Paternidad, castración y muerte

HildegartEstos días anda el mundo cargado de justa indignación ante las torturas cometidas por el ejército estadounidense en Iraq. Ha sorprendido y llenado de rabia comprobar cómo nuevamente asalta al mundo (y esta vez bajo la supuesta bandera de la libertad) la violencia sistemática del vencedor hacia el vencido. Los humanos, como se ha recordado, somos la única especie animal que infringe daño gratuitamente. Somos los únicos que no nos conformamos con matar al rival, sino que buscamos su humillación, su aniquilación moral a través de la vejación.
Pero a veces la capacidad de hacer daño del ser humano va incluso más allá. En ocasiones, incluso somos capaces de destrozar con saña la existencia de los seres que más queremos, de los más allegados, de nuestros propios hijos.

Esto me lo recuerda el reportaje de The Guardian que traduce El Mundo Salud en su edición de ayer.
En él se cuenta la historia de David Reimer (y la de su hermano gemelo Brian), quien, con el consentimiento de sus padres, fue objeto de un cruel experimento por parte del doctor John Money. Éste defendía con vehemencia la tesis de que la diferencia entre los géneros masculino y femenino eran una cuestión puramente cultural, más que biológica. Y, casualmente, un error médico cuando le practicaban la circuncisión a David Reimer le proporcionó la excusa para experimentalo en la práctica.
David Reimer fue castrado cuando tenía dos años, y fue sometido a cirugía para pasar a convertirse en Brenda Reimer. Sus padres le ocultaron que era un varón, y le educaron como a una niña. Las cosas fueron mal desde el principio. Su madre recuerda lo que ocurrió cuando le puso a Brenda su primer vestido, justo antes de que cumpliese los dos años. «Intentó arrancárselo, romperlo. Recuerdo que pensé: ¡Dios mío, sabe que es un chico y no quiere que le vista como a una chica!».
La historia fue de mal en peor, pero no tanto por el cambio físico en sí como por las terapias con Money en Baltimore, en compañía de su hermano. Aquello pronto degeneró en una especie de encuentros terroríficos que traumatizaron profundamente a los dos niños, hasta que cuando tenía 13 años decidieron contarle la verdad. En pocas semanas, Brenda se operó y volvió a ser un varón. Puede que no tenga nada que ver, pero la vida tanto de David como de su hermano gemelo Brian acabó mal: ambos se suicidaron.

Hildegart

Probablemente los padres de los gemelos pensaron solamente en el bien de los pequeños, aun cuando acabaron llevándoles al desastre. Más dudoso es esto en un caso que fue muy famoso en España en la primera mitad del siglo XX.
Aurora Rodríguez fue una mujer con ideas muy avanzadas para su época, que decidió ser madre y educar a su hija de forma que fuera el prototipo de una nueva mujer, una mujer liberada a la que ningún hombre hiciera sombra. Su hija, Hildegart Rodríguez, sabía escribir con corrección ortográfica a los tres años. Aprendió simultáneamente inglés, alemán y francés, que le iban enseñando al mismo tiempo que perfeccionaba el español.
A los trece años terminó el bachillerato, a los diecisiete es ya abogada. A fines de 1.931 comenzó a estudiar Derecho, terminando rápidamente la carrera, para seguir Filosofía y Letras y emprender Medicina, que estaba terminando exitosamente, ante el asombro de los profesores, cuando muere asesinada por su madre a los diecinueve años.

El caso de Hildegart, conocida como la ’Virgen Roja’, fue extremadamente famoso en su época. Maravilló tanto como horrorizó a la sociedad de su tiempo, por su compromiso político (primero en el partido socialista y más tarde en el Partido Republicano Federal) y por sus avanzadas ideas sobre la liberación sexual.
Contrastaba mucho con su brillantez y con la osadía de sus ideas la tutela estrecha y permanente que ejercía su madre sobre ella. Casi siempre iban juntas a todos sitios, con frecuencia vestidas de negro. Hildegart, de innegable genio, fue sin duda en gran medida creación de su obsesiva madre. Y probablemente su madre le quitó la vida por temor a perder el poder que ejercía sobre ella. Paradójica muerte de la mujer que fue concebida para servir de ejemplo y punta de lanza de la liberación de todas las mujeres.

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