero delegado de este periódico, Juan Luis Cebrián, dijo que “los periódicos son, desde muchos puntos de vista, cosa del pasado”.

Más que lo que dice, llama la atención quién lo dice. Porque lo cierto es que la industria tradicional de la comunicación, de la que Cebrián es destacado representante, se está resistiendo como gato panza arriba a asumir el cambio de paradigma que ha supuesto la llegada de nuevas tecnologías de creación, reproducción y difusión de contenidos.

Según Cebrián (y no seré yo quien le contradiga), los periódicos son una consecuencia de la revolución industrial, y en la actualidad se enfrentan “a la aparición de una sociedad digital, que es un cambio histórico de civilización”.

La difusión de la prensa decrece sin parar desde principios del siglo pasado hasta nuestros días. Según Cebrián, como respuesta los periódicos aumentan el número de páginas cuando, paradójicamente, el usuario limita apenas a 30 o 40 minutos el tiempo que dedica a la lectura de diarios.

Esta estrategia de “inflar” los periódicos encarece el precio, y, sobre todo, reacciona sólo a la defensiva, tratando de limitar la venta de los gratuitos, así como su acceso a la publicidad. También se está dando la circunstancia de que los periódicos están convirtiéndose cada vez más en un canal de distribución para las promociones que le acompañan cada vez más. O quizá sea al revés, quizá los periódicos están quedando relegados a “esa cosa que regalan” junto a la promoción de turno.

Esta crisis no es coyuntural, sino estructural. En este contexto, Cebrián se preguntó si aún hoy son necesarios los periódicos. No convenientes o deseables, sino necesarios. Y la respuesta no está clara.

Deja un comentario