Gestión de Contenidos y política

Carmen Calvo, ministra de CulturaUna correcta gestión de contenidos no sólo es imprescindible para las empresas en el mundo crecientemente complejo e interconectado en el que nos encontramos.
Y si no, que se lo pregunten a Carmen Calvo, ministra de Cultura cuyo estreno no ha podido ser más estrepitosamente ridículo debido, precisamente, a la falta de rigor en la propuesta de rebaja de IVA para libros y discos que formuló. Un ridículo que se podía haber evitado con una política de gestión de contenidos integral.

El pasado 29 de abril, la ministra de Cultura, Carmen Calvo, anunció que el Gobierno llevaría a cabo una reducción del actual 16 por ciento a un 4 por ciento en el IVA aplicable a la producción musical y que establecerá un «simbólico» 1 por ciento del IVA en la producción escrita.
La medida estaba pensada para agradar tanto a la industria cultural (al grupo PRISA de Polanco, sí, pero también al mayor grupo editorial de España, quinto del mundo y nada adicto al PSOE precisamente: Planeta) como a los propios artistas y a organizaciones como la SGAE. Pretendía ser todo un golpe de efecto: apoyo a los consumidores, por la reducción del precio final; apoyo a la industria, por el incremento presumible de la cifra de negocio; y apoyo a los artistas, por el debilitamiento de la piratería. Era una relación «win-win», un circulo virtuoso que sólo podía traer beneficios a la imagen del nuevo gobierno y, concretamente, a la ministra Calvo Poyato.

Predicar y no dar trigo

Pero algo no salió bien. Tan magnífica construcción político-comunicativa se iba a venir abajo precisamente por su piedra angular. Ya el mismo día del anuncio se formó un tremendo revuelo en los pasillos del Ministerio de Cultura. En el PP, el principal partido de la oposición, apenas se podían creer lo que habían oído. Y es que a Carmen Calvo y a su equipo se les había pasado por alto lo fundamental: ¡el gobierno no tiene competencias para reducir el IVA!
El IVA armonizado solo puede ser modificado alcanzando el consenso de todos los países integrantes de la UE. La Comisión Europea señaló que los Estados no tienen la opción de aplicar tipos reducidos a los CD. El portavoz de Fiscalidad, Jonathan Todd, dijo que los gobiernos pueden aplicar un tipo fiscal reducido a los libros pero, en cualquier caso, de al menos el 5% y no del 1%, como anunció el Gobierno español.
El resto de la historia puede imaginarse. Ridículo absoluto, declaraciones aturrulladas de la vicepresidenta Fernández de la Vega diciendo que todo no era más que una «declaración de intenciones»… en definitiva, un auténtico mazazo para la imagen del nuevo gobierno, y más aún para la triste protagonista.

Política y gestión de contenidos

¿Y cómo se podía haber evitado este bochorno? Evidentemente, a nadie se le puede exigir que esté al tanto de todo, aunque sí se le debe pedir que sepa elegir colaboradores competentes. Pero, sobre todo, habría que introducir cierto grado de profesionalización comunicativa y cierta procedimentación en la política gubernativa. Eso redundaría en su beneficio y en el de todos nosotros, que nos ahorraríamos pasar tanta vergüenza ajena.
En el Ministerio de Cultura, como en cualquier organismo público, hay personal muy cualificado que podía haber sacado del error a la ministra antes de meter la pata. O sea, que en el ámbito ministerial había un conocimiento implícito que a la postre fue inútil porque no se hizo explícito. No se habían previsto los mecanismos, ni técnicos ni manuales, para verificar que la propuesta, en principio legítima, contaba con todos los requisitos necesarios para ser publicitada y puesta en práctica. Y en este caso no contaba ni siquiera con el requisito básico: el de la factibilidad.
En adelante, más les valdrá establecer un sistema, por rudimentario que sea, de gestión de contenidos que les permita tener a tiempo toda la información contextual relevante antes de emprender iniciativas de este tipo. El saber (conocer) es poder.

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