Gedeprensa, o de cómo no se pueden poner puertas al campo

La amenaza del press clippingEl Tribunal de Defensa de la Competencia español resolvió el 10 de mayo pasado no autorizar un acuerdo suscrito por cinco grandes grupos editoriales para monopolizar la comercialización de los resúmenes de prensa a través de Gedeprensa (Sociedad Gestora de Derechos de Prensa).
Al igual que comenté en su momento sobre las discográficas, estamos de nuevo ante la lucha entre un modelo de negocio tradicional y una tecnología nueva y disruptiva, que multiplica hasta el infinito la capacidad de producción, reproducción y distribución de contenidos. Lucha que, como hemos visto, no tiene el apoyo de los tribunales y -lo que es peor- del sentido común.

Gedeprensa representa a Recoletos (Marca), Prisa (El País), Vocento (ABC), Godó (La Vanguardia) y Unedisa (El Mundo). Es decir, a prácticamente todo el mundo editorial-informativo español. La intención de estos grupos fue impugnada en su momento por la Asociación de Empresas de Seguimiento de la Información, Aesip, y la decisión del Tribunal de Defensa de la Competencia supone un serio revés para la estrategia de contención de los grandes editores.
Aparentemente, la preocupación de Gedeprensa responde a los legítimos intereses de la propiedad intelectual. Es decir: ellos realizan una fuerte inversión en la creación de unos productos informativos que ponen a disposición de la sociedad en un soporte (cualquiera que este sea) a cambio de una contraprestación económica. Si se permite a cualquiera reproducir libremente estos contenidos -argumentan-, se estaría desincentivando la inversión necesaria para soportar la actividad editorial-informativa y, por tanto, atentaría incluso contra el derecho de los ciudadanos a ser informados.

Colisión de derechos

En principio, esto no tiene nada que ver con la interred. El dilema se plantearía igual si un diario editado en papel copiase los artículos publicados originalmente por otros medios informativos y distribuyese este producto con su propia publicidad. Si esto se permitiese ¿por qué iba yo a soportar la inversión necesaria en mantener la infraestructura de un diario si mi producto puede ser copiado sin más? ¿por qué iba, por ejemplo, a pagar la nómina de columnistas de prestigio si otros pueden publicarla sin tener que pagar un céntimo por sus columnas?
Pero lo cierto es que el asunto sí tiene que ver, y mucho, con las nuevas tecnologías. El ejemplo del diario en papel que hemos puesto arriba no es ni tan siquiera concebible por un hecho sencillo: nadie tendría interés en un periódico con noticias o artículos del día anterior. En cambio, en la interred eso cambia por completo: es posible ofrecer un producto compuesto de retales de otros medios de comunicación simultáneamente a la aparición del original.
De hecho, el negocio de los resúmenes de prensa existe desde hace decenios, florece en todo tipo de empresas y en la administración, es parte diaria del trabajo de una gran cantidad de profesionales de la comunicación y nunca, hasta ahora, había sido objeto de polémica. Lo que se dice un negocio “honorable”.
Pero eso ha cambiado. Y ha cambiado por la aparición de una tecnología disruptiva, que revoluciona la forma de producir, reproducir y distribuir contenidos. Ahora las posibilidades de acceso a la información por parte de los usuarios se ha multiplicado exponencialmente. De hecho, muchas empresas se han especializado en recopilar noticias y reordenarlas con determinado criterio (que puede incluso ser específico para cada uno de sus usuarios), utilizando para ello el tremendo potencial que ofrece la interred.

Tecnología facilitadora

Pero, aunque el fenómeno se haya multiplicado por la aparición de una tecnología facilitadora, si realizar un resumen de prensa era antes legítimo, no se entiende cómo ahora iba a dejar de serlo. De hecho, como la tecnología para la reproducción instantánea de la información existe y se mejora día a día, podemos estar seguro de que se hará de manera creciente. Y lo que está pasando con la industria discográfica es un buen ejemplo.
Sin duda, esto atenta de forma directa contra el modelo de negocio de la industria editorial-informativa. Pero, como siempre que un modelo de negocio choca contra la realidad, el que pierde es el modelo de negocio. Así que más le valdría a la industria ir repensándose a sí misma que intentar rebobinar la cinta de la historia. Eso no funciona.

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