Estonia: el tigre báltico

Jaan Tallinn, Uno de los tres estonios que escribió el código de KazaaEstonia es la más pequeña de las tres repúblicas bálticas que este fin de semana entran a formar parte de la Unión Europea, pero también es la más desarrollada tecnológicamente.
Solo han pasado 13 años desde que se independizaran de la desaparecida Unión Soviética, y en tan corto tiempo el pequeño país ha dado un cambio tan espectacular, que puede presumir de dejar atrás en determinados parámetros TIC a países como Francia, Italia o, por supuesto, España.

En 1991, por ejemplo, solo la mitad de los estonios tenían acceso a la telefonía fija. Hoy, el 65 por ciento de ellos tienen un teléfono móvil, y el 33 por ciento accede a Internet.
Con una superficie similar a la de Aragón, 45.226 km cuadrados, y una población similar, 1.400.000 habitantes, Estonia se ha convertido en un paraíso para las empresas tecnológicas por la combinación de su mano de obra barata y muy bien formada con una política impositiva más bien generosa.
http://news.bbc.co.uk/2/hi/europe/3603943.stm
http://www.cia.gov/cia/publications/factbook/geos/en.html

The peak oil

M. King HubbertNunca, en todo el tiempo que llevo trabajando en el mundo de la empresa, me había planteado el problema de los límites del crecimiento, y mucho menos desde un punto de vista estrictamente físico, que es casi lo mismo que decir desde un punto de vista energético.
En cambio, el continuo baile geoestratégico que se desarrolla delante de nuestras narices desde que EEUU invadió Iraq, con consecuencias a veces terribles y cercanas, me han hecho reflexionar sobre la cuestión.

Estábamos tan centrados en el cliente; tan convencidos de que había que aligerar a las empresas de aquellas tareas accesorias que no generaban valor; tan ilusionados con las oportunidades que brindaba la globalización y la sociedad de la información, que apenas tuvimos tiempo de ver dónde estábamos pisando.
La invasión de Iraq me despertó viejos recuerdos. Recordé cómo George Bush ganó unas elecciones por un puñado de votos y con sospechas nunca diluidas de fraude. Recordé cómo George Bush fue aupado por la industria petrolera frente a la industria del software, que apoyaba a Al Gore.
También recordé que las reservas de petróleo en el mundo se acabarían en un plazo no mayor de 40 años. Y lo que es peor, tal y como aprendí en la excelente crisisenergetica.org, lo que se va a acabar de forma inmediata es el petróleo barato.
M. King Hubbert, un geofísico estadounidense, predijo en 1956 que la producción de petróleo en EEUU alcanzaría su cima (el peak oil) alrededor de 1970, y que desde entonces solo podría descender. Al principio esta opinión fue denostada y soslayada, pero cuando a partir de 1972 se cumplió punto por punto lo que predijo, a más de uno se le iluminó el magín. Y lo que era cierto para EEUU, lo es para el mundo. Se estima que el punto máximo de producción se alcanzará en algún momento antes de 2012. Algunos dicen que se ha alcanzado ya.
Ante este hecho, que se podrá matizar pero no ignorar, hay varias posturas. Los apocalípticos hablan del fin de nuestra civilización, de cientos de millones de muertos, del fin probable de la propia especie humana. Sin llegar a esos extremos, no conviene olvidar las consecuencias que el fin de un petróleo barato acarreará para nuestras empresas, para nuestra sociedad, para nuestro estilo de vida.
Y es que absolutamente todo, en el mundo occidental, está basado en la utilización intensiva de energía de origen fósil. Nuestra agricultura, nuestro comercio, nuestra industria… incluso nuestro sistema sanitario, absolutamente todo descansa en el consumo intensivo -en el derroche, dirán otros- de petróleo.
No mañana, sino hoy mismo, las empresas habrán de incluir dentro de su estrategia y de su gestión práctica la variable de un mundo sin petróleo barato. Y no por una cuestión de compromiso medioambiental, no. Por una cuestión de mera supervivencia.

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